
La Feria del Libro vuelve a poner a La Rioja en el centro de la escena cultural
Información + Opinión - La Rioja, Argentina
Hay ferias del libro que se miden por la cantidad de visitantes. Otras, por el volumen de ventas o por el desfile de celebridades que pasan por sus escenarios. La Rioja, desde hace más de dos décadas, decidió construir algo diferente. Su Feria del Libro nunca buscó competir con Buenos Aires ni reproducir el modelo de los grandes centros editoriales. Eligió otro camino: convertirse en un espacio donde la literatura dialoga con el territorio, donde los libros conviven con la música, el arte, la historia y la educación, y donde la palabra funciona como punto de encuentro entre generaciones, disciplinas y miradas distintas sobre la realidad.
Quizá por eso resulta difícil hablar de la Feria únicamente como un evento. Después de veintitrés ediciones, se transformó en una política cultural con identidad propia. Y esa identidad vuelve a expresarse con fuerza entre el 6 y el 12 de julio bajo un lema que, lejos de funcionar como una simple consigna institucional, parece resumir una forma de entender el presente: "Memoria, Cultura, Resistencia".
No son tres palabras elegidas al azar. Son tres conceptos que atraviesan prácticamente toda la programación. La memoria aparece en los homenajes a los Mártires Riojanos, en las actividades sobre Monseñor Enrique Angelelli, en la presencia del Espacio de la Memoria, en las muestras dedicadas a Mafalda, en los libros sobre Malvinas, en las investigaciones históricas sobre los departamentos riojanos, en los talleres sobre las ausencias y hasta en las propuestas destinadas a las escuelas.
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La cultura deja de entenderse únicamente como producción artística para presentarse como un derecho ciudadano, como una herramienta de construcción colectiva y como un espacio donde dialogan la literatura, la música, el pensamiento político, la investigación científica, la comunicación, la educación y las nuevas tecnologías.
Y la resistencia aparece casi como consecuencia natural de las otras dos. No como una consigna partidaria. Sino como la decisión de seguir sosteniendo espacios de creación, de lectura, de pensamiento crítico y de circulación de bienes culturales en un contexto nacional donde buena parte de las políticas destinadas al sector atraviesan uno de los momentos más complejos de las últimas décadas.
En ese escenario, organizar una feria del libro deja de ser solamente una actividad del calendario cultural. Se convierte en una declaración de principios.
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MUCHO MÁS QUE UNA FERIA
Cuando comenzó a desarrollarse, hace ya más de veinte años, la Feria del Libro de La Rioja tenía un objetivo concreto: acercar libros y escritores a la comunidad. Con el paso del tiempo ese objetivo fue ampliándose.
Hoy la Feria no solamente acerca libros. Produce encuentros. Genera trabajo para editoriales, librerías, ilustradores, diseñadores, gestores culturales, artistas, comunicadores y trabajadores del sector editorial. Impulsa nuevas publicaciones. Fortalece la producción riojana. Construye redes entre autores del NOA. Articula con escuelas, universidades y bibliotecas. Promueve investigaciones históricas. Visibiliza producciones independientes. Y ofrece un espacio donde las discusiones culturales encuentran un lugar para desarrollarse fuera del vértigo cotidiano.
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Esa transformación explica por qué hoy la Feria ocupa un lugar singular dentro del mapa cultural argentino. Mientras muchos eventos similares concentran su atractivo en la llegada de grandes figuras nacionales, La Rioja apostó por fortalecer un ecosistema cultural propio. La edición 2026 vuelve a demostrarlo.
Más de cincuenta expositores y alrededor de ochenta stands reunirán editoriales independientes, librerías, universidades, organismos públicos, bibliotecas populares, emprendimientos culturales y proyectos editoriales provenientes de distintos puntos del país. La Nave Central del Paseo Cultural Castro Barros volverá a ser el corazón de la Feria. Pero sólo el corazón. Porque el verdadero cuerpo del encuentro se expandirá por toda la ciudad.
Museo Folklórico. Espacio 73. Espacio de Arte Contemporáneo. Casa de la Cultura. Casa de Gobierno. Legislatura Provincial. Bibliotecas Mariano Moreno, Marcelino Reyes y Ramírez de Velazco. Rayuela Libros & Café. Paseo Dionisio Díaz. Espacio de la Memoria. Sala Piqueras. Cada uno de esos lugares alojará parte de una programación que supera ampliamente las actividades tradicionales de una feria editorial. Habrá presentaciones de libros, pero también conciertos, muestras de arte, talleres, conversatorios, encuentros de escritores, debates sobre inteligencia artificial, conferencias sobre patrimonio digital, jornadas para bibliotecas populares, capacitaciones docentes, actividades para las infancias, propuestas de escritura, espectáculos teatrales, narraciones orales y experiencias comunitarias.
