Saltar al contenido
Ahora
No desperdiciar la vida
ActualidadTucumán

No desperdiciar la vida

PA
Pamela Arraya
miércoles, 30 de septiembre de 2026 · 09:00 a. m. hs · 5 min
Compartir

Noticias de Jujuy, Argentina y el Mundo. El Tribuno de Jujuy ofrece noticias de último momento, actualidad, deportes, policial, económico, social, política e información de interés general. Informate

Celeste sabía que esa relación ya no daba para más. Lo había pensado muchas veces. Incluso había sido ella quien había dicho que era mejor terminar. Sin embargo, ahí estaba otra vez. Entrando a su Instagram. Mirando sus historias. Deteniéndose en las fotografías que él había subido con esa mujer de la que, durante tanto tiempo, había dicho que "no pasaba nada", que eran solamente compañeros. Miraba una foto. Después otra. Ampliaba la imagen, ella es más joven, tiene el cuerpo perfecto. Y cada vez que cerraba el teléfono se sentía un poco peor.

En cambio, Juan, no podía dejar de hacerse otra pregunta: ¿Cómo pudo rehacer su vida tan rápido? Si ya estaba con otra persona, ¿sería que nunca lo había amado de verdad? ¿Por qué ella podía seguir adelante y él no?

Dos historias diferentes. Una experiencia bastante parecida.

Pensamientos que vuelven una y otra vez. Preguntas que no encuentran respuesta. Escenas que reconstruimos mentalmente. Conversaciones imaginarias. Comparaciones. Enojo. Tristeza. Culpa. Y una enorme cantidad de energía puesta en un lugar en el que, probablemente, ya no puede producir ningún cambio.

Todo lo que desperdiciamos sin darnos cuenta. Cada 29 de septiembre se conmemora el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, establecido por Naciones Unidas. La fecha busca poner en evidencia un problema enorme: aproximadamente el 13% de los alimentos se pierde antes de llegar al comercio minorista y alrededor del 19% de los alimentos disponibles para los consumidores termina desperdiciándose en hogares, comercios y servicios de alimentación. Son cifras que impactan.Tal vez porque el desperdicio, cuando se puede ver, nos resulta evidente. Una fruta que se pudre en el fondo de la heladera. Un plato que vuelve casi entero de la mesa. Algo que compramos y nunca utilizamos.

Pero hay otros desperdicios para los que todavía no inventamos estadísticas. ¿Cuánta vida desperdiciamos sin darnos cuenta? ¿Cuántas horas invertimos intentando comprender por qué alguien hizo lo que hizo? ¿Cuánta energía dejamos atrapada en conversaciones que ya terminaron? ¿Cuánto bienestar perdemos mirando la vida de otros y comparándola con la nuestra? ¿Cuánto de nosotros se queda esperando una explicación, una disculpa, un reconocimiento, un mensaje, un cambio que quizá nunca llegue? Y no sucede solamente en los vínculos amorosos. A veces desperdiciamos energía intentando agradar a quien difícilmente vaya a reconocernos. O tratando de demostrar nuestro valor frente a quien ya decidió no verlo.

Seguimos discutiendo mentalmente con alguien que ni siquiera está presente. Volvemos una y otra vez sobre una injusticia buscando en el pensamiento la reparación que la realidad todavía no nos dio. Postergamos una conversación por miedo. Permanecemos demasiado tiempo en lugares que ya nos quedan pequeños. Decimos "algún día" a aquello que nos importa mientras llenamos la agenda de cosas urgentes que, curiosamente, dentro de algunos años probablemente ni recordemos.

La energía también tiene un destino. Quizá el problema no sea pensar en aquello que nos pasó. Necesitamos comprender. Elaborar. Hacer duelo. Enojarnos. Preguntarnos. Incluso volver varias veces sobre una experiencia hasta poder integrarla. El problema aparece cuando dejamos de procesar una experiencia y comenzamos a vivir dentro de ella. Hay una diferencia. Una cosa es mirar el pasado para comprender nuestra historia. Otra muy distinta es seguir entregándole nuestro presente. Porque cada pensamiento sostenido moviliza emociones, y esas emociones influyen en nuestras acciones.

