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Siete goles y una idea clara: así funcionó la Selección ante Burkina Faso
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Siete goles y una idea clara: así funcionó la Selección ante Burkina Faso

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Carlos Chirino
domingo, 04 de octubre de 2026 · 08:11 a. m. hs · 4 min
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El equipo de Lionel Scaloni aprovechó los espacios, aceleró cerca del área y desarmó a su rival con asociaciones rápidas. La goleada por 7 a 0 sobre Burkina Faso le permitió al entrenador evaluar alternativas.

Resumen para apurados

Argentina se floreó frente a Burkina Faso y lo goleó por 7-0, en la previa del partido que marcará la despedida de Lionel Messi. El rival, como se sabía de antemano, no tenía la jerarquía suficiente para hacerle fuerza a la actual subcampeona del mundo. Pero, justamente por eso, el análisis no debe quedarse solamente en la diferencia de nombres. Lo más interesante estuvo en cómo jugó el seleccionado argentino, cómo encontró espacios y cómo sostuvo una identidad que no depende del contexto.

Fue un partido sin equivalencias. La Selección demostró que no importa si enfrente tiene a una potencia, a un rival de menor recorrido o si el partido es amistoso o por los puntos: la idea se mantiene. Intensidad, movilidad, presión y velocidad para atacar fueron nuevamente las principales características de un equipo que, aun sin Lionel Messi, conserva una estructura reconocible.

Lionel Scaloni mantuvo la base que viene utilizando, aunque introdujo dos modificaciones respecto del triunfo ante Bolivia: Facundo Medina ingresó por Román Vega y Enzo Fernández reemplazó a Exequiel Palacios. En el inicio, Argentina se paró con un 4-2-2-2, pero con la pelota esa estructura se volvió mucho más flexible. Enzo Fernández y Alexis Mac Allister fueron los encargados de construir, mientras Nicolás Paz y Gianluca Prestianni tuvieron libertad para moverse por delante de ellos. Lautaro Martínez y Julián Álvarez, en tanto, intercambiaron posiciones y buscaron permanentemente los espacios.

Ahí estuvo una de las claves de la goleada. Los cuatro futbolistas ofensivos nunca quedaron atados a sus posiciones iniciales. Lautaro salió del área para asociarse, Julián se movió hacia los costados y atacó los espacios, mientras Paz y Prestianni aparecieron por diferentes sectores. Esa movilidad complicó a una defensa de Burkina Faso que no encontró referencias claras para marcar y que, cuando intentó achicar, dejó espacios a sus espaldas.

Argentina tampoco necesitó elaborar durante largos períodos. Recuperaba la pelota, aceleraba y buscaba rápidamente a sus hombres ofensivos. La verticalidad apareció como una herramienta constante. El tercer gol fue el mejor ejemplo: Enzo rompió líneas con un pase hacia adelante, Prestianni recibió, se asoció con Lautaro y el delantero devolvió de primera. La pared dejó al juvenil mano a mano con el arquero y llegó el primer gol de Prestianni en la Selección mayor. Pocos toques, precisión y velocidad.

También hubo amplitud. Agustín Giay tuvo libertad para proyectarse por derecha, mientras Facundo Medina encontró profundidad desde el otro sector. Eso permitió que Enzo y Mac Allister pudieran jugar más cerca de los atacantes y no tuvieran que retroceder constantemente para iniciar cada avance.

Los goles fueron consecuencia de esa dinámica. Lautaro abrió el marcador después de que el arquero Razak Guira le contuviera el penal y dejara el rebote. Luego llegó el gol en contra de Moumouni Diallo, tras una acción en la que Julián volvió a atacar el área. Prestianni marcó el tercero, "Nico" Paz convirtió el cuarto después de otra diagonal al vacío y Julián cerró un primer tiempo perfecto después de una brillante combinación colectiva a un toque.

El resumen de esos primeros 45 minutos fue claro: pocos pases cuando había espacio para atacar, mucha movilidad y una aceleración constante cerca del área rival. Burkina Faso no pudo sostener la presión ni mantener compactas sus líneas y Argentina aprovechó cada metro que encontró.

Con el partido resuelto, el segundo tiempo se transformó en otra prueba para Scaloni. Leonardo Balerdi, Tomás Palacios, Franco Mastantuono, Matías Soulé y Leonel Flores tuvieron sus oportunidades, mientras el entrenador continuó con la rotación hasta cambiar a los 11 futbolistas. La estructura terminó siendo completamente diferente a la inicial, pero la idea no desapareció.

Incluso con nombres distintos, el seleccionado argentino siguió buscando el arco rival. Mastantuono marcó el sexto después de una asistencia de Lautaro, que volvió a demostrar que también puede participar en la construcción y no solamente finalizar las jugadas. El séptimo fue obra de Giuliano Simeone y completó una noche en la que, además de los siete goles, hubo varias atajadas del arquero burkinés y remates que terminaron en los palos.

 El resultado fue contundente, pero el verdadero dato para Scaloni está en otro lugar. Argentina tiene una identidad que trasciende los nombres. Ante Burkina Faso, los titulares marcaron el camino y los suplentes mantuvieron la intensidad. La Selección goleó, probó variantes y volvió a demostrar que su funcionamiento colectivo sigue siendo su principal fortaleza.

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Leer la nota original en La Gaceta
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