
Warren Buffett y su vieja opinión sobre el dólar: ¿Tenía razón?
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Warren Buffett lanzó una advertencia sobre el dólar estadounidense hace más de un año y, en aquel momento, sus palabras generaron una enorme atención. Ahora, con nuevos datos sobre inflación, gasto público y consumo, aquella preocupación vuelve a cobrar fuerza.
En mayo de 2025, durante la junta anual de Berkshire Hathaway, Buffett fue preguntado por la debilidad del dólar y por cómo la compañía estaba gestionando el riesgo de divisas. Su respuesta fue contundente.
«Obviamente no querríamos tener nada que estuviera en una moneda que realmente se fuera al infierno«, afirmó. Poco después explicó cuál era su principal preocupación. «La política fiscal es lo que me asusta de Estados Unidos«.
Buffett no estaba anunciando un colapso inminente del dólar. Su argumento era mucho más sencillo y, a la vez, más difícil de ignorar: un país que mantiene déficits durante demasiado tiempo termina ejerciendo presión sobre el valor de su moneda.
Más de un año después, varias de las variables que preocupaban al inversor siguen presentes.
La inflación estadounidense volvió a acelerarse durante agosto. El índice de precios al consumidor subió un 0,4% mensual y acumuló un aumento del 3,4% en los últimos 12 meses, mientras que la inflación subyacente se situó en el 2,4%. La energía fue uno de los principales focos de presión, con un incremento interanual del 16,3%.
El dato es importante porque la Reserva Federal tiene como objetivo una inflación del 2% y todavía se encuentra lejos de ese nivel. Eso limita el margen del banco central para reducir los tipos de interés de forma agresiva cuando la economía comienza a mostrar señales de menor impulso.
Y ahí aparece una de las consecuencias de la advertencia de Buffett. Una inflación persistentemente elevada obliga a mantener una política monetaria más restrictiva, mientras que unos tipos altos encarecen el coste de financiar una deuda pública cada vez mayor.
El consumo tampoco ofrece una fotografía completamente cómoda. El gasto personal aumentó solo un 0,2% en julio y el consumo real prácticamente no avanzó durante ese mes. Al mismo tiempo, la tasa de ahorro personal cayó hasta el 3%.
Es cierto que las ventas minoristas ofrecieron un dato bastante más fuerte en agosto. Subieron un 1,2% mensual y un 6% respecto al mismo mes del año anterior. Pero esas cifras no están ajustadas por inflación, por lo que una parte del incremento nominal también refleja el aumento de los precios.
La combinación deja un escenario más complejo de lo que podría parecer a primera vista. El consumidor estadounidense todavía gasta, pero lo hace en una economía donde los precios continúan subiendo y el ahorro se mantiene bajo.
La segunda parte de la advertencia de Buffett estaba relacionada con las cuentas públicas. En aquella junta de accionistas, el inversor calificó el déficit fiscal estadounidense de «insostenible» a largo plazo y advirtió de que una situación de este tipo podría terminar volviéndose incontrolable.
Ese problema tampoco ha desaparecido.
Estados Unidos continúa necesitando enormes cantidades de financiación para cubrir la diferencia entre sus ingresos y sus gastos. Y cuanto mayor es la deuda, mayor es también la cantidad de dinero que el Gobierno debe destinar al pago de intereses.
El problema no es únicamente el tamaño de la deuda. También importa el coste al que se está financiando. El reciente repunte de los rendimientos de los bonos del Tesoro ha llevado al bono estadounidense a 30 años por encima del 5,4%, mientras el Treasury a 10 años se ha situado alrededor del 5,1%.
Eso significa que el mercado está exigiendo una rentabilidad cada vez mayor para prestar dinero al Gobierno estadounidense durante largos periodos.
La presión fiscal también ayuda a explicar por qué las palabras de Buffett vuelven a circular ahora. Su preocupación no era que el dólar fuera a desaparecer de un día para otro, sino que una política fiscal persistentemente expansiva terminara erosionando el valor de la moneda.
Y eso es justamente lo que hace que su comentario de 2025 resulte relevante en 2026.
Por eso, más que una predicción sobre el futuro del dólar, las palabras de Buffett pueden leerse hoy como una advertencia sobre algo mucho más concreto: el coste de mantener durante demasiado tiempo unas cuentas públicas que dependen de cantidades crecientes de deuda.
Y ese problema, a diferencia de aquella frase de mayo de 2025, sigue plenamente vigente.