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La explicación evolutiva de los nocturnos que la sociedad moderna no contempla
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La explicación evolutiva de los nocturnos que la sociedad moderna no contempla

ER
Edu Ruiz
domingo, 27 de septiembre de 2026 · 12:00 a. m. hs · 4 min
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En un grupo primitivo, la variación de cronotipos garantizaba que alguien estuviera despierto casi el 88% de la noche.

Resumen para apurados

Los primeros seres humanos aprovechaban la luz natural para hacer todo. Por ello puede dar la sensación que quienes hacen actividades o están más activados durante la noche, se los percibe como una excepción. El diseño base de la especie humana es diurno. La biología se moldeó durante millones de años bajo una restricción muy simple: sin luz eléctrica, la noche era para esconderse y dormir.

El reloj biológico se sincronizó con el sol: la luz del día dispara el cortisol para salir a buscar recursos, y la oscuridad dispara la melatonina para apagarnos y ponernos a salvo. Ese es el estándar para el 80% o 85% de la población.

Una mayoría. Sin embargo, el cronotipo fue cambiando un poco. Con la minoría pasa que evolucionaron hacia lo que la psicología evolucionista explica con la hipótesis del centinela. Para que una tribu entera no fuera devorada mientras dormía, no se podía permitir que el 100% de la población se durmiera exactamente al mismo tiempo y durante las mismas horas. 

Se calcula que en un grupo humano primitivo, si los cronotipos variaban de forma natural, siempre había al menos una persona despierta o en alerta casi el 88% del tiempo de la noche, sin necesidad de que nadie se forzara. Hay quienes dormían desde temprano y se despertaban al alba para empezar a cazar. Por su parte, los que se quedaban despiertos vigilando el fuego y los alrededores luego dormían hasta más tarde.

"Escribo de noche a pesar de que la luna tiene las manos frías", es una conocida reflexión poética atribuida al cantautor español Alejandro Sanz. La frase evoca cómo la inspiración y la creatividad surgen en la soledad y el silencio de la madrugada, un espacio íntimo donde el artista transforma la fría oscuridad en palabras, un contexto cómodo para Sanz, incómodo para otros.

Lo que el cantante experimenta en la noche se vincula con ese grupo de centinelas primitivos, cuyos representantes en la modernidad son personas como él. Parece ir a contramano porque la sociedad moderna se construyó a la medida de la mayoría diurna (el horario escolar, la oficina de 9 a 18, los comercios).

Quienes heredaron ese gen suelen sufrir en el sistema tradicional. Sin embargo, en profesiones con flexibilidad de horarios -como el arte, la música o la programación- esa minoría encuentra el espacio perfecto para funcionar con la biología que heredaron de los antiguos guardianes de la tribu.

Un error muy común es asumir que si una persona hiperproductiva o muy creativa tiene cierto hábito (como madrugar a las 5 o quedarse escribiendo hasta las 4), copiar su horario nos dará sus resultados. La ciencia muestra que si una persona de cronotipo diurno intenta forzar a crear de madrugada para emular la fórmula que es exitosa en otra persona, no obtendrá la fluidez creativa. 

Y a la inversa: si se obliga a alguien a levantarse a las 5 a componer una canción, probablemente pasará tres horas en blanco frente al piano con niebla mental. Se trata de encontrar el punto exacto donde la biología personal y la exigencia del trabajo creativo se alinean de forma perfecta.

Algunos de estos comportamientos tienen una explicación obvia: la oscuridad ofrece cobertura y hay menos personas cerca para actuar como freno. Sin embargo, los investigadores insisten: la neurobiología circadiana también influye, y entender esto es relevante para los millones de personas que se mantienen en vela de manera habitual, ya sea por trabajo o por necesidad.

La profesora Elizabeth Klerman, neuróloga en la Escuela de Medicina de Harvard, subraya: "Hay millones de personas que están despiertas en medio de la noche, y hay pruebas bastante sólidas de que su cerebro no funciona tan bien como durante el día. Mi petición es que se investigue más sobre este tema, porque su salud y seguridad, al igual que la de los demás, están en juego". La especialista sugiere ampliar el campo porque hay datos conductuales que siguen un patrón. Según Michael Perlis, coautor y profesor en la Perelman School of Medicine de la Universidad de Pensilvania, por la cantidad de personas despiertas a cada hora, el suicidio es estadísticamente más probable durante la noche. 

A esto se suma que la violencia y los homicidios alcanzan su máximo después del anochecer. Y el consumo de sustancias -cannabis, alcohol y opioides- también aumenta cuando cae la noche. Una investigación de 2020 en un centro de consumo supervisado en Brasil reveló que, por la noche, el riesgo de sobredosis con opioides era 4,7 veces mayor. Pretender que todo el mundo funcione a las 5 es tan absurdo como pretender que todos sean igual de lúcidos a las 3.

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Leer la nota original en La Gaceta
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