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Los Hijos de Harri en la casa de Los Beatles
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Los Hijos de Harri en la casa de Los Beatles

EA
El Ancasti
domingo, 13 de septiembre de 2026 · 09:10 a. m. hs · 9 min
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De Catamarca a Liverpool. De tocar canciones de The Beatles en escenarios locales a hacerlas sonar en el Cavern Club, allí donde John, Paul, George y Ringo construyeron parte de la historia que todavía hoy moviliza a músicos y fanáticos de todo el mundo.

De Catamarca a Liverpool. De tocar canciones de The Beatles en escenarios locales a hacerlas sonar en el Cavern Club, allí donde John, Paul, George y Ringo construyeron parte de la historia que todavía hoy moviliza a músicos y fanáticos de todo el mundo.

"¿Qué estamos haciendo aquí? ¡Ni se les ocurra despertarnos!". Esa fue la pregunta que Alejandro Juárez Aliaga, cantante de la banda, recuerda haber pensado justo antes de subir al escenario en Liverpool. No hubo demasiadas vueltas. Después de miles de kilómetros, años de tocar las canciones de The Beatles en Catamarca y meses de preparación, Los Hijos de Harri estaban finalmente donde alguna vez habían imaginado estar.

Pero una cosa es imaginar Liverpool y otra muy distinta es caminar por sus calles, reconocer los lugares que aparecen en fotografías y películas, pararse en los mismos sitios donde estuvieron los Beatles y, finalmente, tocar sus canciones en el Cavern Club.

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Para Juan Martín Bochatey, el tecladista, la llegada tuvo algo de irreal. "Creo que lo primero fue una mezcla de emoción e incredulidad", cuenta. Venían desde Catamarca, a miles de kilómetros de distancia, y de repente estaban en la ciudad donde nació buena parte de la música que habían escuchado y tocado durante tantos años.

"Fue un poco decir: 'Bueno, llegamos… estamos acá'. Y creo que recién ahí empezamos a tomar dimensión de lo que habíamos conseguido", recuerda.

Liverpool, sin embargo, no fue solamente The Beatles. También los sorprendió la propia ciudad: el puerto, la arquitectura y la capacidad de una ciudad que había sido golpeada para recuperarse y reinventarse. Pero para cinco músicos que llegaron hasta allí atravesados por la historia de una banda, era imposible no mirar Liverpool también con otros ojos.

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Cada recorrido podía convertirse en una escena conocida. Los Hijos de Harri buscaron los lugares exactos en los que los Beatles habían sido fotografiados o habían protagonizado alguna escena. Recrearon imágenes, tapas de discos y momentos de películas intentando encontrar la misma plaza, el mismo monumento y hasta la misma perspectiva.

Fue una forma lúdica de acercarse a una historia que durante décadas habían visto en fotografías.

"Fue una manera muy linda de jugar con esa historia y sentirnos, por un ratito, parte de ella", explica Juan Martín.

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El Cavern Club no era una parada más del recorrido. Era el lugar en el que Los Hijos de Harri iban a comprobar qué se siente tocar la música de The Beatles en uno de los escenarios más cargados de significado para quienes siguen la historia de la banda.

Lisandro Juárez Aliaga, guitarrista de los Harri, recuerda especialmente el momento de ingresar al lugar. No se trataba solamente de conocerlo: iban a tocar sobre los escenarios donde los Beatles habían tocado.

En el Front Stage, donde la banda de Liverpool dio 292 shows, Los Hijos de Harri hicieron sonar canciones que, durante años, habían interpretado a miles de kilómetros de allí. También conocieron el Live Lounge, el escenario anexo incorporado posteriormente, donde Paul McCartney presentó su disco Run Devil Run.

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"Estar tocando allí y ver fotos de John, Paul, George y Ringo haciendo lo mismo en los mismos lugares fue realmente muy fuerte", cuenta Lisandro.

