
El cura rockero declaró en el juicio a Pity Álvarez y contó el infierno que vivía antes del crimen
César Scicchitano Tagle relató los episodios de miedo, amenazas, robos y adicciones que atravesaban al músico antes de matar a su vecino en Villa Lugano. «Nunca imaginé que algo así pudiera ocurrir», declaró. Pity se descompuso antes de la audiencia y tuvo que ser asistido por médicos.
El juicio contra Cristian «Pity» Álvarez sumó este lunes un testimonio cargado de detalles sobre la vida del músico antes del asesinato que lo llevó nuevamente ante la Justicia. El sacerdote César Scicchitano Tagle, conocido como el «cura rockero», declaró ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 29 y describió un escenario de adicciones, amenazas, paranoia y miedo que, según contó, acompañaba al exlíder de Viejas Locas e Intoxicados desde hacía años.
«Nunca imaginé que algo así pudiera ocurrir», sostuvo el sacerdote al referirse al crimen de Cristian Maximiliano Díaz, el vecino de Villa Lugano asesinado en julio de 2018.
La jornada tuvo momentos de tensión incluso antes de comenzar. Pity llegó en ambulancia desde la clínica de salud mental Solar Colonial, en Castelar, donde permanece alojado. La audiencia se demoró porque el músico se sentía mal y su abogado, Sebastián Queijeiro, explicó que atravesaba un cuadro de abstinencia. Finalmente, debió recibir asistencia médica y se resolvió que siguiera la audiencia por videollamada desde una sala contigua.
Uno de los primeros en declarar fue el psiquiatra forense Ezequiel Norberto Mercurio, quien describió el consumo sistemático de sustancias del artista y la existencia de episodios de paranoia e ideas delirantes en distintos períodos. Sin embargo, aclaró que no encontró evidencias de que el homicidio se hubiera producido como consecuencia de un episodio delirante.
Después llegó el turno de Scicchitano Tagle, quien conocía a Álvarez desde hacía años y contó que recibía llamados del músico a cualquier hora porque tenía miedo de que entraran a robarle a su casa. Incluso había instalado un sensor en la puerta para detectar movimientos.
El sacerdote recordó que, entre 2007 y 2008, grupos de seis, siete u ocho personas solían rodear al cantante para exigirle dinero o drogas. Cuando se negaba, reaccionaban con violencia. Según su relato, llegó a ver a uno de esos individuos con un arma en la cintura y recordó que algunos se jactaban de haberlo golpeado.
También contó que Pity creía que tener un arma podía protegerlo y que él mismo le había recomendado en varias oportunidades que no la tuviera. Pese a ese contexto, lo describió como una persona tranquila, que nunca le había manifestado intenciones de hacerle daño a alguien.
Entre los episodios que relató, mencionó un hecho ocurrido entre 2015 y 2016, cuando la entonces pareja del músico lo llamó para pedirle ayuda porque, supuestamente, una mujer lo había acuchillado. Al llegar, encontró a Álvarez dormido y cubierto de sangre. Finalmente, fue trasladado en ambulancia a un sanatorio de San Isidro.
Sobre la noche del asesinato, el cura ofreció su propia interpretación de lo ocurrido. Dijo que, según lo que pudo reconstruir, el músico habría intentado evitar una pelea con Díaz, pero terminó desbordado por la situación. También mencionó que Pity había regresado a su casa porque su perrita había tenido crías.
El testimonio buscó aportar contexto sobre el estado en el que vivía el cantante y sus experiencias traumáticas, entre ellas un accidente en el que sufrió quemaduras y la muerte de su padre. El sacerdote sostuvo que la adicción lo atravesaba desde la adolescencia y que vivía permanentemente atemorizado.
Mientras tanto, la defensa volvió a cuestionar el desarrollo del proceso. Los abogados Sebastián Queijeiro y Luciana Comerci solicitaron que se suspenda el debate hasta que la Justicia resuelva tres planteos vinculados con la aptitud médica del acusado, el rechazo de hábeas corpus y la imparcialidad de los integrantes del tribunal y del fiscal Sandro Abraldes.
Entre otras medidas, reclamaron el sobreseimiento de Álvarez o, de manera alternativa, la nulidad del juicio, que comenzó el 10 de agosto.
El proceso busca determinar la responsabilidad penal del músico por el asesinato de Díaz, ocurrido hace más de ocho años en Villa Lugano. La declaración del cura rockero volvió a poner sobre la mesa los antecedentes personales y los problemas de consumo del acusado, aunque será el tribunal el que deberá evaluar las pruebas y establecer qué ocurrió aquella noche.
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