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Más que una agenda, la Feria construye durante una semana una verdadera geografía cultural de La Rioja.
UNA CARTOGRAFÍA DE LA PALABRA
Hay un rasgo que aparece una y otra vez al recorrer las casi noventa páginas de la programación oficial: El territorio. No solamente porque participan escritores de distintos departamentos riojanos. Sino porque gran parte de las actividades nacen precisamente de allí. Los libros hablan de Los Molinos, de Anjullón, de Olta, de Chamical, de Patquía, de los Llanos, del bosque petrificado, de las luchas por el agua, de las devociones populares, de los ferrocarriles, de las memorias locales, de los pueblos que muchas veces quedan fuera de los grandes relatos nacionales. También las mesas de debate recuperan esa mirada. El Encuentro de Escritores llevará un nombre que funciona casi como una declaración de identidad: "La Rioja en su propia voz".
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No es casual.
La propuesta busca reunir escritores de distintas generaciones para discutir qué significa producir literatura desde el interior del país, cuáles son los desafíos de editar lejos de Buenos Aires, cómo circulan los libros escritos en las provincias y qué políticas públicas pueden fortalecer esa producción.
Esa discusión trasciende el ámbito literario. Habla también del federalismo cultural. Porque uno de los mayores desafíos de la cultura argentina sigue siendo romper la histórica concentración editorial que convirtió durante décadas a Buenos Aires en el centro casi exclusivo de legitimación.
La Feria riojana propone exactamente lo contrario. Construir desde el territorio. Fortalecer las voces propias. Poner en diálogo a La Rioja con el NOA y al NOA con el resto del país. No para encerrarse en una identidad localista, sino para participar de una conversación nacional desde un lugar propio. Y probablemente allí resida una de las mayores fortalezas de esta edición: no necesita copiar modelos ajenos. Construyó el suyo.
LAS VOCES QUE LLEGAN DESDE DISTINTOS PUNTOS DEL PAÍS
Una de las virtudes de la programación de esta edición es que evita caer en la lógica de las "figuras convocantes" como único atractivo. La Feria no fue concebida como un desfile de celebridades ni como una sucesión de presentaciones individuales. Por el contrario, construye una programación donde las presencias nacionales dialogan con los escritores riojanos, los autores del NOA, los investigadores, las bibliotecas populares y las distintas expresiones culturales que nacen en el territorio.
Eso no significa que falten nombres de peso. Todo lo contrario. La edición 2026 reunirá a algunas de las voces más interesantes del pensamiento, la literatura, la investigación, la música y la comunicación de la Argentina contemporánea. Pero lo hará desde una lógica distinta: la de integrarlas a una conversación colectiva.
Uno de los invitados más esperados será Pedro Saborido. Es difícil encontrar hoy un autor argentino que haya logrado atravesar con tanta naturalidad el humor, la televisión, la literatura y el ensayo político. Guionista histórico de Diego Capusotto, escritor y observador agudo de la cultura popular argentina, Saborido presentará "Una historia de la felicidad", un libro que, fiel a su estilo, combina ironía, reflexión y una mirada profundamente política sobre las formas en que construimos nuestras vidas cotidianas. Su presencia representa mucho más que la llegada de un escritor reconocido. Saborido pertenece a una generación de autores que logró romper las fronteras entre la alta cultura y la cultura popular, demostrando que el humor también puede convertirse en una poderosa herramienta para pensar la identidad argentina. En una Feria atravesada por el concepto de memoria, su mirada resulta especialmente pertinente. Porque buena parte de su obra consiste precisamente en revisar aquello que los argentinos creemos conocer de nosotros mismos.
Otra de las grandes presencias será Eduardo Rinesi. Filósofo, ensayista, ex rector de la Universidad Nacional de General Sarmiento y uno de los intelectuales más influyentes del pensamiento universitario argentino, Rinesi llegará para participar de la presentación del libro "María Saleme. La mirada insomne", escrito por Paula Hunziker, junto con la Colección Pensadoras y Pensadores de Latinoamérica. Su participación incorpora a la Feria una dimensión que va mucho más allá de la literatura. Hablar de Rinesi es hablar de universidad pública, democracia, educación, filosofía política y pensamiento latinoamericano. Su presencia confirma que la Feria riojana no busca únicamente reunir escritores, sino también abrir espacios donde circulen las ideas.
