Siete tips sencillos para mejorar la salud
No vivir estresado
El estrés es un fenómeno fisiológico normal, la respuesta que emite un organismo ante estímulos percibidos como amenazantes. No es un aspecto nocivo, sino una respuesta adaptativa que prepara y ayuda a soportar situaciones exigentes y a reaccionar con rapidez frente a cualquier demanda del entorno. Pero, si perdura en el tiempo, se produce una activación y ansiedad desmesurada, que provoca una incapacidad para centrarse con eficacia en las tareas.
No consumir comida rápida ni demasiado azúcar
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Fast food, snacks, alimentos procesados y golosinas, entre otros, forman parte de la alimentación habitual de muchas personas. Sin embargo, el exceso de grasas, azúcar y calorías que aporta tiene efectos perjudiciales muy conocidos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) asocia el exceso de azúcar como causa de la creciente incidencia de obesidad y diabetes tipo 2 en todo el mundo, además de caries dentales, hipertensión y hasta de algunos casos de cáncer. Por otro lado, el exceso de grasas trans se relaciona de manera directa con el riesgo de enfermedades cardiovasculares, aún más si la ingesta de grasas saturadas también es alta. Su consumo continuado incrementa el nivel de colesterol LDL y disminuye el HDL (bueno).
No llevar una vida sedentaria
Tras el hábito tabáquico, el segundo factor de riesgo más importante para la salud es el sedentarismo, una de las principales causas de morbimortalidad. Llevar una vida inactiva provoca que el sistema musculoesquelético se debilite y aumenta la probabilidad de sufrir en el futuro artritis, artrosis y osteoporosis, además de obesidad y enfermedades cardiovasculares. Permanecer sentado mucho tiempo (unas seis horas), sea por ocio o requerimiento laboral, se ha demostrado que disminuye la esperanza de vida en cinco años y duplica el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, obesidad y/o enfermedad cardiovascular, en comparación con quienes pasan menos horas sentados. Estas personas ven más televisión, practican menos ejercicio físico y tienen tendencia a comer más cantidad de comida y de peor calidad. Así, incluir la práctica de ejercicio físico de manera regular (mínimo 30 minutos diarios) resulta de vital importancia, sobre todo en la infancia.
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Dormir bien
Durante el sueño, el cuerpo y la mente se regeneran: la conciencia queda suspendida -total o parcialmente- y las funciones orgánicas disminuyen. Cuando este proceso se trastorna de forma continua, provoca alteraciones en la capacidad de concentración, en la memoria y en el estado de ánimo: se está más distraído, más irascible y con la capacidad de atención disminuida, entre otros efectos. Pero un descanso nocturno de mala calidad tiene más efectos. A nivel físico también origina cambios en la temperatura corporal, aumento de la frecuencia cardiaca, mayor secreción de cortisol (la denominada hormona del estrés) e incremento de los niveles de glucemia (azúcar en sangre). Además, una investigación reciente ha concluido que las personas que no duermen suficiente tienen mayor posibilidad de sufrir enfermedades físicas y trastornos mentales.
Protegerse del sol
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Lucir una piel bronceada está de moda, pero puede tener consecuencias peligrosas. Un exceso de sol, más sin la fotoprotección adecuada, produce envejecimiento prematuro, alergias, problemas oculares y quemaduras, además de aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de piel.
No saltarse el desayuno
No son pocas las personas que se saltan una o dos comidas al día. Con la excusa de las prisas, la más olvidada es el desayuno. Sin embargo, es fundamental para empezar el día: no desayunar provoca un nivel inadecuado de nutrientes -sobre todo hidratos de carbono y proteínas- muy necesarios en las primeras horas del día para el buen funcionamiento del cerebro. Cuando el ayuno nocturno se prolonga con la omisión del desayuno, el descenso gradual de los niveles de insulina y glucosa, entre otros, puede originar una respuesta de fatiga que podría interferir en aspectos de la función cognitiva. Esto tiene mucha importancia en el rendimiento académico de niños y adolescentes. Muchos no desayunan por falta de apetito y manifiestan mayor cansancio, sensación de sueño y dificultad para mantener la concentración y la atención en las tareas durante el horario lectivo.
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No ser solitario
La soledad, sobre todo si no ha sido escogida, hace mella en la salud física y psíquica. Vivir sin compañía propicia malos hábitos de vida que inciden en el metabolismo y en el sistema nervioso. Sentirse solo provoca mayor riesgo de depresión y aumenta de forma clara el riesgo de sufrir pérdida progresiva de las funciones cognitivas. Por el contrario, participar en la comunidad y entretenerse y gozar de la compañía de otras personas, sean familiares o amigos, acercan a la felicidad.
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