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La memoria del azúcar tiene un nuevo lugar en Monteros
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La memoria del azúcar tiene un nuevo lugar en Monteros

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Redacción LA GACETA
lunes, 31 de agosto de 2026 · 09:00 a. m. hs · 4 min
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Un nuevo museo recupera en el sur tucumano la historia de una industria que durante generaciones marcó el trabajo, la economía y la vida cotidiana de la región

En el interior del museo, las máquinas parecen haber quedado detenidas en el tiempo. Una enorme estructura de hierro pintada de verde ocupa buena parte de la nave. Una rueda de grandes dimensiones, engranajes, poleas, correas y mecanismos todavía visibles permiten imaginar el movimiento que alguna vez atravesó esas piezas y el sonido de una fábrica azucarera en plena actividad.

A unos metros, un antiguo manómetro conserva su esfera graduada hasta 40 kilogramos por centímetro cuadrado. La aguja permanece inmóvil, pero alrededor todavía pueden verse las cañerías, válvulas y depósitos que alguna vez formaron parte de un sistema en funcionamiento.

Ese contraste entre lo monumental y lo minucioso es, quizás, una de las mejores maneras de acercarse al nuevo "Museo de la Caña de Azúcar de Monteros", inaugurado el viernes en el sur de Tucumán. El espacio busca recuperar y poner en valor la memoria de una actividad que durante más de un siglo no solo transformó el paisaje de la provincia sino que también organizó buena parte de la vida de quienes vivían alrededor de los ingenios.

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Porque en Monteros hablar de azúcar nunca significó solamente hablar de una fábrica.

La relación entre Monteros y la industria azucarera es profunda. Investigaciones históricas sobre el departamento muestran que los vaivenes de la agroindustria impregnaron su vida económica, social, política y cultural. La producción de caña involucró a grandes establecimientos, pero también a pequeños y medianos productores que durante generaciones hicieron de la actividad su principal sustento.

En Monteros llegaron a funcionar cinco ingenios. Entre ellos, el Ñuñorco ocupa un lugar particular en la historia local. Su primera molienda fue en 1929 y su origen estuvo vinculado a una organización cooperativa de productores cañeros, una experiencia que refleja el peso que los propios productores fueron adquiriendo dentro de la estructura azucarera tucumana.

La historia de la caña también puede leerse siguiendo el mapa del sur provincial. En Río Seco, dentro del departamento monterizo continúa funcionando el ingenio La Providencia, fundado a fines del siglo XIX. En Concepción, La Corona comenzó su actividad en 1882. La Trinidad, fundada en 1878, forma parte también de ese entramado de establecimientos que durante décadas hicieron del sur tucumano uno de los principales territorios azucareros de la provincia.

Cada ingenio tuvo su propia historia, pero todos participaron de una transformación mayor. Alrededor de las fábricas se organizaron trabajos, viviendas, comercios, caminos, escuelas, clubes y relaciones sociales. La zafra marcaba tiempos y rutinas. El movimiento de la caña hacia los ingenios y de los trabajadores hacia los surcos formaba parte del paisaje cotidiano.

Por eso, las piezas que ahora se exhiben en Monteros cuentan más de lo que aparentan.

El nuevo museo forma parte de un espacio cultural de Monteros que busca recuperar distintos aspectos del patrimonio de la ciudad. Pero su particularidad está en poner en el centro una actividad que todavía forma parte del presente productivo tucumano.

"Hemos venido a este lugar, que tiene que ver con nuestra historia, nuestra tradición, pero que tiene que ver fundamentalmente con nuestras economías regionales, como es inaugurar este Museo del Azúcar, donde se ha conseguido un trapiche de aquellos primeros trapiches que existían y en ese sentido se le ha adosado todo el equipamiento necesario que tiene que ver con el procesamiento de la caña de azúcar, es decir, la industrialización y convertirla en azúcar", remarcó el gobernador Osvaldo Jaldo durante su inauguración. El mandatario estuvo acompañado por el vicepresidente segundo de la Legislatura, Alfredo Toscano; el ministro del Interior, Darío Monteros; el intendente monterizo  Francisco Serra (h), entre otros funcionarios.

Es que antes de la gran crisis de la década de 1960, la caña de azúcar ocupaba alrededor del 62% del área agrícola de Tucumán. Había unos 20.000 productores y alrededor del 75% de ellos tenía explotaciones de 10 hectáreas o menos. Durante la zafra, además, la actividad movilizaba a más de 100.000 trabajadores.

No era, entonces, una actividad concentrada exclusivamente dentro de las paredes de los ingenios. La caña atravesaba el campo y llegaba a las ciudades; estaba presente en las economías familiares, en los almacenes, en los talleres y en las conversaciones cotidianas.

Así, la memoria de esa época también forma parte de la historia que un museo dedicado a la industria puede recuperar. No solo la de las máquinas que funcionaron, sino también la de los trabajadores, productores y familias cuya vida cambió cuando esas máquinas dejaron de hacerlo.

Hoy, una parte de aquella historia puede observarse en silencio.

Las grandes máquinas ya no se mueven. El manómetro ya no mide la presión de un sistema en funcionamiento. Las válvulas permanecen quietas y las ruedas dejaron de transmitir movimiento. Pero las piezas permiten reconstruir, al menos por un instante, aquel paisaje industrial.

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Leer la nota original en La Gaceta
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