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Vencer a Inglaterra y llevar a Argentina a otra final: la escena que le falta a la gran película de Messi
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Vencer a Inglaterra y llevar a Argentina a otra final: la escena que le falta a la gran película de Messi

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Bruno Farano
martes, 14 de julio de 2026 · 05:58 p. m. hs · 5 min
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El duelo por las semifinales del Mundial 2026 llega 40 años después de la actuación eterna de Diego Maradona en México 1986. Mientras Scaloni intenta quitarle peso a una semifinal cargada de historia, el capitán tiene la oportunidad de escribir un nuevo capítulo extraordinario.

Resumen para apurados

Todos intentan quitarle peso, como si fuera posible. Lionel Scalonipidió no "buscar otra cosa más allá de un partido de fútbol", Rodrigo De Paul reconoció que el partido trae recuerdos de Diego Maradona, del Mundial 1986, de Malvinas y de sus héroes, pero advirtió que hay cuestiones que deben discutirse en otros lugares. Mirando 40 años atrás, Carlos Salvador Bilardo había hecho prácticamente lo mismo. "El fútbol es una cosa y el problema de las Malvinas otra. Cada cosa va por separado", había dicho antes de aquel trascendental partido en México.

Cuatro décadas después, la Selección vuelve a intentar separar lo que la historia se encargó de unir. Afuera, la gente hace exactamente lo contrario. Canta por Diego, por Lionel y por "los pibes de Malvinas que jamás olvidaré". Recuerda el 86, la "Mano de Dios" y el Gol del Siglo. Cada vez que Argentina e Inglaterra quedan frente a frente, aparecen imágenes que pertenecen a otra época, pero que nunca terminaron de irse.

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Adentro, mientras tanto, intentan bajar el volumen. Y está bien que así sea. Porque Malvinas no se discute en una cancha, porque ninguna victoria deportiva puede reparar una guerra ni ninguna derrota puede modificar la historia y porque convertir 90 minutos de fútbol en otra cosa sería reducir cuestiones demasiado profundas a algo tan pequeño como un resultado.

Pero después está el partido; y el partido, aunque todos intenten quitarle peso, pesa.

Pesa porque es Inglaterra, porque es una semifinal de una Copa del Mundo, porque Argentina está a un triunfo de volver a jugar por el título y porque esta Selección construyó durante los últimos años una relación particular con los momentos límites. Pero sobre todas las cosas, pesa porque Messi está otra vez ahí; a un partido de otra final.

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Messi no necesita demostrar nada, esa discusión terminó hace tiempo. Fue campeón de América dos veces, ganó la Finalissima, fue campeón del mundo y construyó una carrera que ya no necesita explicaciones. Pero hasta las mejores películas pueden encontrar una escena más; y a la gran película de Messi todavía le falta una que Diego sí tuvo: vencer a Inglaterra en un Mundial.

No podrá hacerlo de la misma manera, claro, nadie podría. La Mano de Dios difícilmente sobreviviría hoy al VAR y el segundo gol de Maradona pertenece a esa clase de obras que no se repiten porque, justamente, su grandeza está en haber ocurrido una sola vez.

Pero Messi no necesita copiar a Diego. Nunca lo necesitó porque él puede hacerlo a su manera. "Leo" puede ser el hombre que, 40 años después de aquella tarde en el Azteca, vuelva a conducir a Argentina a una victoria contra Inglaterra en una Copa del Mundo. No necesita meter un gol con la mano, no necesita gambetear a medio equipo rival y ni siquiera necesita hacer un gol. Pero puede ser el héroe que lleve a la Selección a otra final del mundo; tal vez por eso cueste tanto imaginar un final acá después de todo lo que hizo para llegar a este lugar.

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Después de sostener a Argentina durante tantos años, de perder una final del mundo, de renunciar a la Selección, de regresar, de perseguir durante tanto tiempo aquello que parecía negársele, de ser campeón de América y campeón del mundo, y de volver a ponerse la camiseta para intentarlo una vez más, cuesta aceptar que la última imagen mundialista de Messi pueda ser una derrota contra Inglaterra.

Porque hay historias que, cuando se acercan al final, parecen ofrecer una última escena; y esta es demasiado perfecta como para ignorarla. Inglaterra, una semifinal del mundo 40 años después de Diego y Argentina a un partido de otra final.

La historia de la Selección también empuja. Argentina nunca perdió una semifinal de una Copa del Mundo. Cada vez que llegó hasta esta instancia y tuvo que jugar por un lugar en la final, avanzó. Lo hizo en 1930, en 1986, en 1990, en 2014 y en 2022. También fue finalista en 1978, aunque aquel Mundial tuvo una segunda fase de grupos y no una semifinal propiamente dicha.

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Ahora vuelve a estar ahí, aunque no llegó de la misma manera que otras veces. Este Mundial obligó a Argentina a sufrir, a gestionar partidos, a cambiar, a resistir, a encontrar respuestas cuando el juego no alcanzó y a sobrevivir cuando parecía que el partido se le escapaba. Ganó seis veces consecutivas y volvió a quedar entre las cuatro mejores selecciones del mundo.

Ya hizo mucho, pero la "Scaloneta" construyó su historia negándose a conformarse con lo que ya hizo. Por eso el partido contra Inglaterra es mucho más que todo lo que lo rodea. Incluso más que el 86, las comparaciones y los recuerdos que inevitablemente volverán durante estas horas.

Es una semifinal del mundo; la posibilidad de jugar una nueva final, la oportunidad de que una generación que parecía haber alcanzado su techo vuelva a desafiar sus propios límites y, quizás, una de las últimas grandes noches mundialistas de Messi.

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Scaloni necesita que sus jugadores crean que es solamente un partido. Que no carguen con Diego, con el 86, con Malvinas, con las canciones ni con todo lo que se dirá afuera. Necesita que corran, que piensen y que jueguen. Que durante 90 minutos (o los que sean necesarios) Inglaterra sea solamente un rival.

La gente puede permitirse otra cosa. Puede cantar, recordar, volver a mirar los goles de Diego o incluso puede sentir que este partido tiene un peso diferente. Pero los jugadores no.

Por eso, cuando empiece a rodar la pelota habrá algo imposible de ignorar: Argentina estará a un partido de otra final del mundo y Messi a un partido de agregarle una escena más a su película.

No será la Mano de Dios; probablemente tampoco el Gol del Siglo y no tiene que serlo.

Esta vez, para escribir su propia historia contra Inglaterra, le alcanzará con ganar.

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Leer la nota original en La Gaceta
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