Junto a él estará Paula Hunziker, investigadora y docente, autora del libro dedicado a María Saleme de Burnichon, una de las pedagogas más importantes de la Argentina. La recuperación de figuras como Saleme no resulta casual. También forma parte de esa construcción de memoria que atraviesa toda la programación. Porque recordar no significa únicamente mirar hacia atrás. También implica volver sobre quienes imaginaron otras formas posibles de enseñar, aprender y construir ciudadanía.
Dentro del campo estrictamente literario, uno de los nombres más destacados será el de Alejandra Kamiya. Probablemente sea la escritora de mayor reconocimiento nacional presente en esta edición. Ganadora del Premio Nacional de Literatura y convertida en una de las narradoras más originales de la actualidad, Kamiya llega a La Rioja para presentar tres libros que consolidaron una voz absolutamente singular dentro de la narrativa argentina: "Los árboles caídos también son el bosque", "La paciencia del agua sobre cada piedra" y "El sol mueve la sombra de las cosas quietas". Su escritura parece desafiar el ritmo frenético de la época. Mientras buena parte de la literatura contemporánea apuesta a la velocidad narrativa, Kamiya construye relatos donde predominan el silencio, la contemplación y una sensibilidad extraordinaria para observar aquello que suele pasar inadvertido. Pero su presencia no se limitará a presentar libros. También coordinará el taller "Paciencia y curiosidad", una oportunidad poco frecuente para acercarse a sus procesos creativos y a su manera de pensar la escritura. En un tiempo donde casi todo parece ocurrir de manera inmediata, la propuesta de Kamiya funciona casi como una reivindicación de otra temporalidad. La del tiempo necesario para mirar. La del tiempo necesario para escribir. La del tiempo necesario para leer.
En otro registro, aunque igualmente vinculado con la reflexión sobre la cultura, llegará Soledad Quereilhac. Investigadora del CONICET, profesora universitaria y una de las mayores especialistas argentinas en las relaciones entre literatura, ciencia y cultura, Quereilhac participará con la presentación de "Cuando la ciencia despertaba fantasías", una obra ampliamente reconocida dentro del campo de los estudios culturales. Sin embargo, su presencia no termina allí. También encabezará el conversatorio "AHIRA: las revistas argentinas y el patrimonio digital", dedicado a uno de los grandes desafíos contemporáneos: cómo preservar, digitalizar y democratizar el acceso a las publicaciones culturales que forman parte de la memoria intelectual del país. La inclusión de ese tema dentro de la Feria resulta especialmente significativa. Porque demuestra que hoy la memoria también se juega en los archivos digitales. En las revistas. En los documentos. En las publicaciones que podrían desaparecer si no existieran políticas destinadas a conservarlas.
La música tendrá uno de sus momentos más intensos con la llegada de Juan Falú. Hablar de Falú significa hablar de una de las figuras fundamentales de la música popular argentina. Guitarrista, compositor, docente y referente ineludible del folklore contemporáneo, ofrecerá un concierto homenaje a los desaparecidos organizado junto a organismos de Derechos Humanos. No será un recital más. Será, probablemente, uno de los momentos de mayor carga simbólica de toda la Feria. Porque allí volverán a encontrarse la música, la memoria y el compromiso cultural. Su presencia parece sintetizar de manera perfecta el espíritu de esta edición. No se trata únicamente de recordar. Se trata de encontrar formas artísticas de mantener viva esa memoria.
Pero también habrá lugar para los debates políticos y sociales. Entre los invitados aparece Carlos Castagneto, quien ofrecerá una conferencia dedicada a la política fiscal y al rol del legislador nacional. Por su parte, el diputado nacional y excombatiente Aldo Leiva presentará "Hasta aquí llegué. Aldo Leiva, una historia de Malvinas", acompañado por la diputada nacional Hilda "Beba" de Soria.
