
Leonardo Martínez y el latido de su Poesía Reunida, un homenaje necesario
El pasado sábado 10 de octubre, al cumplirse exactamente diez años de su fallecimiento, la 18° Feria del Libro de Catamarca se convirtió en el escenario de un sentido homenaje a Leonardo Martínez. El Auditorio 1 del Salón Peregrina Zárate, ubicado en el Predio Ferial, acogió en primer lugar el acto "Mi provincia es mi memoria", donde Rosario Andrada, Celia Sarquís y Alejandro Acosta recordaron con profunda emoción la figura y el legado del autor. Además, Victor Aybar y Estefanía Herrera llevaron a cabo la presentación del libro Quieto corazón de monte, un volumen fundamental que compila la poesía reunida del escritor.
Durante el homenaje, Rosario Andrada se detuvo de manera especial en el vínculo indisoluble entre el poeta y el universo femenino que atraviesa su obra. Andrada destacó cómo las mujeres -madres, abuelas, tías, "viejas diosas" y heroínas cotidianas del monte y la siesta- constituyen en Martínez la columna vertebral de la memoria y el linaje. Lejos de ser figuras pasivas, estas presencias encarnan la continuidad de la vida, el mito y el amparo telúrico, hilando los afectos, la casa y el paisaje en un entramado donde la ternura convive con el misterio y la gravedad de la tierra.
La publicación de esta obra estuvo a cargo de El Guadal Editora, lo cual manifiesta una vez más la fuerte apuesta de este sello catamarqueño por rescatar y revalorizar las obras de autoras y autores imprescindibles de la literatura provincial. Por su parte, la edición que cuenta con el trabajo de Victor Aybar como editor y compilador, junto con la corrección y edición de José Luis Astrada y Estefanía Herrera, reúne sus obras: Tacana o Los linajes del tiempo (1989), Ojo de Brasa (1991), El Señor de Autigasta (1994), Asuntos de familia y otras imposturas (1997), Rápido Pasaje (1999), Jaula viva (2004), Estricta ceniza (2005), Las tierras naturales (2007), Los ojos de lo fugaz (2010), El Barro que sofoca (2013) y su obra póstuma Historias Guardadas (2017). Además, el volumen despliega en su portada una ilustración del artista plástico catamarqueño, Leonardo Seura Casas.
El libro también incluye una sentida semblanza escrita por su amiga Ivonne Bordelois, quien celebra el don poético de Martínez como un acto de entrega. Bordelois hace hincapié en el inmenso "riesgo poético" que asumió el poeta catamarqueño, destacando su célebre Jaula viva, a la que define como un "derrumbe, elegía y a la vez exorcismo de una catástrofe amorosa", donde la poesía irradia fuego y a la vez frescura.
Por su parte, en la contratapa de esta edición, Aybar señala que la poesía de Leonardo Martínez posee "la fuerza y la espesura del calostro: esa leche primera y plena de vida". El editor destaca el legado de Martínez a las letras de provincia en cuanto a "las figuras del poeta huérfano que mira y escucha a sus muertos en una batalla incansable con el tiempo". Toda esta arquitectura literaria, según explica, se sostiene en una "doble arqueología del cuerpo"; por un lado, en una que indaga en restos y palabras antiguas para poetizar la muerte y, por otro lado, una que es vital e indómita. Además, esta edición está acompañada por una nota preliminar de Estefanía Herrera quien profundiza en la matriz territorial y afectiva del autor. Herrera, recuerda el lúcido trazado de María Rosa Calás de Clark en el IV Tomo de la Historia de las letras de Catamarca al incluir a Martínez como un "poeta del exilio y la nostalgia". Sin embargo, Herrera enfatiza en que la evocación del pasado en la obra del poeta no opera como una añoranza ingenua; por el contrario, en el caso de la infancia, ésta se erige como el territorio fundacional del deseo. Martínez escribe desde "desde adentro, desde el barro húmedo, desde las arboledas y acequias, desde el silencio del monte", indica Herrera y por ello, esta obra reunida representa la "cartografía viva de un cuerpo que lleva la tierra adentro".
A una década de su partida física, la llegada de Quieto corazón de monte es la prueba irrebatible de que la voz de Leonardo Martínez permanece tan viva, urgente y necesaria como el primer día. La apuesta de El Guadal Editora de volver a escena a este poeta fundamental representa un rescate patrimonial pero también es una toma de posición política y cultural sobre la vigencia de nuestras letras. Gracias a este esfuerzo colectivo, el poeta que supo escuchar a sus muertos y habitar la siesta como un territorio sagrado, regresa hoy al centro del fuego. Su palabra, que lleva la provincia marcada en la piel y el deseo en el aliento, demuestra que no hay olvido capaz de sofocar a quien hizo del monte su propio corazón.
Texto: Estefanía Herrera
Duerme inmóvil
sobre el quieto corazón del monte
Su aliento olor a tierra quemada
se escapa como borrada sombra
entre los labios
Ha perdido todas sus posesiones
Sus mujeres se extinguieron una a una
en silenciosas cárceles de olvido
Los hijos volaron en destinos trágicos
El lugar de Idomeneo es el crepúsculo
región donde los dioses mueren
Dijo alguna vez
Basta y sobra para vivir y ser inmortal
amar el regalo de los sentidos
olfato de puma de zorro
ojo de águila de lechuza
lengua de amapola de penca
Su corazón sentenció eso de
todo es eternidad
sólo una larga serpiente
mordiéndose la cola
Duerme inmóvil
sobre el quieto corazón del monte
Las ganaderías salvajes se precipitan
en la neblina del acabado invierno
La noche es una leve ceniza
Todo comenzó ahí
Todo termina ahí
En el sueño.
de Rápido Pasaje
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