
"No soy una rockstar que se tira del balcón": Sol Mihanovich presenta su nuevo álbum y revela el consejo que le da su abuela, Mónica Cahen D'Anvers, a los 92 años
Hay discos que nacen en la frialdad de un estudio de grabación y otros que se cocinan a fuego lento, entre ma…
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Hay discos que nacen en la frialdad de un estudio de grabación y otros que se cocinan a fuego lento, entre mates, charlas cotidianas y cables cruzados por el piso del comedor. Hacer lugar, el quinto álbum de estudio de Sol Mihanovich que acaba de ver la luz en plataformas digitales y que presentará oficialmente en vivo mañana, sábado 17 de octubre, pertenece sin dudas al segundo grupo.
"Lo arrancamos a grabar en mi casa un verano: directamente movimos el sillón, armamos la batería y estuvimos con toda mi banda tipo campamento una semana entera. Fue espectacular", recuerda Sol con una calidez que traspasa el teléfono. En ese momento, las canciones ya latían, pero el proyecto todavía no tenía nombre. Pensó en llamarlo Casa, porque todo su universo parecía orbitar ahí adentro, hasta que una conversación reveladora con su hermana menor -doce años más chica, fruto del segundo matrimonio de su mamá- le dio el título definitivo.
"Ella tenía un trabajo que no le gustaba y me dijo: 'Voy a renunciar'. Como buena estructurada que soy, le pregunté cómo iba a pagar el alquiler, qué iba a hacer. Y me contestó: 'No sé, pero necesito hacer un poco de lugar'. Me pareció espectacular", relata la artista. De esa charla nació la canción que bautiza al disco y que resume su filosofía actual: "Hacer lugar puede ser algo físico, esa generosidad de decirle a alguien 'vení que te hago un rincón', pero también es hacernos espacio adentro nuestro cuando no estamos bien para que entren las cosas que sí nos hacen felices. Escribir para mí es cien por ciento terapia; muchas veces siento que lo que compongo me lo estoy cantando un poco a mí misma, es lo que yo necesito escuchar".
El proceso de gestación de Hacer lugar llevó poco más de dos años. Aunque las bases se grabaron en febrero de 2024, Sol -que es una artista 100% autogestiva- decidió no correr detrás de ningún reloj. Y no fue casualidad: su vida personal atravesaba una etapa de profundos movimientos internos y reacomodamientos familiares.
"Fueron años de mucho cambio. La muerte de mi abuelo fue algo muy fuerte que a mí me hizo cambiar el rumbo en varias cosas de mi vida y de mi trabajo", confiesa sobre la partida del histórico periodista César Mascetti, fallecido el 4 de octubre de 2022. Junto a su abuela, Mónica Cahen D'Anvers, César fundó en San Pedro la emblemática Campiña de Mónica y César, un espacio productivo, gastronómico y cultural que, tras su ausencia, necesitó que toda la familia pusiera el hombro.
"Desde que no está él, que era quien más manejaba todo, nos involucramos todos, aunque probablemente yo soy la que está en un rol más activo como codirectora -explica Sol-. Voy todos los jueves y estoy metida en proyectos nuevos, en la modernización, profesionalización y comunicación, que era lo que faltaba. Mi abuelo era muy fóbico a las redes sociales, tenía otro estilo. Pero hoy sumamos herramientas para que la experiencia esté a la altura de lo que ellos soñaron".
A ese nuevo desafío laboral se le sumó la llegada de la cuarta década: "A los cuarenta uno se plantea muchas cosas. Sentí que había que ocuparse de otros temas y acomodarse. Por eso dije: 'Este disco va a caer cuando tenga que caer, sin presión'. Y siento que sale en el momento exacto en que tenía que salir".
Eso sí, lejos de ocultar el paso del tiempo, Sol revela con orgullo que tiene 44 años y comparte la filosofía que heredó de su abuela, a quien en la intimidad familiar llama "Moca" -un apodo que le puso una de sus sobrinas y que adoptaron también sus históricos compañeros de trabajo-: "Mi abuela toda la vida me dijo que hay que decir la edad, porque es la única forma de que te digan '¡Qué bien que estás!'. Ella hasta el día de hoy te dice 'tengo 92', ¡y lo hace feliz! Me parece un gran consejo".
