Los escritores y los libros más antiguos en Santiago del Estero
Por Alejandro Yocca, Director de Patrimonio Cultural
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Los escritores y los libros más antiguos en Santiago del Estero Los escritores y los libros más antiguos en Santiago del Estero
Aunque técnicamente la práctica de escribir e imprimir en papel fue un aporte de los conquistadores españoles, las civilizaciones prehispánicas tuvieron una forma de trasmitir sus legados y sus memorias. En el caso de los mayas se trató de un sistema de símbolos no lineales. De este sistema fue hallado en el siglo XVII una serie de fragmentos que fueron trascriptos al latín con el nombre de Popol – Buj y otros fragmentos que fueron interpretados como un calendario. Hacia el sur, los incas tuvieron una tradición oral de trasmisión de sus valores y su historia que se practicaba en selectas escuelas de Amautas, funcionarios encargados de custodiar la memoria y organizar el control de la administración imperial incaica.
Es importante tener en cuenta que el sistema de conquista y gobierno de los conquistadores españoles se asistía del aparato ideológico de las órdenes religiosas, y estas a su vez estaban reguladas por la alianza de la monarquía española y la jerarquía de la iglesia católica en la figura del papa. Esta fue la razón por la cual editar o reeditar un libro en América requería de una larga gestión de autorización que incluía la evaluación de los censores de la "Santa Inquisición".
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Aun así, tempranamente se llevó a cabo un sistema de enseñanza de las primeras letras y de la formación de sacerdotes y religiosos, para lo cual se debían producir manuales e imprimir textos de filosofía y teología con traducciones a diferentes lenguas americanas como vehículos de trasmisión de ideas y valores evangélicos y occidentales (1Sarmiento, Nicanor; Historia del Libro y de las Bibliotecas Argentinas, Buenos Aires, Luis Vejiga, 1930).
En los primeros años de la ocupación colonial española se creó el Obispado con sede en Santiago del Estero, su primer obispo, fray Francisco de Victoria solicito el traslado a esta ciudad de sacerdotes de la Compañía de Jesús. En 1585 ingresan estos con libros para la enseñanza y fundan el Colegio del Santo Nombre de Jesús. En este contingente se encontraba el padre Alonso de Barzana, poliglota y filólogo que dominaba las lenguas indígenas y que fue autor de una gramática en la lengua toba.
Contemporáneamente, el obispo Victoria consiguió en 1578, un permiso de la Casa de Contratación para introducir un lote de libros para constituir probablemente la más antigua biblioteca del actual territorio de la republica argentina. También era significativa por su cantidad y calidad la biblioteca del Deán Francisco Salcedo y en esos años también, el comerciante Juan Antonio del Buen Rostro puso a la venta una partida de libros de 293 ejemplares en latín y en romance (Alen Lascano, Luis Celestino; Los orígenes de Santiago del Estero, Santiago del Estero, Vizoso Ediciones, 2006).
En 1611 se inaugura en Santiago del Estero el Seminario Mayor de Santa Catalina, primer establecimiento de educación superior en el actual territorio de la republica argentina, y menciona Alen Lascano (2006) que la difusión de la cultura clásica se evidencia en las bibliotecas altamente calificadas y que según Ricardo Rojas en su Historia de la literatura Argentina, circulaban en Santiago del Estero obras religiosas difundidas por sacerdotes regulares y misioneros, los tratados filosóficos de Santo Tomas, Francisco Suarez y Luis Vives.
También menciona Alen Lascano clásicos como el Orlando Furioso, el Cid Campeador y algunos gentiles latinos, e incluso un Arte de Pintura que junto con otro de Estampas de su colección figura en el testamento del maestro constructor Suarez de la Concha de 1685. Así también circulaba uno de los primeros ejemplares de El Quijote traído en 1670 por el Sargento Mayor Lucas de Figueroa y Mendoza, como así también La diferencia entre lo temporal y lo eterno, de Nieremberg, Las empresas políticas de Diego Saavedra Fajardo, y el David Perseguido de Cristóbal Lozano entre otros. Ello se ratifica por el inventario de las obras existentes en el convento jesuítico al momento de la expulsión dispuesta por Carlos III, con la presencia en mayor medida de las escritas por Francisco Suarez, el doctor Navarro, como se llamaba a Marin de Azpilkueta, Solorzano Pereira, la Historia del P. Lozano, y títulos de astronómica, ciencias naturales, matemática, geografía, etc. Que demuestran el grado cultural de aquellos tiempos.