Durante el show tocaron I Saw Her Standing There y Roll Over Beethoven. Para Lisandro, esas canciones dejaron de ser exactamente las mismas después de haberlas interpretado en el Cavern. La sensación de estar haciendo sonar allí temas que los propios Beatles habían tocado en ese lugar quedó asociada para siempre a esas melodías.

"No volveré a escucharlas de la misma manera sin que me invada la emoción y el recuerdo de haberlas hecho sonar donde prácticamente nacieron", afirma.

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La diferencia con tocar en Catamarca fue enorme. No porque las canciones cambiaran, sino porque cambió el contexto. En Catamarca, Los Hijos de Harri interpretan a los Beatles frente a su gente, con el afecto y la cercanía de un público conocido. En Liverpool, en cambio, estaban frente a personas llegadas desde distintos lugares del mundo, muchas de ellas profundamente familiarizadas con la historia de la banda.

Había emoción, pero también respeto y responsabilidad. La música que tocaban no era simplemente un repertorio conocido: era parte de la identidad cultural de la ciudad que tenían delante.

Y en ese escenario apareció también otra sensación, quizás más íntima: la de representar a un lugar lejano.

"Fue increíble comprobar que una banda de Catamarca podía llegar hasta Liverpool y conectar con el público a través de esas mismas canciones", dice Juan Martín. "Creo que eso fue lo más lindo: sentir que llevamos un pedacito de Catamarca hasta la casa de los Beatles".

Una banda de Catamarca

Decir de dónde venían también generaba curiosidad.

Catamarca no es, naturalmente, una ciudad que cualquier persona en Liverpool pueda ubicar de inmediato. Por eso el bajista Christian Ruartes encontró una comparación sencilla para explicarles a los demás músicos y asistentes de dónde llegaban.

Catamarca está en el noroeste argentino, cerca del límite con Chile. Para explicarlo, apelaban a una analogía: así como Liverpool está en relación con Londres, Catamarca lo está con Buenos Aires.

Después de los shows llegaron las devoluciones. Palabras de aliento, respeto y conversaciones con músicos y espectadores que, más allá del idioma o la bandera, compartían una misma motivación.

Para Abel Fernández, el hombre a cargo de la batería, una de las experiencias más valiosas estuvo precisamente ahí, en los vínculos que pudieron construir.

Conocieron músicos de distintos países, compartieron escenarios, conversaciones y canciones. Pero también intercambiaron culturas.

Abel aprovechó cada encuentro para mostrar algo de la música argentina. A un músico de Kirguistán le hizo escuchar a Luis Alberto Spinetta. El resultado fue inmediato: quedó fascinado.

Otro músico, de Indonesia, le hizo escuchar música tradicional de su país. Abel respondió con Mercedes Sosa.

También establecieron una conexión especial con una banda peruana cuyos integrantes tenían menos de 25 años. La edad marcaba otra generación, pero la música volvía a funcionar como territorio común.

Cuando el sueño termina

Hay momentos de un viaje que aparecen en las fotografías. Otros quedan registrados en videos. Y hay algunos que sobreviven solamente en la memoria de quienes estuvieron allí.

Alejandro guarda uno de esos.

Fue durante el séptimo y último día de la Beatleweek. Los Hijos de Harri habían tenido dos shows, uno a las 21 y otro a las 23. Cerca de la una de la mañana llegó el último acorde. Se apagaron las luces. Las puertas del Cavern se cerraron.

La noche parecía haber terminado. Pero afuera quedaron algunos músicos y espectadores que no querían irse. La gente comenzó a dispersarse, aunque un pequeño grupo permaneció en la vereda frente al mítico bar.

Entonces apareció una guitarra criolla. Pasó de mano en mano. Llegaron las canciones, los brindis y las voces mezcladas. Durante aproximadamente una hora, músicos y público permanecieron allí, prolongando una noche que ya debería haber terminado.

"Nos negábamos a despertar de ese hermoso sueño que habíamos vivido", recuerda. Para él, ese momento condensó algo que había atravesado toda la experiencia: el sentimiento de comunidad.