En el universo de Sol, las canciones nunca fueron un oficio ajeno ni un traje que se cuelga al bajar del escenario; son, más bien, el idioma con el que se crió. Hija del músico Iván "Vane" Mihanovich y sobrina de la inigualable Sandra Mihanovich -cuya banda integra desde hace dos décadas-, además de dirigir la escuela de comedia musical Sound of Music en Olivos y Pilar, la cantautora supo construir un puente natural entre su apellido y la familia que formó hace veinte años junto a su marido, el bajista Matías Onzari.
Fruto de esa historia de amor nacieron Elina (15)y Amelia (12), sus dos hijas, quienes crecieron rodeadas de guitarras, ensayos y melodías a toda hora. "En casa hay música por todos lados; sus dos padres son músicos, así que ellas lo viven con total naturalidad. Está el que nace en una familia de contadores, de periodistas o de abogados... bueno, a ellas les tocó de músicos", dice Sol con una sonrisa.
Con semejante herencia, el despertar artístico de las chicas es casi inevitable. Desde que tenían apenas tres años, las dos hacen comedia musical, estudian canto, tocan instrumentos y disfrutan de subirse a un escenario. De hecho, ese talento que empezó en la niñez ya las llevó a protagonizar hitos que cualquier músico consagrado envidiaría: "Ellas ya tienen sus experiencias: cantaron en vivo con Lito Vitale, grabaron en un disco de Magdalena Fleitas y hasta participaron en un álbum de León Gieco. Yo las jorobo porque grabaron en una canción de Víctor Jara en la que está cantando León, toca el chelo el brasileño Jaques Morelenbaum -que es el chelista que yo más amo en todo el mundo- y habla Roger Waters. ¡Y ellas están cantando ahí! ¿Vos entendés? ¡Yo pienso que estas chiquitas todavía no tienen noción de lo que les pasó!".
Frente a esa vocación que asoma, Sol elige correrse de la ansiedad materna y acompañarlas sin apuros. "No quiero meterles presión; a Elina todavía le faltan un par de años para empezar a tomar esas decisiones -reflexiona-. A mí me pasó algo parecido, y a mis papás les debe haber pasado lo mismo conmigo: cuando terminé el colegio empecé cantando con mi viejo durante varios años en un espectáculo que se llamaba De tal palo tal astilla, hasta que a los 22 le dije 'che, pa, espectacular, pero quiero hacer mis canciones' y armé mi propia banda. Creo que está buenísimo sentir el apoyo familiar, pero dejando que ellas vayan investigando qué les gusta y qué no con total libertad".
De todos modos, de esa convivencia musical cotidiana surgió, de manera totalmente orgánica, que Elina y Amelia se convirtieran en piezas fundamentales de Hacer lugar. Como el álbum se gestó puertas adentro de su casa, las chicas siguieron cada paso del proceso de cerca. Tanto fue así que la menor terminó apurando a su mamá para que definiera el lanzamiento: "Hay una canción del disco que se llama Vamos a bailar que a Amelia le fascina, y en un momento me encaró y me dijo: 'Mamá, terminá el disco porque si no esa canción la voy a terminar grabando yo'", cuenta Sol entre risas.
¡Pero eso no es todo! Además de empujar el estreno, las hermanas pusieron el cuerpo frente a las cámaras. Es que en lugar de rodar videoclips tradicionales de gran producción, Sol optó por visualizers: videos en plano secuencia, casi sin edición, de la misma duración que cada tema, filmados con la dirección de Ana Luz Furth y producción de Josué Sineiro en la calidez de su hogar junto a amigos y con cuatro de esas piezas protagonizadas por sus propias hijas.
Uno de esos videos caseros en los que actúa Elina corresponde a Los últimos besos, una canción que mañana sábado la tendrá subiendo al escenario de The Lift para cantarla a dúo con su mamá, en un reemplazo tan inesperado como especial.
