
Los goles de Haaland y el regreso de Noruega al Mundial después de 28 años se festeja en una cafetería de El Mollar
La familia Skrøvje llegó hace tres décadas a Tucumán. Impulsada por la fe, construyó una iglesia y una cafetería en los Valles. Hoy, ese espacio les permite conectar con sus raíces y seguir la Copa del Mundo.
Resumen para apurados
Anita Solås y Jan Skrøvje dejaron Noruega hace más de tres décadas para construir una nueva vida en Tucumán. Impulsados por la fe, fundaron una iglesia en El Mollar y años después abrieron una cafetería donde conviven las culturas nórdica y argentina. Durante el Mundial 2026, el regreso de la selección noruega a una Copa del Mundo después de 28 años convirtió ese rincón de los Valles Calchaquíes en un punto de encuentro para alentar al equipo y sentirse un poco más cerca de casa.
"El Edén de las Alturas", una cafetería ubicada a media cuadra de la plaza principal de El Mollar, nació con la intención de acercar la cultura noruega a los tucumanos, pero también de devolverle algo a la comunidad que los recibió con los brazos abiertos.
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La historia de la familia en Tucumán comenzó décadas atrás. Anita había vivido parte de su infancia en la provincia luego de que sus padres emigraran a Argentina, mientras que Jan creció en Mandal, una ciudad ubicada al sur de Noruega. Después de conocerse en un campamento decidieron formar una familia, en 1993 se instalaron definitivamente en Tucumán y hace 25 años que viven en El Mollar.
La fe y la religión siempre ocupó un lugar importante en la vida de la familia. Tanto, que fue la fe la que marcó su destino en El Mollar. "Somos misioneros evangélicos y tenemos siete iglesias en Tucumán. Nuestro anhelo era llegar también a los Valles. Queríamos tener una iglesia aquí y eso hicimos. Hace 20 años que funciona", contó Anita en diálogo con LA GACETA.
Con el paso del tiempo, esa misión fue tomando nuevas formas. La iglesia se consolidó y, años después, tuvieron la idea de crear un lugar donde las personas pudieran encontrarse, disfrutar de buena comida y descubrir un poco de la cultura noruega sin salir de Tucumán. "Siempre tuvimos las ganas de hacer algo lindo para El Mollar. Cuando llegamos escuchábamos comentarios que decían que acá no había nada, que todo estaba en Tafí del Valle y que este pueblo no servía. Nosotros queríamos romper con esa idea", explicó Jan. "Hay gente que todavía nos dice que este lugar debería estar en Tafí. Pero nosotros pensamos distinto. Queríamos que la gente de El Mollar también tuviera un lugar lindo para disfrutar. Si hubiéramos pensado solamente en lo económico, probablemente habríamos elegido otro lugar", contó.
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Así nació "El Edén de las Alturas", un espacio donde Noruega y Tucumán conviven armoniosamente. Afuera están los imponentes cerros tucumanos. Adentro, en las paredes cuelgan fotografías gigantes de los fiordos nórdicos, hay libros que cuentan la historia del país escandinavo, recuerdos de viaje y una bandera roja con una cruz azul y blanca que, cada vez que juega la selección de Noruega, se convierte en la protagonista del salón.
Cada metro del lugar estuvo pensado al detalle, incluído su nombre. "Como Tucumán es el Jardín de la República, pensamos en el Edén de la Biblia, un lugar agradable. Nosotros tratamos de crear ese ambiente. Mucha gente nos dice que cuando entra siente paz y que se siente bien acá", aseguró satisfecho el hombre.
El matrimonio reconoce que las diferencias entre ambos países son muchas. "Mientras Noruega se caracteriza por el orden, la planificación y las reglas, en Tucumán encontró una manera distinta de vivir el día a día, creo que me gusta más esa forma. Siempre decimos que cada cultura tiene sus fortalezas y también sus debilidades. Nosotros tratamos de sacar lo mejor de cada una", confesó Jan.
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La propuesta gastronómica también refleja el amor por ambas nacionalidades. En la carta aparecen rolls de canela, tortas tradicionales noruegas, tostados preparados con pan típico de ese país y un postre clásico de la casa, conocido como la tarta Edén, que mezcla el tradicional dulce de leche argentino con el relleno típico de una tarta de manzanas nórdico. Al mismo tiempo, conviven especialidades bien tucumanas, como empanadillas, pan casero, tortillas y alfajores elaborados artesanalmente. "De esta forma la gente que viene de afuera puede disfrutar una mezcla de las dos culturas", dijo Anita.
La cafetería no funciona únicamente como un emprendimiento familiar. Desde el principio fue pensada como una herramienta para ayudar a la comunidad. Cada año organizan cenas gratuitas para distintos sectores, colaboran con escuelas, bomberos, policías, adultos mayores y madres solteras, y realizan jornadas solidarias en distintos pueblos de la zona. "Siempre pensamos cómo podemos ayudar a la gente. Lo que genera la cafetería también nos permite sostener el trabajo que hacemos desde la iglesia", dijo Anita.
Durante el Mundial, ese espíritu comunitario también se trasladó al fútbol. La cafetería transmite todos los partidos que coinciden con su horario de atención, pero cuando juega Noruega el ambiente cambia. La bandera ocupa un lugar especial, los rolls de canela salen con mayor frecuencia de la cocina y amigos, vecinos y personas de la iglesia se reúnen para acompañar a la familia en un momento que esperaron durante casi 30 años.
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"Nos emociona mucho volver a ver a Noruega en un Mundial después de tantos años. Es lindo poder compartir un café, comer algo típico de nuestro país y ver los partidos con la gente que nos acompaña", dijo Rebeca Skrøvje, hija del matrimonio.
Aunque todavía no recibieron visitantes llegados desde Noruega, sienten que quienes se acercan terminan alentando al seleccionado por el vínculo que construyeron con ellos. "Son sobre todo amigos y gente de la iglesia. Muchos apoyan a Noruega porque nos conocen y eso hace que los partidos sean todavía más especiales", contó la joven.
Del otro lado del océano, familiares y amigos siguen los encuentros desde Noruega. Las fotos, los mensajes y las videollamadas ayudan a acortar una distancia, que nunca deja de sentirse. "Nos gustaría poder verlo todos juntos, pero hoy la tecnología ayuda mucho. Nos mandamos fotos durante los partidos y nos sentimos un poco más cerca. Igual, los extrañamos todo el tiempo".
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Cuando alguien les pregunta qué rincón de Noruega traerían a El Mollar, la respuesta llega sin necesidad de pensarlo demasiado. "Ya lo hicimos", responde Anita muy orgullosa de su proyecto. "La gente entra y nos dice que siente que está en otro país. Eso era lo que soñábamos. Traer un pedacito de Noruega a los Valles y compartirlo con todos los que cruzan la puerta", afirmó Anita.
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