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Los superhéroes también lloran: ahora se entienden las lágrimas de Lionel Messi
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Los superhéroes también lloran: ahora se entienden las lágrimas de Lionel Messi

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Bruno Farano
lunes, 31 de agosto de 2026 · 10:23 p. m. hs · 4 min
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Durante el Mundial volvió a aparecer cuando la selección argentina lo necesitaba. Pero detrás del futbolista que todos mirábamos había un hombre atravesando una difícil situación personal, que hoy le da otro significado a las lágrimas del final y a su retiro.

Resumen para apurados

Ahora que Lionel Messi anunció que se terminó, vuelvo inevitablemente al Mundial. Vuelvo a los estadios, a los partidos, a esos momentos en los que la selección argentina necesitaba algo y, casi por una cuestión de costumbre, todos terminábamos mirando hacia el mismo lugar. Mirábamos a Messi.

Durante esta Copa del Mundo volvió a pasar algo que ya habíamos visto tantas veces: cuando Argentina lo necesitaba, él aparecía. Metió goles en la fase de grupos, fue importante en la remontada contra Egipto, lideró al equipo durante todo el torneo y volvió a estar ahí en los partidos más importantes, incluido aquel cruce contra Inglaterra. Tenía 39 años y, sin embargo, por momentos parecía que el tiempo no hubiera pasado para él.

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Yo lo vi. Vi al Messi de la última etapa en la Selección, al capitán que ya no necesitaba hacer todo lo que hacía antes para seguir siendo decisivo, al jugador que había aprendido a elegir los momentos y los lugares de la cancha en los que podía lastimar, pero que todavía seguía teniendo esa capacidad de aparecer cuando el partido parecía necesitarlo. Además hubo algo que me acompañó durante todo el Mundial; la sensación de que Messi jugaba como si todavía tuviera algo pendiente, como si, después de todo lo que había conseguido con la camiseta argentina, todavía sintiera que tenía que hacer una cosa más.

Quizás nosotros también tenemos algo que ver con eso. Nos acostumbramos tanto a Messi que terminamos creyendo que siempre podía darnos un poco más. Cuando hizo algo extraordinario, esperamos que lo repitiera; cuando ganó algo, quisimos otra cosa; cuando parecía que ya había dado todo, pensamos que todavía tenía algo guardado. Y casi siempre lo tuvo. Por eso, durante este Mundial, volvimos a mirarlo esperando el gol, la jugada, el pase o esa aparición que tantas veces había cambiado la historia de un partido. Tenía 39 años, estaba jugando probablemente su último Mundial y, aun así, seguíamos esperando que Messi volviera a ser Messi.

Y Messi volvió a serlo. Por momentos, en Estados Unidos lo vi jugar en modo superhéroe. De esos a los que nadie les pregunta demasiado cómo están porque uno supone que siempre van a encontrar una manera de salir adelante. De esos que aparecen cuando todo se complica o de esos a los que, después de salvarte una vez, les pedís que vuelvan a hacerlo.

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Después llegaron las lágrimas y también estuve ahí para verlas. En ese momento pensé, como seguramente pensaron muchos, que estaba viendo el final de una historia. El final de un Mundial, el final de una ilusión y quizás también el final de una etapa que había atravesado buena parte de nuestras vidas. Ahora, después de que Messi anunció su retiro de la Selección y con todo lo que se conoció después sobre la situación personal que atravesaba mientras estaba concentrado en el torneo, vuelvo a aquellas imágenes y las miro de otra manera.

Porque mientras Messi hacía goles, lideraba a la Selección y volvía a cargar con una responsabilidad enorme, su papá atravesaba un momento crítico de salud. Y entonces todo lo que pasó en ese Mundial adquiere otra dimensión; porque mientras nosotros veíamos al futbolista, al capitán y al jugador que todavía parecía capaz de resolver cualquier cosa, detrás de todo eso había un hombre atravesando una situación que ningún gol podía solucionar. Un hombre que podía estar preocupado por su papá y, unas horas después, tenía que salir a jugar un partido de un Mundial frente a millones de personas que, una vez más, esperaban algo de él.

Tal vez por eso ahora entiendo un poco más aquellas lágrimas. Seguramente lloraba por la final, por la derrota, por la frustración y porque intuía que ese podía ser el final de su historia con la Selección. Pero quizás lloraba también por todo lo demás. Por lo que había pasado durante esas semanas, por lo que llevaba encima mientras nosotros solamente mirábamos lo que hacía con la pelota y por todo aquello que, desde afuera, era imposible conocer.

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Yo vi al último Messi de la Selección. Vi a un jugador de 39 años seguir siendo determinante, hacer goles, liderar y aparecer en los momentos importantes. Vi, una vez más, al futbolista que nos acostumbró durante tantos años a creer que siempre podía hacer algo más. Pero ahora, después de las lágrimas y después de su anuncio de retiro, creo que hay otra imagen que me queda de aquel Mundial. Durante semanas vimos al superhéroe; y hoy, mirando hacia atrás, también podemos ver al hombre. Y quizás eso sea lo que hace todavía más extraordinario todo lo que fue capaz de hacer en su última gran historia con la camiseta argentina.

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Leer la nota original en La Gaceta
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