Originalmente, ese tema -el único feat de todo el álbum- fue grabado junto a Leo García. "Para mí era una canción que sí o sí tenía que compartir con un varón -recuerda Sol sobre cómo nació esa colaboración-. A Leo lo conocí cuando vino de invitado a Había una vez rock, una obra de teatro de rock nacional para chicos en la que participo. Me cayó increíble, pegamos una onda bárbara y en ese mismo momento le pregunté si quería venir a cantar una canción. Me dijo 'obvio, ¿cuándo vamos?'. Fue súper amoroso; es un laburante de la música con una trayectoria enorme y un talento alucinante, así que fue un honor".
Sin embargo, como Leo tenía otro compromiso agendado para la noche de la presentación y no va a poder estar presente, Sol no dudó en buscar a su compañera de dueto puertas adentro: "Como Elina ya protagonizaba el visualizer de la canción, le dije: 'Che, ¿la querés venir a cantar conmigo?'. Y me respondió: 'Sí, dale, sin problema'". La invitación a su hija mayor no fue solo por amor maternal; a sus 15 años, la adolescente tiene un don vocal que sorprende a todos. "¡No sabés cómo canta Elina, es increíble! Es hasta agotadora directamente, porque está todo el tiempo cantando sin parar y escuchando música; le pega muchísimo por ese lado", cuenta Sol con cierto orgullo.
Claro que compartir la pasión artística con una hija adolescente también tiene sus desopilantes idas y vueltas cotidianos: "Está justo en esa edad en la que yo quiero estar cantando todo el tiempo con ella y me dice 'andate, mamá' (Risas). De hecho, como ya venía a cantar este tema el sábado, me entusiasmé, la quise meter en la banda y le tiré: 'Che, ¿te animás a hacer unos coros en otra canción?'. Y me frenó en seco: 'No, mamá, tengo que estudiar mucho'. Así que vamos de a poquito. Ahora tengo que ver qué pasa con Amelia, la más chiquita, que ya me preguntó si iba a tener bailarinas en el show y le dije que si quería ponerse a bailar, tenía el lugar...".
Detrás de la letra de Los últimos besos -ese tema donde dos personas se dejan de ver y una le ruega a la otra "no me dejes ir, que yo no me fui"- se esconde una de las curiosidades más simpáticas del proceso creativo de Sol. Si bien la columna vertebral de Hacer lugar nace de sus propias vivencias -como ocurre en El tiempo, una canción que pide que la rutina nos deje margen para lo que nos hace bien-, a la hora de escribir sobre corazones rotos o dramas pasionales tiene que recurrir a un truco infalible: salir a buscar inspiración afuera de su casa.
"La historia de Los últimos besos me la imaginé yo -confiesa entre risas-. Siempre jorobo con que estoy casada hace veinte años con la misma persona y tengo dos hijas; no soy una rockstar en ese sentido, no me ando tirando del balcón ni acumulo esa cantidad de anécdotas románticas dramáticas. Podría ser divertido, ¡pero no es mi caso! Así que cuando quiero contar ese tipo de historias tengo que nutrirme de mi imaginación o tomar prestadas anécdotas de amigos".
Esa misma frescura, libre de poses de estrella, aparece cuando mira hacia atrás y repasa lo que cuesta sostener una carrera ciento por ciento autogestiva en la Argentina. Con cinco trabajos en su haber -el EP Cuadernos Nuevos, El Juego, Suerte, En Viaje y el flamante Hacer Lugar-, Sol sabe muy bien que la independencia artística da tanta libertad como trabajo.
"Al no tener a nadie que me corra, le puedo dar a cada disco el tiempo que necesita. Aunque a veces esta carrera de hacer música de forma independiente se vuelve un poco solitaria y pesada -reconoce con honestidad-. Es que si bien tengo a mi banda de siempre, la última decisión recae sobre mí, y si una está ocupada con otras cosas de la vida, el disco no se termina solo. De a ratos vas perdiendo el faro. Por suerte tengo un grupo de amigas cantautoras con las que nos juntamos muy seguido a compartir todo lo que nos pasa y con las que estamos todo el día en un grupo de WhatsApp preguntándonos '¿alguien tiene quien haga lindos videos?' o '¿cómo puedo hacer para registrar tal cosa?'. Nos acompañamos mucho en ese camino".
