
Rubén Salim Brovia: "Frente a una montaña rusa emocional, hay que tener mucha templanza para emprender"
Una startup biofarmacéutica está a punto de lanzar al mercado un producto que ayudará a pacientes con heridas crónicas.
Resumen para apurados
"Hijo, a vos te espera el mundo". María Rosa lanzó esa frase que impactó en el corazón emprendedor de Rubén Salim Brovia, uno de los promotores de Untech, la startup biofarmacéutica argentina fundada en 2017 que desarrolla un gel terapéutico innovador para la cicatrización de heridas crónicas. Tras 17 años de investigación y 12 de desarrollo. Detrás de ese emprendimiento hay más integrantes: Alberto Ramos Vernieri, Nicolás Cerusico, Romina Chávez Jara y Mariel Driemel y el primer inversor del proyecto, Facundo Garretón. Aquella frase de María Rosa encontró, años después una respuesta que caló hondo en el equipo y que fortificó el proyecto que pronto verá la luz. "Les vamos a recordar como las personas que les devolvió la sonrisa de mi mamá". Gol. Una mujer de 70 años que pasó una prueba de concepto, por una úlcera refractaria a todo tipo de tratamiento, mostró cicatrizaciones de heridas. Su hija envió al equipo una foto de aquella mujer dentro de una pileta de natación, después de 10 años de no poder hacerlo.
El emprendedor atraviesa distintos estadios. Prueba y error; éxitos y fracasos; sueños y realidades. Pero la clave para sostener el proyecto pasa por el propósito, afirma Salim Brovia a LA GACETA. El cofundador y CEO de Untech será uno de los oradores del 6to. Encuentro ACDE Tucumán, que se realizará el martes en el Sheraton Tucumán Hotel. Compartirá el panel sobre "Del sueño al legado: empresas que transforman", junto con Marcos Larre, de Arcor Tucumán.
El desarrollador arrancó de muy pequeño su carrera para convertir ideas en negocios. "A los 15 nació mi pasión, de ver a mi papá (con quien comparte el rol de hacedor y también nombre y apellido: Rubén Salim Brovia) cómo laburaba. Con los años, después de trabajar para una empresa y para el Estado, me di cuenta que tenía que tener un proyecto propio, a mi manera, pero siempre pensando en grande, que me haga sentir orgulloso y que contribuya al bienestar de los demás", cuenta en la entrevista concedida a nuestro diario. En esto, continúa, lo económico pasa a un segundo plano cuando primero están las personas.
La irrupción del iPhone en el mundo tecnológico le llevó a pegar un salto hacia un mercado que, hasta 2012, no estaba tan explorado. "La tecnología me voló la cabeza. El nuevo mundo que trajo el smartphone y las aplicaciones me llevaron a desarrollar una herramienta para celulares de oferta turística que se vendió al gobierno tucumano con realidad aumentada", indica. Después de ese emprendimiento encaró otro: un e-commerce para venta de alimentos y accesorios de mascota con mercado en España y Portugal. "No me fue tan bien y tuve que pegar la vuelta; no era rentable", recuerda.
A su regreso, Salim Brovia se encontró con la oportunidad. Y no fue en un garaje como Microsoft, sino en un bar céntrico de la capital tucumana. Garretón le presentó a Ramos Vernieri, que estaba trabajando en el desarrollo de un producto farmacéutico y un prototipo para heridas crónicas. Cuando le comentó sobre las pruebas de concepto, le hizo un clic en la cabeza de que estaba ante un emprendimiento con un propósito estructural: cambiarle la vida a miles de personas que padecen aquella enfermedad; devolverles bienestar con un producto que todavía no está en el mercado. "Me dije que ese era mi sueño, de que llegue a todos los pacientes de la Argentina que necesiten curarse y que ese producto no sea caro y que no sea para pocos", puntualiza.