Si durante horas pienso en aquello que perdí, en quien me rechazó, en la injusticia que viví o en lo que otro tiene y yo no, no solamente estoy "pensando". Estoy sintiendo. Mi cuerpo participa. Mi atención queda capturada. Mi estado de ánimo cambia. Y desde ese estado también cambia mi manera de mirar las posibilidades que todavía existen delante de mí. Por eso quizá deberíamos ampliar nuestra idea de desperdicio. No perdemos solamente tiempo. Podemos perder bienestar, confianza.

Podemos erosionar nuestra autoestima comparándonos permanentemente. Podemos perder disponibilidad para otros vínculos. Podemos incluso dejar pasar oportunidades nuevas porque seguimos mirando hacia una puerta que ya se cerró.

Piensa: ¿cómo estás habitando tu propia vida. ¿Dónde está hoy tu energía? Si pudiéramos dibujar un mapa de tu energía en los últimos siete días, ¿dónde estaría puesta? ¿En aquello que podemos transformar?¿O en aquello que ya no depende de nosotros? ¿Cuánta quedó atrapada en el enojo? ¿En tratar de controlar lo que otro piensa, siente o hace? ¿En imaginar escenarios que todavía no ocurrieron? ¿Cuánta en demostrar?¿En compararnos?¿En esperar? Y, sobre todo ¿cuánta quedó disponible para nosotros?

No se trata de convertir la vida en una nueva exigencia de productividad. No estoy diciendo que cada minuto tenga que ser "aprovechado". También necesitamos perder el tiempo. Mirar por una ventana. Dormir una siesta. Tomar un café sin hacer nada útil. Jugar. Caminar sin destino. Escuchar una canción dos veces. Eso no es desperdiciar la vida. Eso también es vivirla, se siente en el cuerpo. ¿Puedes registrarla? Obsérvala para que sepas cuando estas habitando o no ese espacio.

Desperdiciar la vida es otra cosa. ¿Estás donde ya sabes que no querés estar? ¿Estás pidiendo afuera una respuesta que está adentro? ¿Estás postergando? ¿Esperando el momento perfecto? Dejar para después un abrazo, una conversación, un proyecto, un viaje, una idea. O nuestra propia vida.

Tal vez por eso, mientras el mundo habla este 29 de septiembre de aquello que desechamos sin consumir, podríamos permitirnos mirar también otro tipo de desperdicio. El que no aparece en ninguna estadística. Porque podemos volver a comprar una fruta. Podemos preparar otra comida.

Hay muchas cosas que podemos recuperar. Pero hay algo que no vuelve a colocarse en la heladera para tomarlo mañana: el tiempo de nuestra vida.

¿Esto que hoy ocupa tanto de mí merece realmente tanta parte de mi vida? No siempre podremos elegir lo que nos ocurre. Pero sí podemos comenzar a decidir qué merece nuestra atención, dónde ponemos nuestra energía y qué queremos hacer con el tiempo que todavía tenemos por delante.

Porque cuidar la vida no consiste solamente en conseguir que dure.

También consiste en procurar que, mientras dure, sea nuestra.

(*) Psicóloga, Magíster en Salud Pública y Coach Ontológica (Aacop-Ficop 3903). Integra psicología, coaching, neurociencias, espiritualidad y arte para acompañar procesos de transformación en personas y organizaciones. Su enfoque trabaja relaciones conscientes, bienestar emocional y liderazgo humano, con herramientas aplicables a la vida cotidiana y al mundo profesional.

Temas de la nota

#provinciales#2026#desperdiciar#vida#jujuy
Leer la nota original en El Tribuno de Jujuy
¿Necesitás plata?

Mirá qué bancos pueden prestarte hoy

Hacé tu simulación
Te puede interesar

Más de Actualidad