En medio de ese trabajo a pulmón, los reconocimientos de la industria cobran un sabor especial, aunque no exento de obstáculos insólitos. "En 2015, cuando saqué mi tercer disco, Suerte -un álbum que amo-, me pasó algo muy loco: no lo pude postular a los Premios Gardel. Es que en aquella época todavía se exigían CDs físicos y SADAIC no te permitía hacer el caminito del registro si fabricabas menos de mil copias. Y la verdad es que yo no tenía plata para pagar mil, llegué a hacer solamente quinientas y me quedé afuera", recuerda.
Sin embargo, la revancha llegó por partida doble: los únicos dos discos que sí pudo inscribir formalmente -El Juego y En Viaje, este último editado a fines de 2019, justo antes de la pandemia- consiguieron nominaciones a los Gardel como Mejor Artista Nueva y Mejor Disco de Canción de Autor. ¿Si a ella le importan los premios? Sol responde: "La verdad que yo no hago un disco pensando en llegar ahí, pero cuando aparece la nominación me da un orgullo enorme. Lo siento como un mimo, porque es saber que otros colegas escucharon tu trabajo después de tanto esfuerzo y que les encantó. Aunque, sin dudas, lo que más me gusta es cuando alguien se acerca después de un show y me dice: 'Che, esta historia que contaste me llegó, me hizo acordar a algo mío'. Es lo más lindo cuando la gente hace propias las canciones".
Aunque todo el material visual de los temas del álbum era súper analógico y casero, a Sol le faltaba definir la portada del disco y recurrió a Mrs Pepita, una artista digital que trabaja con Inteligencia Artificial.
"En un solo día me armó esta casita que no la hubiera podido lograr de otra manera", cuenta sobre la ilustración de tapa, donde se la ve de espaldas tocando un piano rosa en el corazón de una casa de muñecas llena de vida que a algunos les parecerá que tiene un aire a la casa de Lover, de Taylor Swift, pero ella asegura que nunca la había visto. Lo que sí generó un divertido debate en la mesa familiar fue la decisión de usar esa tecnología: "Mi hija de 15 me decía '¡Ay, mamá, con IA!', porque a los más jóvenes les parece un horror. Justamente a raíz de eso charlamos sobre lo raro y difícil que se está poniendo el mundo para cuando a ellas les toque elegir a qué dedicarse. Y si bien hoy tenemos cualquier canción al alcance de la mano en un minuto desde el teléfono, yo siento fervientemente que toda esta cosa artesanal de estar tocando una guitarra o un piano y cantando en vivo jamás se va a perder; al contrario, se va a revalorizar cada vez más".
Con esa bandera de defender lo genuino y el encuentro cara a cara, Sol se prepara para subir al escenario mañana sábado en The Lift con banda completa -y el próximo 13 de noviembre en formato acústico en La Casa de Lolita-: "Ir a escuchar música en vivo, sobre todo en lugares chicos que tienen ese encanto tan especial, tiene que ver con habitar el presente. Es estar ahí y poder decir: 'Yo estuve esa noche en que se cantó esa canción'. Esa magia nos acerca y no se reemplaza con nada", asegura.
A esa mística del vivo se le suma, además, una linda expectativa familiar. A diferencia de otros procesos, esta vez Sol decidió guardarse el disco casi bajo siete llaves hasta su lanzamiento de este jueves. Salvo algún tema como Vamos a bailar, que ya venía cantando en sus shows, ni su tía Sandra ni su abuela Mónica Cahen D'Anvers escucharon el material completo.
Por eso, cuando mañana a las 20 horas se enciendan las luces en The Lift, la expectativa también estará puesta abajo del escenario. Con las canciones recién salidas a la calle y hasta Elina al micrófono, Sol confía en que tendrá la asistencia completa de su famoso clan: "Sandra viene, mi viejo también y yo creo que mi abuela también va a venir porque está viviendo con Sandra, así que es más que posible que venga", adelanta. Así, todo indica que Mónica dirá presente en la sala para descubrir la obra en vivo y aplaudir de cerca, una vez más, a su querida nieta.
Agradecemos a @kja_cine, Ana Luz Furth, Josué Sineiro, Sol Onzari, Violeta Collares y @duplacreativa.prod
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Título de la publicación: GENTE Y LA ACTUALIDAD
Nº de Edición: 2694 – Fecha: 16/10/2026
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