
Mercedes Sosa sonó en el festival de música electrónica más importante y disruptivo de Estados Unidos
La voz de la cantante atravesó el desierto de Nevada. Un video compartido por un tucumano registró el momento en que "Alfonsina y el mar" sonó durante el festival.
Resumen para apurados
Un video que empezó a circular en redes sociales puso, una vez más, a Mercedes Sosa en el centro de la escena internacional. Esta vez fue en pleno desierto de Nevada, Estados Unidos, durante Burning Man, uno de los eventos más particulares del mundo.
El registro fue compartido por el tucumano Matías García, conocido en Instagram como @matias.en.tuc, quien capturó el momento en que sonaba una versión electrónica de "Alfonsina y el mar" en Long Feng, uno de los escenarios más grandes del festival, justo cuando el sol comenzaba a salir sobre el desierto.
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Burning Man es un evento cultural que se realiza cada año en el desierto de Black Rock, en el condado de Pershing, Nevada, donde durante poco más de una semana se levanta Black Rock City, una ciudad efímera que llega a reunir a decenas de miles de personas de todo el mundo. El festival, que nació en 1986, se sostiene sobre diez principios que funcionan como guía de comportamiento.
Uno de esos principios, la "decomodificación", es el que explica quizás el rasgo más particular del evento: dentro de Black Rock City no circula dinero. La organización promueve en cambio una economía basada en el regalo y el trueque entre participantes, sin que ello implique una devolución o un intercambio de valor equivalente. Las únicas excepciones son la venta de hielo y de café, pensadas como servicios básicos de subsistencia en pleno desierto.
El acceso al festival, de todos modos, sí tiene un costo: las entradas para la edición 2026 van desde alrededor de 675 dólares en su nivel más accesible hasta 3.000 dólares en las categorías pensadas para quienes pueden aportar más y así subsidiar el ingreso de otros participantes. Sin embargo, ese esquema de precios no se traduce en ningún tipo de privilegio una vez adentro: no existen sectores VIP, accesos preferenciales ni experiencias exclusivas. Todos los asistentes conviven bajo las mismas condiciones de sol, viento y polvo, típicas del paisaje.
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Dentro de ese universo, Long Feng se destaca como uno de los llamados "art cars": una estructura móvil de grandes dimensiones, inspirada en la figura del dragón y el fénix de la mitología china, que combina diseño futurista con simbolismo oriental y se convirtió en los últimos años en uno de los polos de música electrónica más convocantes de la semana.
La estética también es protagonista en Burning Man. La vestimenta de los asistentes se convierte en una forma más de autoexpresión: colores, texturas, disfraces y accesorios artesanales conviven en la misma escena, en sintonía con uno de los principios centrales del festival, que sostiene que la autoexpresión surge de los dones únicos de cada individuo y no puede ser determinada por nadie más que quien la ofrece. Esa identidad visual, tan marcada como la propuesta artística y musical, es parte de lo que distingue a Burning Man de otros grandes festivales del mundo.
Hay canciones que parecen resistirse al paso del tiempo y a cualquier frontera que se les quiera poner. "Alfonsina y el mar" nació como un poema convertido en canción que Mercedes Sosa hizo propia hasta transformarla en una de las postales sonoras más reconocibles de su música. Que esa misma canción, décadas después, encuentre lugar en un remix electrónico y suene al amanecer para miles de personas en pleno desierto de Nevada, dice mucho sobre el legado de lo que la artista dejó: una voz capaz de trascender géneros, idiomas y público.
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Burning Man es, ante todo, un espacio pensado para el encuentro entre culturas distintas que conviven durante unos días. Que en ese cruce haya aparecido, aunque sea por unos minutos, un fragmento de identidad tucumana y argentina, habla de algo que excede la anécdota: la música de la artista sigue abriéndose camino entre generaciones y escenas que la redescubren a su manera. Y que haya sido un tucumano quien reconociera ese instante y decidiera compartirlo, es también un recordatorio de que esas conexiones, por más lejos que ocurran, siempre terminan encontrando el camino de vuelta a su lugar de inicio.



