
Ricardo Kirschbaum, periodista: "Mientras nos atacan y nos insultan tenemos que hacer bien nuestro trabajo"
Una charla con Ricardo Kirschbaum, Editor General de Clarín, en la que recuerda sus años jóvenes en Tucumán, analiza los desafíos del periodismo y la relación con el poder político
No hay ámbito más apropiado que la Redacción de un diario para conversar con un periodista. Entonces Ricardo Kirschbaum se mueve en su elemento en LA GACETA, dispuesto a desandar el camino transitado en una profesión que lo entusiasma como el primer día. Partió de Tucumán en tiempos convulsionados (¿cuáles no lo fueron?), hizo pie en Buenos Aires y terminó amalgamado con Clarín, donde completó su cursus honorum: de colaborador a Editor General, al cabo de 50 años de carrera.
En el marco de la Asamblea General de Adepa, Kirschbaum compartirá escenario mañana con Joaquín Morales Solá, otro periodista tucumano consagrado a nivel nacional. En la previa de ese encuentro, Kirschbaum habló de aquel pasado tucumano que persiste como referencia, de los desafíos que enfrenta el oficio ante el avance de las redes y la IA, de las tensiones entre los medios y el poder político y de una Argentina que se encamina hacia un nuevo año electoral en un escenario de polarización, desgaste y malestar económico.
- ¿Dónde está Tucumán hoy en tu vida? ¿Qué te pasa cada vez que venís?
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- Creo que tengo el síndrome del exiliado. Busco un Tucumán que ya no existe más. Siempre es una especie de choque. Aunque tengo amigos y parientes acá, secretamente, cuando recorro la ciudad, busco algunos lugares o personajes que no están más. Como La Cosechera, porque de la original sólo queda la boiserie. Pero Tucumán fue una gran escuela cultural y política, y creo que eso fue para mí un gran entrenamiento, que luego experimenté cuando comencé a ejercer el periodismo intensamente en Buenos Aires. Tucumán siempre es un recordatorio de dónde uno viene.
- ¿Qué recordás de aquellos momentos en Tucumán?
- Vivimos un tiempo muy complicado, peligroso, intenso, apasionante, que a la vez nos hizo quemar etapas en la formación periodística. En Tucumán pasaron muchas cosas; cosas serias. Fue un laboratorio de la represión, fue un laboratorio de la guerrilla... Pero además, en Tucumán había en esa época una vida cultural muy intensa, era una referencia nacional muy fuerte en muchos rubros. No existían otras universidades nacionales, había muchos estudiantes de otras provincias y de otros países aquí.
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- ¿Y hoy?
- Desde mi punto de vista de Buenos Aires lo noto un poco más débil, hablando del peso que tenía Tucumán en la cultura del interior y de cómo irradiaba esa cultura.
- ¿Cómo vivís el periodismo al cabo de tantas décadas en un medio como Clarín?
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- Sigo viviendo con intensidad mi profesión, cosa que me produce mucha satisfacción. Hago lo que me gusta, trato de hacerlo mejor y de adaptarme a los tiempos. No me quedé pensando que el periodismo gráfico era el mejor, sino que fue una etapa. Tuve la suerte de ver la evolución del periodismo desde adentro, porque la semana pasada cumplí 50 años en Clarín. Es decir que viví el plomo, el tránsito al off-set y el tránsito a lo digital. Y lo viví desde posiciones de decisión en muchos casos, con lo cual intervine, me equivoqué y acerté, no sé en qué proporción. Pero pude vivir en primera persona y en primera línea ese cambio.
- Les tocó transitar épocas muy complejas...
- Sí, fueron años muy complicados en términos de vinculación con el poder político, sobre todo en la época del kirchnerismo, un período muy duro para nosotros. Inteligentemente, el kirchnerismo atacó el pilar de un diario: la credibilidad. Una vez, El País de Madrid lo tituló como "el asesinato de la reputación", que es el capital de un periódico y el capital de un periodista. Además, a esa cuestión se sumó la aparición de la era digital, donde la verdad no tiene mucha importancia. Es más, la desinformación es la naturaleza de ese mundo de las redes, como dice el director editorial de La Nación en un artículo muy interesante que reprodujo también LA GACETA.
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- ¿Cómo analizás este proceso?
- A lo largo de mi vida he visto cómo, de la centralidad informativa que tenían los diarios, esa centralidad se iba perdiendo, y cómo la forma de jerarquización de las noticias que realiza un editor deja de tener importancia en una tira de noticias permanente como es la que aparece en el teléfono. Pero bueno, eso es un punto irreversible. Hay que aceptarlo como tal. Y la irrupción de la inteligencia artificial le añade al periodismo un nuevo gran desafío: cómo diferenciarse, cómo ser original en un mundo donde te pueden imitar hasta la voz.
- ¿Cómo se trabaja con la IA en Clarín?
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- Tenemos una porción de nuestro diario, bastante pequeña, que hacemos con inteligencia artificial, sobre todo noticias que no son centrales. Tratamos de conservar la producción original, porque creo es la única salida que tienen los medios tradicionales para sobrevivir en este mundo tan horizontal de información.