Lo que no podían imaginar

En enero, antes de viajar, Alejandro había dicho a RE que no tenía ninguna duda de que lo que iban a vivir sería mucho más grande de lo que podía imaginar.

Después de volver, la frase adquirió otra dimensión. No había sido una sola cosa. Habían sido miles.

Personas que los escucharon durante el primer show y volvieron a seguirlos en los siguientes. Cantar en Abbey Road junto a quienes llegaban hasta allí para fotografiarse cruzando la famosa senda peatonal. Compartir con músicos de otros países. Y hasta ingresar a la casa en la que George Harrison vivió durante su infancia, una vivienda que actualmente no está abierta al público y a la que pudieron acceder gracias a la cortesía de quien la habitaba en ese momento.

También estuvieron los momentos de juego: recrear fotografías y videos de los Beatles en los lugares originales, buscando repetir las posiciones y perspectivas de aquellas imágenes.

Alejandro lo describe como sentirse niños en Disneylandia. Pero, por encima de todas esas experiencias, hubo algo mucho más difícil de explicar.

La emoción de tocar en el mismo lugar donde los Beatles habían tocado tantas veces antes de cambiar para siempre la historia de la música.

"Esa indescriptible emoción interna que te desborda, y la brutal energía que te entra por todos los poros mientras tocás en el mismo lugar donde tantas veces lo hicieron Los Beatles", dice.

Quizás por eso, cuando llegó el momento de subir al escenario, la única reacción posible fue aquella pregunta que Alejandro todavía recuerda: "¿Qué estamos haciendo aquí?".

Y después, como si todavía existiera la posibilidad de que alguien los despertara: "¡Ni se les ocurra despertarnos!".

Después de haber vivido la Beatleweek desde adentro, la pregunta inevitable es qué tiene The Beatles para seguir provocando todo esto más de 50 años después de su separación.

Para Alejandro, no existe una sola explicación. Los Beatles fueron una combinación excepcional de factores artísticos, culturales y sociológicos. Su catálogo consiguió algo que pocas obras musicales logran: atravesar generaciones sin volverse obsoleto ni repetitivo.

A eso se sumó la personalidad de sus cuatro integrantes. Una combinación que considera prácticamente irrepetible, con cuatro músicos diferentes y complementarios y dos compositores extraordinarios como John Lennon y Paul McCartney.

Alejandro encuentra una comparación tan argentina como los propios Beatles: es como si Maradona y Messi hubieran coincidido en el mismo equipo durante el mejor momento de sus carreras.

Después llegaron otros músicos con mayor destreza técnica, artistas que llenaron estadios más grandes o vendieron más discos.

Pero, para él, ninguno consiguió aquello que convirtió a los Beatles en un fenómeno que continúa reuniendo personas de todo el mundo.

La palabra que elige es una sola: magia.

Hay Harris para rato

Volver de Liverpool podría haber significado cerrar un círculo. Pero Los Hijos de Harri no lo ven de esa manera.

Para Abel, todavía queda mucho camino por recorrer. La banda nació también como un espacio de disfrute, una forma de compartir una música que los apasiona y que sigue teniendo sentido para ellos. Por eso, cumplir el sueño de tocar en Liverpool no significa que el proyecto haya llegado a su final.

"Hay Harris para rato", dice Abel. La frase funciona como una declaración de principios.

Porque después de haber llegado hasta Liverpool, Los Hijos de Harri regresaron a Catamarca con algo más que fotografías, anécdotas y escenarios recorridos. Se trajeron la confirmación de que una banda nacida lejos de los grandes circuitos puede viajar miles de kilómetros, pararse en la casa de los Beatles y encontrar allí un público dispuesto a escucharla.

También descubrieron que la música puede hacer algo todavía más poderoso: conseguir que cinco músicos de Catamarca se sientan parte, aunque sea durante unos minutos, de una historia que comenzó hace más de seis décadas en una ciudad del otro lado del mundo.

Texto: Pablo Vera

Fotos: Gentileza Los Hijos de Harri

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