Dormir con mascotas sabotea la calidad del descanso y la salud, advierten especialistas
Aunque brindar compañía reduce los niveles de estrés e hiperactivación, la medicina del sueño señala que compartir la cama con perros y gatos provoca la fragmentación del reposo, alteración térmica e incremento de alérgenos
Aunque brindar compañía reduce los niveles de estrés e hiperactivación, la medicina del sueño señala que compartir la cama con perros y gatos provoca la fragmentación del reposo, alteración térmica e incremento de alérgenos.
A pesar de consolidarse como una tendencia cada vez más extendida en los hogares, compartir la cama con perros o gatos representa un hábito perjudicial para la salud que deteriora de forma objetiva la calidad del descanso, según advierten especialistas en medicina del sueño.
La doctora Rybel Wix, especialista en neurofisiología e integrante del grupo de trabajo de Insomnio de la Sociedad Española del Sueño, explicó que se trata de una conducta clínicamente no aconsejable debido a motivos neurofisiológicos e higiénicos sólidos. La principal complicación radica en la fragmentación del sueño: los ruidos y desplazamientos involuntarios del animal provocan estímulos que, aun sin alcanzar la vigilia completa del tutor, interrumpen las fases de ondas lentas (fase N3) y el ciclo REM, derivando en un estado no reparador a la mañana siguiente.
A esta problemática se suma la incompatibilidad de los ritmos biológicos entre especies. Mientras los seres humanos presentan un patrón de descanso monofásico, los perros poseen un hábito polifásico y los gatos muestran conductas de actividad crepuscular durante la madrugada. Asimismo, el calor corporal que irradian las mascotas dificulta el descenso de la temperatura central que el organismo humano precisa para consolidar el sueño profundo, a lo que se añade una exposición prolongada a alérgenos como caspa, pelo, ácaros y polvo acumulados en el entorno respiratorio inmediato.
Respecto a la percepción subjetiva de confort de quienes eligen dormir junto a sus animales, la especialista reconoció que el contacto físico reduce los niveles de cortisol sérico y estimula la liberación de oxitocina, reduciendo la ansiedad al momento de acostarse. No obstante, enfatizó que este beneficio ansiolítico inicial queda neutralizado por las constantes interrupciones nocturnas, por lo que la recomendación médica principal es ubicar a la mascota en una estancia separada y mantener la puerta del dormitorio cerrada.
Finalmente, la profesional remarcó que esta práctica se encuentra categóricamente contraindicada en poblaciones vulnerables como niños, lactantes, pacientes con patologías respiratorias o alérgicas, personas con trastornos del sueño e inmunodeprimidos. Para quienes atraviesen una etapa de reeducación conductual con la mascota, se aconseja sostener esquemas estrictos de desparasitación y vacunación, realizar el cepillado diario fuera de la habitación y lavar la indumentaria de cama semanalmente a temperaturas superiores a los 60 °C.
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