
Del «¿Y si sí?» al «no se pudo»: México perdió 3 a 2 con Inglaterra y quedó eliminado
México se quedó afuera de su Mundial al perder 3 a 2 con Inglaterra. Ahora lo mirará por TV, en muchos sentidos.
México se quedó afuera de su Mundial al perder 3 a 2 con Inglaterra. Con más ganas que ideas intentó el empate hasta el final, pero no pudo.
El partido en el mítico Estadio Azteca fue, además, el último de los que se jugaron en el más futbolero de los tres países que organizan la Copa del Mundo 2026.
La ilusión era grande. La Ciudad de México luce todavía empapelada con el lema «¿Y si sí?». Pero no. El entusiasmo no alcanzó para que, de una buena vez, la selección mexicana superara los octavos de final.
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Después de la festejada victoria contra Ecuador en dieciseisavos de final, la esperanza mexicana fue in crescendo. Al día siguiente, incluso antes de que Inglaterra ganara su partido y confirmara el cruce, los hinchas eran cautos. Algunos pensaban que no iba a ser posible. Otros que la participación de su selección en la Copa tenía fecha de vencimiento.
Pero a medida que pasaban los días, el semblante cambiaba. Desde el sábado, las camisetas verdes empezaron a multiplicarse en las calles. La expectativa era total: los canales de televisión pusieron una cuenta regresiva con las horas que faltaban para el gran partido. La gran final que tenía México.
El domingo casi no había mexicano que no portara una camiseta, un pantalón, una bandera con los colores patrios.
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Los más de veinte puntos con pantallas gigantes en espacios públicos que dispusieron la FIFA y el Gobierno de la Ciudad de México estaban repletos de hinchas con la ilusión a cuestas. A decir verdad, la FIFA armó uno solo: el fan fest de El Zócalo. Los otros son «festivales futboleros» de organización doméstica, con venta de alimentos y elementos de productores locales, espectáculos musicales con artistas del lugar, juegos para chicos y grandes, y un ambiente más bien familiar.
La expectativa era tal que hasta la derrota de Brasil, un par de horas antes, y el retraso del inicio del partido por la fuerte tormenta que azotó la capital durante la tarde pasaron casi desapercibidos.
En el juego en sí, los jugadores parecían tener el mismo entusiasmo que los hinchas. Pero no las ideas que necesitaban para doblegar a un rival que, por más historia y jugadores en los principales equipos europeos que tenga, propuso más bien poco.
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Pese a un dominio casi total, solo interrumpido por algún arrebato individual de Gordon o los destellos de Bellingham, México creó pocas situaciones inquietantes para el rival.


Los dos goles de Bellingham, con un par de minutos de diferencia entre ambos, parecían encaminar el partido hacia lo inevitable. El descuento casi fortuito de Quiñones devolvió la esperanza a los mexicanos. Ese tramo final del primer tiempo fue lo mejor de México, aunque no tuvo más premio que el descuento.
En el comienzo del segundo tiempo, Inglaterra se pareció un poco más a lo que todos esperaban de ellos. Hasta la expulsión de Quansha.
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Cuando el terreno parecía preparado para la épica azteca, llegó el penal. Una jugada típica de la Premier League: pelotazo largo, peinada del 9 y el arquero que baja al extremo dentro del área. El penal volvió a alejar el sueño.
Con más ímpetu que fútbol, el equipo de Javier «Vasco» Aguirre empezó a meter contra el arco a Inglaterra, que se sentía cómoda con el único método que tenía su rival para atacar: los centros aéreos desde los costados.
Solo uno dio resultado: el que terminó en un penal de VAR, que Raúl Jiménez cambió por gol para darle a su team una última bocanada de ilusión.
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Esa falta de opciones de ataque la exhibió el propio DT, cuando puso a tres nueves para cabecear todo lo que hubiera que cabecear. Salvo pocas excepciones, el arquero inglés, el inefable Jordan Pickford, no se sintió tan amenazado.
El final del partido, en cada rincón de México, se vivió como una desazón obvia, pero con la tranquilidad de haber incomodado a un equipo siempre candidato —aunque solo haya ganado un Mundial y en la actualidad se muestre endeble.
La continuidad del Mundial tendrá a México con sus pantallas, sus festivales y sus escenarios a pleno, aunque la gente, en general, ya empezará a mirar el torneo de costado. Porque a todos los futboleros nos pasa: cuando tu equipo queda afuera, la Copa ya pierde toda importancia.