
Alerta masiva de ventas internas en las acciones de Nvidia
Un directivo de Nvidia liquida 947 millones en acciones sin plan fijado. La oleada de ventas internas exige vigilar las valoraciones.
Nvidia (NVDA) registró una de las mayores desinversiones individuales de su historia reciente. Uno de sus principales accionistas particulares liquidó cerca de 1.000 millones de dólares en acciones durante pocas semanas, coincidiendo con la prolongada racha alcista que impulsa la cotización del fabricante tecnológico en Wall Street.
La última operación se formalizó el 18 de septiembre, cuando el consejero Mark Stevens enajenó aproximadamente 1,37 millones de accionesvaloradas en 300 millones de dólares. Dicho movimiento amplía una agresiva oleada desinversora ejecutada por el antiguo socio gestor de la firma de capital riesgo Sequoia Capital.
A pesar de esta venta masiva, el directivo conserva una posición preponderante dentro del accionariado corporativo. Con una participación restante valorada en 6.300 millones de dólares a precios de mercado actuales, Stevensmantiene un peso patrimonial determinante en las decisiones estratégicas de la junta de administración de la compañía.
La documentación remitida a la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) detalla que las operaciones se canalizaron mediante fideicomisos familiares. El ejecutivo vendió 1.356.000 acciones a un precio medio de 219,72 dólares, complementadas con 10.000 títulos adicionales colocados a 220,42 dólares, generando ingresos brutos de 300 millones.
Tras liquidar ese paquete accionario, el directivo retiene la propiedad indirecta de 27,53 millones de acciones. La transacción consolida una secuencia continuada de desinversiones millonarias ejecutadas a lo largo del último mes, aprovechando los máximos de valoración derivados de la demanda de chips para inteligencia artificial.
En el cómputo de las últimas semanas, los registros regulatorios constatan que Stevens transfirió cerca de 947 millones de dólares en participaciones. Esta cifra integra ventas previas por 411 millones entre finales de agosto y principios de septiembre, junto a otra colocación intermedia de 236 millones de dólares.
A diferencia de la operativa habitual en grandes corporaciones, la transacción no se ejecutó bajo la regla 10b5-1. Estos programas calendarizados permiten programar desinversiones con meses de antelación para neutralizar sospechas de sincronización con el mercado, por lo que su ausencia despertó suspicacias analíticas inmediatas.
Vinculado al consejo desde 2008, y habiendo ejercido como consejero previo entre 1993 y 2006, el veterano directivo ha reducido paulatinamente su exposición bursátil. Sus ventas acumuladas durante las últimas décadas suman miles de millones de dólares, reflejando una constante monetización patrimonial de sus beneficios acumulados.
La divulgación coincide con un ciclo de gran demanda comercial para los microprocesadores gráficos. La cotización despidió la sesión del 22 de septiembre en 228 dólares, tras completar una racha alcista de seis jornadas consecutivas que impulsó el valor un 8,6% en los parqués internacionales.
Sin embargo, la magnitud de estas operaciones corporativas alimenta la prudencia. En los últimos 12 meses, los altos ejecutivos reportaron ventas conjuntas por más de 2.000 millones de dólares, sin registrar una sola compra abierta de acciones, una asimetría cuantitativa que genera inquietud sobre el techo del ciclo.
Aunque estas transferencias obedecen frecuentemente a planificación fiscal, diversificación patrimonial o gestión de herencias tras años de ganancias extraordinarias, las ventas discrecionales masivas condicionan la psicología del inversor. Si ningún directivo adquiere títulos con fondos propios, el mercado interpreta cautela ante posibles correcciones técnicas futuras.
El consejero Mark Stevens liquidó cerca de 947 millones de dólares en acciones de Nvidia durante las últimas semanas, por lo que protagonizó una de las mayores desinversiones individuales en la historia del fabricante. Por consiguiente, la última colocación de 300 millones ejecutada el 18 de septiembre redujo su exposición, a pesar de que todavía retiene una participación indirecta valorada en 6.300 millones de dólares.
La operación despertó suspicacias analíticas entre los operadores bursátiles, debido a que no se ejecutó mediante un plan de negociación calendarizado bajo la regla 10b5-1. Asimismo, la ausencia de este mecanismo automático confirmó una venta discrecional directa, aprovechando de este modo los máximos de cotización alcanzados por la demanda de chips para inteligencia artificial.
Los altos ejecutivos de la compañía acumulan ventas conjuntas por más de 2.000 millones de dólares en los últimos doce meses, mientras que no registraron ni una sola compra de títulos con fondos propios en el mercado abierto. En consecuencia, esta marcada asimetría cuantitativa alimenta la prudencia de los inversores institucionales, puesto que el mercado teme que las desinversiones masivas anticipen un techo técnico en el ciclo tecnológico.
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