
Michael Saylor quiere llevar Bitcoin al corazón de la banca y proyecta un mercado de activos digitales de 100 billones de USD
Michael Saylor quiere que los bancos puedan custodiar Bitcoin para sus clientes y conceder préstamos utilizando BTC como garantía
Michael Saylor está planteando una nueva etapa para la adopción institucional de Bitcoin: que los bancos no se limiten a permitir que sus clientes compren BTC, sino que comiencen a integrarlo directamente en servicios financieros tradicionales.
El presidente ejecutivo de Strategy quiere que las entidades puedan custodiar Bitcoin y conceder préstamos respaldados por BTC bajo reglas regulatorias más claras y, en su opinión, menos restrictivas.
Su argumento es que una mayor participación bancaria podría conectar a Bitcoin con una cantidad de capital considerablemente mayor y crear nuevos productos de crédito alrededor del activo.
El modelo que plantea Saylor se parece al utilizado tradicionalmente con otros activos.
Un cliente podría depositar Bitcoin bajo custodia de un banco y utilizar parte del valor de esos BTC como garantía para obtener financiación. De esta manera, podría acceder a liquidez sin necesidad de vender inmediatamente sus bitcoins.
Pero Saylor considera fundamental que los reguladores diferencien tres actividades: custodiar BTC perteneciente a clientes, prestar dinero utilizando esos BTC como garantía y mantener Bitcoin directamente con el capital propio del banco.
La diferencia es importante porque cada actividad implica riesgos distintos.
En una custodia, por ejemplo, el banco protege un activo que pertenece al cliente. En un préstamo respaldado por Bitcoin aparece además el riesgo de que una caída pronunciada del precio reduzca el valor de la garantía. Y una posición propia expone directamente el capital de la entidad a las fluctuaciones de BTC.
Saylor señala particularmente las reglas prudenciales internacionales desarrolladas por el Comité de Basilea.
El marco establece para determinados criptoactivos del Grupo 2b un peso de riesgo del 1.250%, un tratamiento deliberadamente conservador destinado a cubrir riesgos de mercado y crédito. El propio Comité explica que este mecanismo busca que el capital mínimo exigido pueda llegar a ser equivalente al valor de la exposición.
Por eso conviene hacer una precisión: el 1.250% no significa que un banco tenga que pagar un impuesto del 1.250% ni depositar 12,5 veces el valor de cada Bitcoin que custodie. Se trata de una ponderación utilizada para calcular los activos ajustados por riesgo y los correspondientes requerimientos de capital.
Además, el tratamiento prudencial depende del tipo de exposición y de su clasificación; no toda actividad relacionada con criptomonedas recibe automáticamente el mismo tratamiento.
El Comité de Basilea, de hecho, confirmó en mayo que durante 2026 continúa realizando una revisión específica de sus estándares prudenciales sobre exposiciones bancarias a criptoactivos.
Strategy ya intenta medir ese proceso mediante su Bitcoin Banking Adoption Index. Su índice situó la adopción entre las principales instituciones financieras analizadas en aproximadamente 32%, aunque esta cifra corresponde a la metodología desarrollada por la propia Strategy y no a una medición regulatoria independiente.
Para Saylor, una mayor competencia entre bancos por clientes propietarios de Bitcoin podría aumentar la demanda de servicios de custodia y crédito y conectar al activo con una parte mayor del sistema financiero tradicional.
Su tesis se apoya también en la oferta limitada de Bitcoin: el protocolo establece un máximo de 21 millones de BTC, por lo que Saylor considera que una entrada importante de capital institucional tendría consecuencias significativas para el mercado.
Sin embargo, esto constituye su visión sobre la evolución futura de Bitcoin y no garantiza que una mayor oferta de servicios bancarios produzca automáticamente una determinada subida del precio.
Saylor lleva el argumento todavía más lejos al relacionarlo con la inteligencia artificial.
Considera que los futuros agentes de IA podrán investigar productos, negociar condiciones y realizar transacciones automáticamente en representación de personas y empresas. Esa economía requeriría, según su tesis, activos y sistemas financieros capaces de funcionar a la velocidad del software y durante las 24 horas.
Dentro de ese escenario sitúa el potencial de los activos digitales en alrededor de 100 billones de USD.
La cifra debe interpretarse como una proyección de Saylor, no como una estimación consensuada del tamaño que alcanzará el mercado. No proporcionó un horizonte temporal concreto para alcanzar ese nivel.
Las declaraciones llegan además después de un importante revés legislativo para la industria cripto estadounidense.
El 15 de septiembre, el Senado no consiguió avanzar la CLARITY Act. La votación procesal terminó 49-50, por debajo de los 60 votos necesarios para continuar con el proyecto. Los registros oficiales del Senado confirman el resultado.
Saylor considera ahora que durante los próximos años buena parte del avance regulatorio podría producirse mediante organismos como la SEC, CFTC, Departamento del Tesoro y reguladores bancarios, utilizando sus competencias actuales, en lugar de esperar exclusivamente una nueva legislación del Congreso.
Su propuesta representa un cambio importante respecto a la primera etapa de adopción institucional de Bitcoin. El siguiente paso que imagina Saylor no consiste simplemente en que los bancos permitan comprar BTC, sino en convertirlo en un activo que pueda custodiarse y utilizarse como garantía dentro del propio sistema bancario.
Si las reglas prudenciales cambian lo suficiente para facilitar ese modelo es una cuestión todavía abierta. Pero la discusión muestra cómo el debate sobre Bitcoin está pasando gradualmente de "si los bancos deberían relacionarse con BTC" a "qué servicios pueden ofrecer y cuánto capital deben mantener para cubrir sus riesgos".

