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Messi rompió el récord mundialista 40 años después del Gol del Siglo
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Messi rompió el récord mundialista 40 años después del Gol del Siglo

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Carlos Chirino
martes, 23 de junio de 2026 · 04:05 a. m. hs · 4 min

El fútbol argentino volvió a tocar el cielo un 22 de junio. Maradona dejó su huella eterna en 1986; Messi escribió la suya en 2026 al transformarse en el máximo goleador de los Mundiales con 18 tantos.

Resumen para apurados

El 22 de junio es una fecha sagrada para el fútbol argentino. Un día como ese, hace exactamente 40 años, Diego Armando Maradona escribió una de las páginas más gloriosas de la historia de los Mundiales cuando dejó desparramados a los ingleses en el Estadio Azteca y marcó el inolvidable Gol del Siglo. Cuatro décadas después, en otro escenario y con otro protagonista, la magia volvió a vestirse de celeste y blanco. Porque Lionel Messi eligió esa misma fecha para ofrecer una nueva exhibición de talento, liderazgo y vigencia eterna.

Fue el homenaje perfecto. El más genuino. El que no necesita discursos ni placas conmemorativas. Messi honró a D10S de la manera que mejor sabe hacerlo: jugando al fútbol. La Selección derrotó a Austria con dos goles de su capitán, que volvió a convertirse en la gran figura y siguió agrandando una leyenda que parece no tener techo. Con este doblete, el rosarino llegó a los 18 tantos en Copas del Mundo y quedó en soledad como el máximo goleador de la historia de los Mundiales, dejando atrás los 16 que había marcado el alemán Miroslav Klose.

Como si fuera poco, acumula cinco goles en apenas dos partidos de esta Copa del Mundo. Números impresionantes para cualquier futbolista. Mucho más para uno que está a pocos días de cumplir 39 años y que sigue jugando con el entusiasmo de un debutante.

Porque si algo distingue a Messi es que nunca parece conformarse. Lo ganó todo. Rompió todos los récords imaginables. Levantó la Copa del Mundo que tanto soñó. Sin embargo, sigue corriendo, luchando y compitiendo con la misma intensidad que cuando era aquel chico que maravillaba al planeta con la camiseta número 30 del Barcelona. Y el partido ante Austria fue una nueva demostración de ello.

El partido, en realidad, comenzó torcido. Apenas se jugaban ocho minutos cuando tuvo la oportunidad de abrir el marcador desde el punto del penal. Era una ocasión ideal para encaminar el encuentro, pero el remate no fue bueno y la pelota se fue afuera. Para cualquier otro futbolista, semejante golpe podría haber significado una carga difícil de superar. Para Messi fue simplemente un obstáculo más. "Hubo un momento donde estaba con mucha bronca por el penal que erré, lo pateé muy mal, pero por suerte pudimos revertir esa situación", confesó.

Lejos de esconderse, empezó a pedir cada pelota. Retrocedió para participar en la elaboración del juego, presionó para recuperarla, encaró rivales y se convirtió en el conductor absoluto de cada ataque argentino. A los 18 minutos estuvo cerca de tomarse revancha con una brillante acción individual que terminó frustrando David Alaba.

La revancha llegó a los 38 minutos. La jugada nació en los pies del propio Messi, que abrió hacia la izquierda para Facundo Medina. El lateral envió un centro rasante al corazón del área y Thiago Almada, con gran inteligencia, dejó pasar la pelota entre sus piernas. Detrás apareció el capitán. Sin tiempo para pensar y con la naturalidad de los elegidos, definió de primera junto al palo derecho del arquero para desatar el festejo. Fue un gol de goleador. Pero también de genio.

En el segundo tiempo siguió siendo el hombre más peligroso de la cancha. A los 19 minutos estuvo muy cerca de aumentar la diferencia, aunque el arquero Alexander Schlager alcanzó a desviar un remate rasante que tenía destino de red.

Parecía que el encuentro terminaría con una diferencia mínima, pero Messi todavía tenía guardada una última función.

Cuando el reloj marcaba los 50 minutos del complemento, el rosarino habilitó magistralmente a Julián Álvarez. El arquero austríaco ganó el duelo ante la "Araña", pero la jugada continuó. Leandro Paredes recuperó el rebote y volvió a encontrar a Messi dentro del área. Entonces apareció esa mezcla de talento, rebeldía y determinación que lo distingue desde siempre. Peleó la pelota, soportó los golpes, insistió en cada rebote y terminó empujándola al fondo de la red para sellar el triunfo.

"A los partidos los vivo especial, como siempre los viví. Yo disfruto de jugar y pasarla bien dentro de la cancha. Hubo un momento en que estaba con mucha bronca con el penal, pero lo pudimos revertir, sacar la ventaja y quedarnos con los tres puntos que es lo más importante", explicó luego del encuentro.

El fútbol argentino tiene la fortuna de haber sido testigo de dos genios irrepetibles. Diego y Leo. Dos épocas diferentes. Dos formas únicas de entender este juego. Y, sin embargo, el destino parece empeñado en unirlos permanentemente. El 22 de junio de 1986, Maradona convirtió el mejor gol de la historia de los Mundiales. El 22 de junio de 2026, Messi se transformó en el máximo goleador de todos los tiempos en la Copa del Mundo. No parece casualidad. Parece una de esas coincidencias que solo el fútbol sabe regalar.

Quizás por eso la imagen final de esta jornada tenga algo de eternidad. Mientras el mundo volvía a rendirse a los pies de Messi, en algún rincón de la memoria colectiva también aparecía la sonrisa de Diego.

Porque cada vez que Leo juega así, cada vez que rompe un récord y cada vez que conduce a la Selección hacia nuevos sueños, el homenaje se renueva. Y esta vez, justo 40 años después del Gol del Siglo, fue imposible no sentir que la historia volvía a abrazar a sus dos mayores artistas.

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Leer la nota original en La Gaceta
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