
Su alma resiliente lo convirtió en un deportista dedicado
Emanuel Darío León Apaza compartió su experiencia luego de atravesar varias cirugías en su pierna derecha.
Un corazón resiliente con la fortaleza de salir adelante sin dejarse vencer por las adversidades es el que late dentro de Emanuel Darío León Apaza, un joven que se supera día a día a partir de una actitud más que positiva.
Nacido el doce de diciembre del año 1989, abraza la vida con una gran emoción y es que su fuerza de voluntad es ejemplo de que siempre que haya vida, todo es posible. Una tarde, cuando tenía trece años fue a jugar al fútbol como siempre acostumbraba y regresó a su hogar con un golpe muy notable en su rodilla derecha. "Me acuerdo que eran dolores feos y se me hizo como un chichón grande, a raíz del impacto. Mi papá decía que era retención de líquido y porque estaba creciendo, se dijeron un montón de cosas hasta que me llevaron a un médico y dijo que es un tumor, que había que operarlo", expresó Apaza.
Recibir tal novedad, fue fuerte para sus padres por lo que decidieron no llevarlo a cirugía. Pero los dolores eran cada vez más intensos. "Yo seguía jugando a la pelota así con los dolores y, de la nada, era como que me agarraba una paralítica así y me quedaba tirado en el piso gritando, después me llevaban los chicos alzando hasta mi casa porque yo no podía asentar la pierna", detalló.
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Fue en ese momento donde tomaron la decisión y fueron al médico nuevamente. "Había que ir antes pero aunque ya había pasado el tiempo, había que ver si el tumor había avanzado o si era benigno o maligno. Me hicieron una biopsia y, bueno, ahí ya comencé con el tema del tratamiento y del hospital Garrahan", reveló el joven que experimentó vivencias fuertes junto a su familia.
En ese momento comenzó a hacer el tratamiento de quimioterapia, en seis ciclos, después llegarían las cirugías de las piernas -inicialmente- por tres meses. "Esos meses se hicieron más, después pasaron años. Ya la verdad que me olvido, capaz que comencé yendo a comienzos de año y claro, yo tenía catorce años y después cuando justo cumplía quince en diciembre, ya estaba operado", explicó el joven que recibió el acompañamiento del personal del hospital en todo momento. Realizó varios viajes desde Buenos Aires a Jujuy, hasta que recién a los veinte años recibió el alta médica.
Es que luego de haber atravesado por la quimioterapia, sabía que lo dejaba muy débil. Por ello, hacía una dieta para ganar peso ya que tenía contextura delgada en ese momento. "Tenía que comer bastante, tenía que engordar para nutrir porque cuando ya entras al tema de la salud tenía que tener un peso y era más feo porque, tomaba el té -por ejemplo- y me daban una latita de Ensure que tenía que tomar y era como una chocolatada; o cuando ya llegaba el almuerzo, terminaba y tenía que tomar esa latita y así era todos los días", comentó quién tuvo que pasar por la cirugía para llevar una prótesis interna. "Como el problema radicaba en la rodilla, cortaron o como que cavaron el fémur y la tibia y bueno ahí es donde sustituyen mi rodilla. El diagnóstico era osteosarcoma. Yo tuve mi pierna bien hasta digamos los veintiséis años más o menos", contó.
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Es que tiempo después volvió a enfermar y tuvo que ser internado en Córdoba. "Me agarró un tema de la infección y era por rechazo a la prótesis. A pesar que habían pasado un par de años, mi cuerpo no la toleraba, me empezó a agarrar dolor y era por un virus llamado Staphylococcus que jamás se había ido de mi piel", destacó, comentando que fue difícil de tratar. Ya a sus treinta y seis años estaba preparado para lo que podía pasar. Y era la posibilidad de perder la pierna para evitar más dolores. En su mente ya estaba instaurada la idea de la amputación y aunque parezca una decisión compleja, eligió creer en mejorar su calidad de vida, pero esta vez, sin sufrir dolencias. "Lo que sentía era algo que yo pensaba, para mí no era vida. Porque a pesar de que la infección podía ser tratada, siempre iba a estar. Pero cuando llegó el día de la amputación no me arrepentí porque ya no duele", explicó con emoción.
Lleva seis meses de amputado y consciente de que fue una decisión que tomó con una madurez que se nota en la voz. "Varias personas me dicen lo mismo que cuando lo cuento, lo cuento así como si nada, pero no es que me voy a poner mal, sino es que yo creo que es todo superación", resaltó con una convicción única puesta en la aceptación. "Yo creo en Dios y mi motivación para salir adelante es mi hija", finalizó el deportista de básquet adaptado que juega con pasión.
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