"Me acordé de la frase de mi mamá. Y me pregunté qué espera el mundo de mi. No me veo como una estrella de rock, sino que pueda brindar algo de alto impacto para la sociedad. Y no te llegan todos los días una propuesta como la que hizo nacer a Untech, para calmar o quitarle el dolor a tanta gente", indica Salim Brovia.
-¿Qué sentís con esa idea de que le pueden dar una mejora calidad de vida a aquellas personas que padecen enfermedades crónicas?
-Estamos muy cerca de comercializar el producto. Tenemos la patente gestionada en 55 países, abarcando cerca del 90% del mercado global y hasta un acuerdo con un laboratorio para toda Latinoamérica. Estamos en una fase clínica, con pruebas en el Hospital Italiano. Esto no ha resultado sencillo, ya que necesitamos 12 años de trabajo permanente para llevar el medicamento hacia la formulación final. Para todo aquel que encaró un emprendimiento, es muy difícil desarrollarlo si es que no encuentras quien te lo financie, ya que esa inversión debe ser permanente, pensando en el largo plazo. Hay quienes vieron en esto la oportunidad y pusieron capital hace una década. Pero este producto está pasando por distintas pruebas y normas de calidad. Estamos orgullosos de haber logrado lo que hasta ahora hicimos.
-¿Se consideran exitosos?
-Hasta que el medicamento no esté en el mercado y sea rentable, no podemos considerarnos exitosos. Lo miramos en perspectivas. Estudiamos en la Universidad Nacional de Tucumán y estamos orgullosos de eso. Hoy estamos frente a la posibilidad de ayudar a millones de personas con este producto. No es una fantasía y probablemente estamos más cerca de lo que esperamos. El éxito viene desde el proceso; estará en el resultado. Estamos orgullosos de lo que hicimos. Sabes que, cuando emprendes, tenes buenos y malos momentos, altibajos, pero ahora estamos cerca.
-¿Qué pasa por sus cabezas?
-Una montaña rusa emocional en la que hay que tener la templanza necesaria para emprender y mucha perseverancia. Esto ha sido como subirse a un avión y no ver nada. Y seguís en vuelo. Ahora estamos viendo el camino, aunque siempre nos haya acompañado la incertidumbre. Creo que estamos frente a lo mejor del proyecto, que hemos sentado las bases de un trabajo de más de una década, con 17 años de investigación. Y pensar que estamos creando un potencial global, dentro de la industria farmacéutica, que es muy competitiva y difícil. Hemos estado con el Rey de España, hemos recibido premios en Corea y participado en el G 20 de Indonesia. Fuimos invitado a un programa en la Universidad de Harvard y hasta fuimos a la NASA, y eso nos llega de orgullo. Y digo esto no desde el ego, porque no hay que subirse al humo. Es el resultado de un trabajo arduo. Miramos hacia atrás y nos sentimos tan orgullosos y con la responsabilidad de ayudar a mucha gente.
-¿Sería comparable a como cuando Lionel Messi levantó la copa del mundo en Qatar?
-Creo que cuando el producto se vuelque al mercado, podemos llegar a experimentar, tal vez, esa sensación. Queremos que este medicamento llegue a los pacientes y que no tenga que pensar que está frente a una enfermedad que no tiene cura o que está expuesto a que le amputen una pierna. El propósito es firme, nuestra guía para seguir desarrollando. Ese propósito es curar a la mayor cantidad de pacientes en el mundo que sufren de heridas crónicas. Para eso ha sido creado Untech. Sin ese propósito, a este emprendimiento lo hubiésemos abandonado hace tiempo. Es potente.
-Dios quiera que eso suceda pronto...
-Si hemos llegado hasta aquí es porque Dios lo quiere; nuestro Creador quiere que suceda y que nosotros continuemos con la tarea de desarrollarlo. Es una cuestión de fe, de trabajo permanente y de hacer las cosas que hay que hacer para que esto sea pronto una realidad y mucha gente pueda acceder a este medicamento que proponemos. No hay que relajarse.
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