
¿Otro arancel? Trump se involucra en la industria de chips
La guerra tecnológica entre Estados Unidos y China podría estar a punto de entrar en una nueva fase. La Administración de Donald Trump estudia imponer nuevos aranceles a los semiconductores…
La guerra tecnológica entre Estados Unidos y China podría estar a punto de entrar en una nueva fase. La Administración de Donald Trump estudia imponer nuevos aranceles a los semiconductores y a una lista más amplia de productos tecnológicos, según un informe de Politico.
La medida todavía se encuentra en una etapa inicial y podría cambiar en los próximos meses. Sin embargo, el planteamiento ya genera preocupación entre las compañías tecnológicas, especialmente porque el alcance sería mayor al de los aranceles aplicados hasta ahora.
Según ocho personas familiarizadas con las conversaciones citadas por Politico, los posibles impuestos no afectarían únicamente a los chips. También podrían alcanzar servidores para centros de datos, ordenadores portátiles y equipos utilizados para videojuegos.
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El objetivo de Washington sería reforzar la fabricación de semiconductores dentro de Estados Unidos y reducir la dependencia de proveedores extranjeros en un sector considerado estratégico para la economía y, cada vez más, para la seguridad nacional.
La Casa Blanca defendió precisamente esa estrategia. «Repatriar la fabricación de semiconductores es una prioridad absoluta para el presidente Trump«, afirmó a Politico, al señalar que las políticas de la Administración ya habían generado cientos de miles de millones de dólares en nuevas inversiones en el sector.
La decisión llega en un momento especialmente delicado para Estados Unidos y China. Ambos países están invirtiendo enormes cantidades de dinero para desarrollar centros de datos, modelos de inteligencia artificial y sistemas capaces de competir en la nueva carrera tecnológica.
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Los chips avanzados son una pieza fundamental de esa competencia. Nvidia (NVDA) y otros fabricantes estadounidenses dependen de una compleja cadena de producción internacional, por lo que cualquier nuevo arancel podría terminar repercutiendo en los costes de fabricación de servidores y otros equipos.
Trump ya había amenazado con imponer fuertes aranceles a los semiconductores durante su primer año de mandato. En 2025 llegó a hablar de tasas cercanas al 100%, aunque los productos fabricados dentro de Estados Unidos podrían quedar exentos.
En enero, su Administración dio un primer paso al imponer un arancel del 25% sobre determinados chips utilizados en inteligencia artificial.
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Ahora, el posible nuevo paquete tendría un alcance mucho mayor.
El problema para Washington es que gravar los productos tecnológicos también puede aumentar los costes para las propias empresas estadounidenses. Los centros de datos necesitan enormes cantidades de servidores y componentes para desarrollar inteligencia artificial, por lo que un encarecimiento de estos equipos podría elevar el coste de construir nueva capacidad informática.
La otra preocupación está en China. A pesar de las restricciones estadounidenses a la exportación de chips avanzados, compañías chinas todavía han encontrado formas de acceder a capacidad de computación desarrollada con tecnología estadounidense.
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Una de las vías son los proveedores extranjeros de servicios en la nube. Las empresas pueden utilizar esos centros de datos para acceder a potencia informática sin tener que comprar directamente los chips restringidos.
Para Washington, esa situación supone un agujero difícil de controlar. Estados Unidos puede limitar la venta directa de determinados procesadores, pero resulta mucho más complicado vigilar todos los servicios de computación que se ofrecen desde otros países.
El Congreso estadounidense ya debate posibles medidas para cerrar esa vía, aunque todavía existen obstáculos antes de que puedan convertirse en una política efectiva.
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Por ahora, el nuevo plan de aranceles tampoco está cerrado. Pero el mensaje de la Administración Trump es cada vez más claro. Estados Unidos quiere que una mayor parte de la cadena de producción de chips y de infraestructura de inteligencia artificial permanezca dentro de sus fronteras.
El desafío será hacerlo sin encarecer demasiado una tecnología que el propio país considera fundamental para competir con China.
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