Corazón: pequeños hábitos que ayudan a cuidar la salud cardiovascular
Una alimentación variada, reducir el consumo de sodio, revisar las etiquetas y utilizar hierbas y especias para reemplazar parte de la sal son algunas prácticas que pueden incorporarse a la rutina para cuidar la salud cardiovascular
Salud cardiovascular
Una alimentación variada, reducir el consumo de sodio, revisar las etiquetas y utilizar hierbas y especias para reemplazar parte de la sal son algunas prácticas que pueden incorporarse a la rutina para cuidar la salud cardiovascular.
Cuidar la salud cardiovascular no necesariamente requiere grandes cambios de un día para otro. Incorporar pequeñas modificaciones a la rutina y sostenerlas en el tiempo puede ayudar a reducir algunos factores de riesgo y favorecer un estilo de vida más saludable.
Según las últimas Estadísticas Vitales de la Dirección de Estadísticas e Información en Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación, en 2024 las enfermedades del sistema circulatorio representaron el 27,9% de las defunciones registradas en Argentina.
La médica especialista en Cardiología, Carolina Arriva, destacó que la prevención puede comenzar con conductas sencillas que puedan mantenerse a largo plazo. Entre ellas, recomendó priorizar una alimentación variada, con mayor presencia de frutas, verduras y legumbres, y moderar el consumo de productos con alto contenido de sodio.
Uno de los puntos centrales es reducir el consumo excesivo de sodio. Este mineral no solamente está presente en la sal que se agrega durante la preparación o en el plato, sino también en numerosos productos de consumo cotidiano.
Panes, quesos, fiambres, embutidos, snacks, salsas, aderezos, comidas preparadas y productos congelados pueden aportar cantidades importantes de sodio.
Por eso, no utilizar el salero no significa necesariamente consumir poco sodio. La especialista explicó que lo importante es observar el conjunto de la alimentación y evitar un consumo excesivo y sostenido.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los adultos consuman menos de 2.000 miligramos de sodio por día.
Una herramienta útil es aprender a leer las etiquetas de los alimentos. Comparar productos similares y revisar la cantidad de sodio permite tomar decisiones más informadas sobre lo que se consume diariamente.
Para reducir el uso de sal, también se pueden incorporar hierbas, especias, ajo o limón para potenciar el sabor de las comidas. De esta manera, el cambio puede resultar más fácil de mantener en el tiempo.
Desde la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) también destacan la relación entre el consumo de sodio y la presión arterial. De acuerdo con su Consenso de Hipertensión Arterial, disminuir la ingesta de sodio puede contribuir a reducir la presión arterial sistólica entre aproximadamente 2 y 8 mmHg.
La reducción del sodio es especialmente relevante para las personas con hipertensión, aunque forma parte de un cuidado cardiovascular integral que también incluye una alimentación saludable y actividad física.
El agua también puede considerarse dentro de este aspecto. Su composición mineral varía según el producto y, al elegirla, revisar cuánto sodio aporta por litro permite tener en cuenta ese aporte dentro del consumo diario.
En definitiva, no se trata de modificar todos los hábitos de manera inmediata. Incorporar cambios pequeños, prestar atención a los alimentos que forman parte de la alimentación cotidiana y sostenerlos en el tiempo puede contribuir al cuidado de la salud cardiovascular.
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