Constituía entonces un hecho memorable la llegada a Santiago del Estero de las grandes voces de la filosofía jurídica enseñada por los maestros jesuitas formados en la teología tomista hispana, renovadora y revitalizadora del pensamiento por los aportes que partieron de España en el siglo XVI desde los direcciones distintas pero confluyentes: la dominica de Francisco de Victoria y su escuela iusnaturalista del derecho internacional; y la jesuítica de Francisco Suarez, fundador del Derecho Contractual Público (Ídem anterior).
Otra importante referencia es la de los jesuitas santiagueños que trascendieron en Europa luego de la expulsión de 1767. Entre ellos la del astrónomo Alonso Frías y Alfaro (1745-1824), ordenado sacerdote en el exilio europeo. Hacia 1792, decía Guillermo Furlong (1926) que: «Reside en Milán, en donde a los ex-jesuitas Ángel de Cesaris y Francisco Reggio, astrónomos y directores del Real Observatorio de Milán, ayuda en las observaciones y en la formación de los cálculos astronómicos. De esos trabajos se publicó en italiano, con este título: "Effemeridi Astronomiche per l'anno 1775, calcolate per il Meridiano di Milano dall'Ab Angelo de Cesaris, con aggiunta di altri opuscoli. Este primer número sólo tenía 197 páginas y un grabado; pero su aceptación fue tal que resolvieron publicarlo en latín y convertirlo en revista de información astronómica y de vulgarización científica (Furlong, Guillermo en Revista del Archivo Nro. 8,Imprenta Molinari, Santiago del Estero, 1926).
De la misma generación y formación debemos mencionar también al padre Gaspar Juárez. Al decir del mismo historiador Furlong5, la historia argentina tiene una deuda con los científicos santiagueños que no tenían en esos años aún el reconocimiento debido y que él se atrevía a "insinuar la idea que sea Santiago del Estero una de las provincias que ha producido mayor cantidad de hombres estudiosos y escritores". Acto seguido asegura que Alonso Frías y Gaspar Juárez llegaron a conquistarse justa y merecida fama de hombres de ciencia.
De Gaspar Juárez valora Furlong, "su talla de hombre de estudio y fecundo escritor, autor de la primera Historia Natural, discípulo de Botero a la par de Henriques de Paiva, editor de Prodomus Florae Chilenos et Peruvianae, autor de valiosos volúmenes de fitología, amigo y corresponsal de Hipolito Ruiz y José Pavón, historiador, jurisconsulto, teólogo, naturalista y sobre todo naturalista de nota y distinción"
Mención especial se merece María de Paz y Figueroa, la Mama Antula, recientemente reconocida por la UNSE que le ha otorgado pos morten, el Doctorado Honoris Causa en resarcimiento de su aporte y de tanta in visibilización practicada en siglos de escritura de la historia política e institucional de Santiago del Estero. Injusto sería encuadrar el aporte de Maria Antonia de Paz y Figueroa por su afinidad a una orden religiosa, o su origen español y de alta alcurnia. Sería equivalente a desdeñar la tradición jesuítica de la educación superior en la argentina, desconociendo la fundación del primer Seminario Mayor de Estudios Superiores Santa Catalina en la ciudad de Santiago del Estero o de los aportes jesuíticos a la Universidad de Córdoba, dos importantes cimientos de la más importante tradición académica de toda américa latina, la de las universidades nacionales argentinas.
Sacudido el yugo colonial, muchos santiagueñas y santiagueños se desplazaron con mayor facilidad por las ciudades de la naciente republica, y formaron parte de las discusiones y de las propuestas de organización libre y federal de los que debemos mencionar el aporte de José Benjamín Gorostiaga en la redacción de la Constitución Nacional de 1853. La generación de gobiernos progresistas tendrá lucidos pensadores y escribas en los redactores de las Memorias Descriptivas de Santiago del Estero de Alejandro Gancedo y Lorenzo Fazio. Luego irrumpirá el pensamiento y la prolífica obra de Ricardo Rojas, hijo de un gobernante innovador. El siglo XX aportara lucidas plumas que reflexionan sobre los aportes del pensamiento local en dialogo con la filosofía occidental y europea. Por sus obras destacamos a Orestes Di Lullo y Bernardo Canal Feijoo aunque luego siguieron muchos escritores y hoy podemos afirmar que Santiago del Estero vive una primavera literaria y científica, visible en la Feria más importante del Norte por su magnitud y calidad de producciones bibliográficas.
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