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Incontinencia urinaria: el procedimiento ambulatorio sin bisturí ni internación que pocos conocen
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Incontinencia urinaria: el procedimiento ambulatorio sin bisturí ni internación que pocos conocen

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Redacción
martes, 07 de julio de 2026 · 12:00 a. m. hs · 3 min
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La incontinencia urinaria afecta al 28% de las mujeres en Argentina y tiene solución sin cirugía. Conocé el procedimiento ambulatorio que pocos conocen

Salud femenina y suelo pélvico

Una de cada cuatro mujeres adultas tiene incontinencia urinaria, pero solo el 7,89% consulta a un médico. Hoy existe un procedimiento endoscópico ambulatorio, sin bisturí ni internación, que puede mejorar la calidad de vida

La incontinencia urinaria es una condición mucho más extendida de lo que cualquier estadística oficial logra reflejar, en parte porque quienes la padecen rara vez la consultan. Frases como "son solo unas gotitas" o "es normal después de tener hijos" se repiten en los consultorios de urología como un mantra desgastado. Detrás de esas palabras, en la mayoría de los casos, hay años de convivencia silenciosa con algo que tiene nombre, tiene diagnóstico y, sobre todo, tiene tratamiento.

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Una revisión sistemática internacional publicada en 2025 y citada por la International Continence Society estimó que el 25,7% de las mujeres adultas presenta algún grado de incontinencia urinaria. En la Argentina, estudios locales muestran una prevalencia del 28,35% en mujeres, con un salto notable a partir de los 35 años: más de la mitad de las mujeres de entre 40 y 45 años reportan síntomas. A nivel global, la condición afecta a cerca de 200 millones de personas, siendo las mujeres el 70% de los casos.

A pesar de esos números, apenas el 7,89% de las afectadas consulta espontáneamente a un profesional. La Organización Mundial de la Salud la define como una prioridad de salud, pero reconoce que la prevalencia real se subestima de forma sustancial por factores como la vergüenza y el miedo. El impacto no es solo físico: muchas mujeres dejan de hacer ejercicio, de viajar o de participar en actividades sociales, y el aislamiento progresivo, la baja autoestima y el deterioro en la vida de pareja son consecuencias concretas y documentadas.

La condición no discrimina etapas de la vida, aunque sí tiene sus momentos de mayor vulnerabilidad. El embarazo y el parto impactan sobre el suelo pélvico, ese conjunto de músculos que sostiene la vejiga, el útero y el recto. La menopausia, con su caída de estrógenos, afecta la calidad del tejido urogenital. El sobrepeso también suma: la prevalencia de incontinencia en mujeres con obesidad tipo III llega al 100%, frente al 1% en mujeres con normopeso. Existen tres tipos principales: de esfuerzo, de urgencia y mixta, y cada una requiere un abordaje específico.

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Más allá de los ejercicios de Kegel, los cambios de hábito y la kinesiología especializada, la medicina cuenta hoy con herramientas que van un paso más allá sin necesidad de cirugía convencional. El urólogo Martín Lerner (M.N. 99.513) describe uno de esos procedimientos: "Hoy existen alternativas mínimamente invasivas que pueden mejorar significativamente la calidad de vida, evitando en muchos casos el uso permanente de pañales para adultos", señala el especialista.

Se trata de un procedimiento endoscópico y ambulatorio que se realiza con sedación y monitoreo en quirófano, sin incisiones ni internación. A través de la uretra se aplica una sustancia biocompatible e irreabsorbible denominada elastómero de polidimetilsiloxano —comercialmente conocida como macroplastique—, que mejora el cierre uretral y reduce o elimina la pérdida involuntaria de orina. Según Lerner, el tratamiento cuenta con más de 30 años de experiencia en el mercado internacional y posee aprobación de organismos como la FDA, la Comunidad Europea y la ANMAT.

La indicación depende de una evaluación médica individual que contempla el tipo de incontinencia, los antecedentes clínicos y los estudios complementarios de cada paciente. No es una solución universal, pero sí una alternativa concreta para quienes reúnen las condiciones. El recorrido típico de quien convive con esta condición sin diagnosticar suele incluir años de estrategias caseras —tomar menos líquido, ir al baño "por las dudas", evitar el ejercicio intenso— que no atacan el problema de fondo y generan más ansiedad de la que resuelven. Consultar a un profesional sigue siendo el primer paso, y el más necesario.

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Leer la nota original en El Esquiú
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