- Transitaste 50 años de Redacciones de Clarín, gestionándolas en tiempos complejos. ¿Cómo se hace para mantener la cohesión en el día a día cuando las cosas se ponen tan difíciles?
- No fue una tarea simple. Pero utilizamos un error de nuestros adversarios, que fue atacar en conjunto a la Redacción. Esto provocó una reacción positiva, en el sentido de que la Redacción reaccionó ante un ataque que era no sólo injusto, sino que buscaba presuntamente debilitar la credibilidad del trabajo periodístico. Por cierto, mantener cierto equilibrio ante tanta presión fue una tarea difícil, porque había que moderar la respuesta, en el sentido de que el lector no tenía que ser partícipe de una guerra. Uno sirve al lector para ofrecerle análisis, información, puntos de vista, polémica, pero lamentablemente la Argentina tan polarizada afectó a los medios y el hábito de comprar un diario se quebró por razones políticas. Bueno, fue un juego de suma cero porque los diarios estaban más amenazados por el cambio de época que por una lucha política. Eso, de alguna forma, nos permitió reconstruir la Redacción en base a otras pautas y a otros estímulos. Sin embargo, tengo que decir que el periodismo, desde mi punto de vista, todavía sigue siendo un periodismo basado en el papel.
- ¿Aunque la era audiovisual sea el futuro?
- Sí, reconozco que la era audiovisual es el futuro del periodismo. Pero el periodismo de papel, desde mi punto de vista -quiero ser justo-, ha producido profesionales que han podido adaptarse al nuevo mundo con herramientas que quizás los nuevos periodistas que vienen exclusivamente del mundo digital no tienen. Ellos tienen otras herramientas y otras habilidades que nosotros no tenemos, pero esa vinculación híbrida entre veteranos de una plataforma y nuevos de otra puede producir un producto interesante.
- ¿Cómo te imaginás las Redacciones del futuro?
- No me las imagino porque no me imagino todavía el impacto real que va a tener la inteligencia artificial sobre nuestra profesión. Hay que pensar que cuando yo comencé existía el télex, que era una especie de maravilla. Y a lo largo de mi trayectoria se incorporó el fax. Me acuerdo de la primera laptop que utilicé en una visita de Alfonsín a Washington: pesaba ocho kilos... La transformación es tan rápida que es difícil imaginar una Redacción. En Clarín estamos en plena transición, abandonando el edificio histórico de Tacuarí y Piedras, y armando una nueva Redacción de acuerdo con el contexto del año 2026. Pero el año 2030 no sabemos cómo va a ser. Lo que sí creo es que va a ser un periodismo menos vinculado al texto y mucho más vinculado a la imagen y al mundo de las redes. Pero siempre va a persistir en cierta parte de la población, que es más longeva, un hábito cultural que es difícil de romper: el hábito de tener un orden jerárquico de noticias. Eso lo decide un editor. Me parece que es una ventaja comparativa que todavía tienen los diarios, esa poder de fijar la agenda noticiosa.
- Hablaste de los ataques del kirchnerismo y ahora hay un fenómeno distinto en la Casa Rosada.
- Es algo distinto y no por eso menos peligroso, pero nos agarra más con la guardia alta. Creemos que es otro mundo, el de las redes, donde este Gobierno se desenvuelve. Por lo tanto, tenemos dificultades de acceso porque el Gobierno elige a los periodistas con los cuales va a hablar, no se somete -salvo la vinculación con algunos voceros-, no acepta reportajes si no son periodistas "confiables" (las comillas son de Kirschbaum). Pero bueno, hacemos nuestro trabajo y seguimos un dicho de Marty Baron, exjefe de Redacción de The Washington Post: mientras nos atacan y nos insultan, nosotros tenemos que hacer bien nuestro trabajo. Cuanto mejor hagamos nuestro trabajo quizás nos insulten más, pero va a ser mucho más eficaz.
- ¿Cómo analizás la actualidad nacional, en vísperas de un año electoral?
- La campaña de Milei está lanzada. Creo que tiene razón cuando dice que su reelección depende casi de sí mismo. Es un Gobierno que comete errores no forzados y que todavía no tiene una oposición articulada al frente. Las encuestas, sin embargo, muestran que el país sigue polarizado, que el Gobierno ha perdido imagen, y que sostiene que las formas no tienen importancia sino el fondo, pero la sociedad está dándole importancia a las formas. Cada vez más, lo que antes divertía o parecía original ahora provoca rechazo, sobre todo porque la sociedad está pasando una situación económica de estrecheces. Eso es resultado de una política económica que ha tenido un éxito macroeconómico en términos numéricos, pero que en la economía de cada día está produciendo reacciones y malestar.
- ¿Qué significa Clarín en tu vida al cabo de medio siglo de carrera?
- Podría darte una respuesta sencilla: ha sido una parte de mi vida. Y así como Clarín me ha dado una vida, yo también le he dado una parte de mi vida a Clarín. Me ha permitido crecer periodísticamente en un medio muy influyente, contar con un feedback inmediato de mi trabajo, conocer el mundo... Y me permitió construir una carrera basada en las cosas que siempre he pensado sobre la democracia y las libertades.
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