
Termas y lagunas esmeralda: los secretos de uno de los pueblos más relajados de la Argentina
Enclavado a los pies de la cordillera se encuentra el Valle de Los Molles, un destino que combina la belleza del paisaje con el bienestar.
Resumen para apurados
Hay un tinte que se desparrama en el lienzo de un pueblo mágico. Unos colores que se amalgaman en el suelo y en los árboles acostumbrados al frío intenso y al clima árido que ofrece la montaña. Los marrones contrastan con el blanco níveo de las cumbres y las casas de piedra y madera que se emplazan en el valle profundo. Allí donde parece que el tiempo no transcurriera es donde se ubica el Valle de los Molles, un paraje que invita a transitarlo despacio.
A 60 kilómetros de la ciudad de Malargüe, en Mendoza, se encuentra el Valle de los Molles, un pueblito escondido que luce su esplendor en la temporada fría, entre termas naturales, gastronomía regional y una naturaleza abrumadora. En el sur de la provincia hay un destino que tienta a desviarse un poco, a desobedecer a los letreros del conocido sendero a las Leñas y seguir la Ruta Provincial 222 hasta este rincón de tranquilidad y bienestar.
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Los Molles es un pueblo enclavado en la precordillera de Mendoza que destaca principalmente por sus complejos termales históricos: Lhauen Có y el Hotel Termal Los Molles. Funcionan con las aguas que brotan naturalmente de la tierra y varían entre los 35°C y 50°C y contienen minerales como azufre, calcio, magnesio y sodio. En cada uno se puede disfrutar de piletas al aire libre con vista a las montañas, baños de vapor, duchas escocesas y fangoterapia, todo en un entorno natural que invita a desconectar.
Pero la tranquilidad también contrasta con el turismo aventura que propone esta localidad. Las actividades al aire libre se centran en cabalgatas, caminatas de media elevación, pesca en el río Salado y travesías en 4x4 aparecen como opciones para explorar los entornos que rodean al poblado. En invierno, muchos viajeros eligen este destino como base para visitar el centro de esquí Las Leñas y acceder a mejores precios en hospedaje.


Los Molles también es la puerta de acceso a otras maravillas naturales de la zona como la Laguna de la Niña Encantada, un ojo de agua cristalina y de tono esmeralda de 80 metros de diámetro donde se observan truchas desde la orilla. El cuerpo lacustre es de una particular belleza, dado que se encuentra circundada por una acumulación de restos de lava proveniente de cráteres cercanos. Al producirse erupciones en la antigüedad, el material incandescente se derramó sobre el curso del arroyo que alimenta el espejo de agua, lo cubrió y ocultó su aporte, que hoy es subterráneo.
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Cerca también se encuentra la Garganta del Niñancú, un impresionante cañón natural, rodeado de imponentes formaciones rocosas volcánicas, cascadas y un río serpenteante, así como el misterioso Pozo de las Ánimas, un fenómeno geológico único compuesto por dos grandes depresiones de agua dulce que cautivan a los turistas todo el año.
La experiencia de desconexión no está completa sin su gastronomía regional, uno de los grandes fuertes del destino. Los restaurantes de la zona se lucen con platos de montaña y productos locales que reflejan la fuerte identidad culinaria del sur mendocino, perfectos para maridar con un buen vino local tras una tarde de caminata.
Cómo llegar al Valle de los Molles
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