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Messi, descalzo y con mate: la imagen que marcó el primer entrenamiento de Argentina antes de la final del Mundial
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Messi, descalzo y con mate: la imagen que marcó el primer entrenamiento de Argentina antes de la final del Mundial

BF
Bruno Farano
viernes, 17 de julio de 2026 · 12:06 a. m. hs · 3 min
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El "10" se mostró relajado en la práctica posterior al triunfo sobre Inglaterra. Mientras los suplentes trabajaban en el campo, compartió una extensa charla con Leandro Paredes y dejó la postal del día.

Resumen para apurados

Lionel Messi salió del gimnasio y se acercó a un grupo de colaborares que intentaban refugiarse, en una especie de carpa, del fuerte sol. Sonrió, tomó mate, se quedó unos minutos conversando con integrantes del cuerpo técnico y algunos colaboradores de la delegación. Saludó a quienes se cruzaban en su camino, caminó sin apuro hacia el campo principal del predio del Atlanta United y, antes de que comenzara el entrenamiento, se sacó las zapatillas. Descalzo, empezó a recorrer el césped con una tranquilidad que contrastaba con todo lo que había vivido apenas unas horas antes.

Miró un par de ejercicios desde lejos, intercambió algunas palabras con quienes estaban cerca y terminó sentándose en uno de los bancos ubicados al costado de la cancha. A su lado apareció Leandro Paredes.

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Los dos comenzaron a conversar mientras los jugadores que no habían sumado minutos contra Inglaterra (y los que ingresaron como relevos) trabajaban. Hablaron durante los 15 minutos abiertos para la prensa y un poco más. Sonrieron varias veces y señalaron algunas jugadas de los ejercicios. En otros momentos simplemente observaron el movimiento de sus compañeros. La escena se parecía mucho más a la de dos amigos compartiendo una tarde cualquiera que a la de dos futbolistas que acababan de disputar una semifinal del Mundial de alto voltaje.

Del otro lado del campo, el entrenamiento tenía otro ritmo. Los futbolistas realizaban trabajos físicos y con pelota bajo la atenta mirada del cuerpo técnico. Luis Martín, uno de los preparadores físicos, levantaba constantemente la voz para exigir un esfuerzo más. "¡Vamos, que ya viene España! ¡Es el último esfuerzo!", repetía mientras el grupo respondía con intensidad. Cada pique parecía una forma de empezar a preparar la final.

Unos metros más atrás, Lionel Scaloni caminaba de un sector al otro acompañado por Pablo Aimar, Walter Samuel y Roberto Ayala. Se detenía, hacía alguna observación, seguía un ejercicio y volvía a caminar. Sin apuros. Sin reuniones especiales y sin discursos. Apenas la rutina de un cuerpo técnico que, incluso después de una clasificación histórica, eligió que todo siguiera pareciendo un día más de trabajo. Mientras tanto, Messi seguía sentado junto a Paredes.

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La imagen era inevitablemente distinta a la del miércoles por la tarde. Contra Inglaterra no necesitó monopolizar la pelota para convertirse en el futbolista más influyente del partido porque cada intervención tuvo peso. De sus pies nació el pase que terminó encontrando a Enzo Fernández en una de las acciones que abrió el partido y más tarde, con el partido muriéndose, apareció otra vez para enviar el centro que Lautaro Martínez convirtió en el gol que selló la clasificación. No fue uno de esos duelos construidos a partir de una sucesión interminable de gambetas porque Messi ahora, con 39 años, conoce mejor que nadie cómo y dónde puede ser más determinante.

El duelo contra Inglaterra fue uno de esos partidos que sólo pueden jugar los futbolistas capaces de cambiar una historia con apenas dos o tres apariciones. Quizás por eso la serenidad que transmitía resultaba tan natural. La semifinal ya era pasado, y el desgaste también.

"Se terminaron los 15 minutos". El grito tan repetitivo en los entrenamientos de la Selección en este Mundial, sonó con fuerzas. Los periodistas dejaron sus lugares y el entrenamiento siguió bajo llaves.

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Sin embargo los titulares seguían en el gimnasio realizando tareas regenerativas mientras los suplentes completaban una práctica exigente sobre el césped. Pero Messi seguía ahí. Descalzo, junto a Paredes, con la misma calma con la que había llegado.

Afuera, el Mundial ya empezó a jugar la cuenta regresiva hacia la final. Adentro, la Selección se permitió algo que también forma parte del método de Scaloni: bajar las pulsaciones, recuperar energías y entender que, antes de pensar en España, había un cuerpo que necesitaba descansar y una cabeza que, por un rato, podía desconectarse del partido más importante de todos.

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Leer la nota original en La Gaceta
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