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Pueblo Perdido volvió a latir con la  Pachamama: una ceremonia ancestral  que emocionó a residentes y turistas
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Pueblo Perdido volvió a latir con la Pachamama: una ceremonia ancestral que emocionó a residentes y turistas

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Redacción
domingo, 02 de agosto de 2026 · 09:28 a. m. hs · 3 min
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Entre el eco de los cantos ancestrales y el silencio reverente de la quebrada, Pueblo Perdido volvió a convertirse ayer en un puente entre el pasado y el presente. Como cada 1° de agosto, el sitio arqueológico abrió sus puertas para celebrar el Día de la Pachamama, una de las fechas más sagradas para los pueblos originarios andinos, convocando a cientos de residentes y turistas que llegaron para agradecer a la Madre Tierra y renovar el vínculo de respeto con la naturaleza.

La propuesta, denominada "Pacha Raymi – Celebración del Día de la Pachamama", transformó por unas horas el antiguo asentamiento indígena en un escenario de profunda espiritualidad. Más de un centenar de personas ascendieron en grupos hasta el lugar donde, hace miles de años, los antiguos habitantes de este valle ofrecían sus cosechas entre cantos, danzas y ofrendas. Allí, rodeados por las piedras milenarias, los gigantescos cardones y la ciudad que parece asomarse desde la montaña, el tiempo pareció detenerse.

La ceremonia fue presidida por el cacique Juan Carlos Allosa, junto a las comunidades Kakán Putquial, de Andalgalá, y Kakán Valle Chico. Con su poncho wiphala, un charango entre las manos y acompañado por su familia, fue guiando cada momento del ritual, explicando el profundo significado de cada gesto, cada canto y cada plegaria.

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Durante la celebración hubo sahumos, ofrendas y oraciones destinadas a agradecer los frutos recibidos y a renovar el compromiso de reciprocidad con la Pachamama. Pero también hubo mucha emoción.

"Me sorprendió esta celebración. Es un saludo que hacemos en el cerro Urko Kjampis, el cerro sanador, con ofrendas, plegarias y canciones. Tratamos de que la gente participe cantando o bailando. Me impresionó ver cómo muchos se despedían con lágrimas en los ojos. Sentí que realmente lo vivieron de verdad. Fue algo inexplicable para mí", expresó Allosa al finalizar la jornada.

Ceremonias

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A lo largo del día se realizaron tres ceremonias en el sitio arqueológico y una cuarta al lado del Centro de Interpretación, donde tuvo lugar uno de los momentos más significativos: el bautismo ancestral.

Allí, quienes decidieron asumir un compromiso con la cultura de los pueblos originarios recibieron un nombre en lengua kakán y realizaron la ofrenda del chuscharuto, un pequeño mechón de cabello que simboliza la entrega del propio ADN a la Pachamama y el compromiso de defender las tradiciones, los saberes ancestrales y la identidad indígena.

"Cuando uno comprende el significado de este ritual, elige un nombre. Ese mechón de cabello representa a la persona y queda como una promesa de cuidar nuestras culturas madre", explicó el cacique.

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Una de las participantes fue Estela, quien, conmovida tras la ceremonia, compartió su alegría: "Ahora me llamaré Jaruma, que significa 'Siempre libres'. Es un nombre que representa un grito colectivo de las mujeres de esta tierra y siento que me identifica profundamente".

Abrazo al árbol abuelo

Otro de los instantes más conmovedores fue el abrazo al árbol abuelo. Guiados por Allosa, los presentes cerraron los ojos y recorrieron, a través de la imaginación, los tres mundos de la cosmovisión andina.

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"Al abrazar el árbol imaginamos que descendemos hacia sus raíces, donde sentimos el Uku Pacha, el mundo de abajo. Luego volvemos al tronco, al Kay Pacha, el aquí y el ahora. Finalmente, al elevar la mirada hacia las ramas y las hojas, nos encontramos con el Hanan Pacha, el mundo superior, el plano celestial", explicó el maestro de ceremonias.

La despedida llegó frente a la apacheta de Pueblo Perdido. Con los brazos extendidos hacia el cielo y el corazón todavía conmovido, muchos permanecieron en silencio unos instantes más, como si intentaran prolongar ese encuentro con la Madre Tierra.

"Fue un abrazo colectivo de memoria, identidad y espiritualidad", indicó Mabel de Buenos Aires luego participar de la experiencia donde la Pachamama volvió a ser homenajeada como hace siglos. Y quienes participaron regresaron con la sensación de haber recibido algo más que una bendición: el abrazo eterno de la tierra que los sostiene.

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Leer la nota original en El Esquiú
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