En ambos casos, la Feria vuelve a ampliar sus fronteras. Los libros aparecen como punto de partida para discutir economía, Estado, representación política, soberanía y memoria histórica. La agenda nacional también incorpora especialistas provenientes de otros campos. La abogada Silvina Santangelo Carrizo, integrante del Observatorio de Cibercrimen y Evidencia Digital de la Universidad Austral, abordará los desafíos que enfrentan niñas, niños y adolescentes en los entornos digitales. Los comunicadores Maximiliano Bron y Carlos Navarro presentarán "Palabras clave", una obra dedicada a pensar los nuevos lenguajes de la comunicación digital. El investigador Lautaro Oliva propondrá una reflexión sobre identidad nacional y nuevo pacto social. Y la editora Graciela Fernández llevará adelante una de las actividades más relevantes para bibliotecas y docentes, centrada en la producción de libros inclusivos y en la diversidad de materiales de lectura.
Cada uno pertenece a universos distintos. Sin embargo, todos participan de una misma conversación. ¿Cómo pensar hoy la cultura? ¿Cómo preservar la memoria? ¿Cómo enseñar? ¿Cómo escribir? ¿Cómo comunicar? ¿Cómo construir ciudadanía?
La respuesta no aparece en una sola conferencia. Aparece precisamente en el diálogo entre todas ellas. Y esa quizás sea una de las mayores virtudes de esta Feria. No organiza actividades aisladas. Construye una conversación. Una conversación donde la literatura deja de ser un compartimento estanco para encontrarse con la filosofía, la educación, la música, las ciencias sociales, la tecnología, la comunicación y los derechos humanos.
Es allí donde la Feria del Libro de La Rioja encuentra una de sus marcas distintivas. Los invitados nacionales no llegan para ocupar el centro de la escena. Llegan para integrarse a una programación donde el verdadero protagonista sigue siendo el intercambio de ideas.
LA RIOJA EN SU PROPIA VOZ: CUANDO ESCRIBIR DESDE EL INTERIOR DEJA DE SER UNA DESVENTAJA PARA CONVERTIRSE EN UNA IDENTIDAD
Si hubiera que señalar un espacio capaz de sintetizar el espíritu de esta edición de la Feria del Libro, probablemente ese lugar sea el Encuentro de Escritores "La Rioja en su propia voz". No solamente por la cantidad de autores que reunirá durante dos jornadas en el Museo Folklórico. Tampoco por la calidad de las mesas, los talleres o los conversatorios. Su verdadero valor reside en otro aspecto: propone discutir qué significa escribir desde una provincia del interior argentino en un sistema editorial históricamente concentrado en Buenos Aires.
La pregunta no es menor.
Durante décadas, buena parte de la literatura producida en las provincias circuló en ámbitos reducidos. Muchas obras nunca lograron trascender los límites de sus propias ciudades. Otras encontraron lectores gracias al esfuerzo personal de sus autores, de pequeñas editoriales independientes o de bibliotecas populares que sostuvieron la circulación de esos libros cuando el mercado no encontraba interés en ellos.
En ese contexto, organizar un encuentro específicamente dedicado a pensar la producción literaria riojana adquiere un valor estratégico. No se trata únicamente de presentar libros. Se trata de preguntarse cómo se escriben hoy las provincias. Cómo se editan. Cómo se leen. Cómo construyen sus propios lectores. Y, sobre todo, cómo dialogan con el resto del país sin perder la voz propia. Ese es, probablemente, el mayor mérito de la Feria. No obliga a los escritores riojanos a parecerse a nadie. Los invita a profundizar aquello que los vuelve singulares.
La apertura del encuentro llevará un nombre cargado de simbolismo: "El eco de sus voces". Será un homenaje a escritores riojanos ya fallecidos mediante un mural construido con fotografías y fragmentos de sus obras. No es un detalle protocolar. Es otra manera de poner en práctica el lema de esta edición. Porque la memoria también se escribe. Y también se lee.
Ese gesto inaugural establece un puente entre distintas generaciones de autores. Los que ya forman parte de la historia literaria provincial. Los que hoy sostienen esa tradición. Y quienes recién comienzan a escribir.
A partir de allí comenzarán dos jornadas donde la literatura dejará de ser únicamente una experiencia individual para convertirse en conversación colectiva. Habrá mesas dedicadas a los procesos de escritura, al trabajo editorial, a los concursos literarios, a la profesionalización del oficio, a las nuevas voces, a la circulación de libros y a las políticas públicas destinadas al sector. No resulta casual que varias de esas discusiones excedan lo estrictamente literario. Porque escribir nunca fue solamente escribir.
También significa encontrar quién publique. Quién distribuya. Quién lea. Quién recomiende. Quién conserve esos libros en una biblioteca. Quién los enseñe en una escuela. Quién los convierta en patrimonio cultural. Ese recorrido completo aparece reflejado en la programación.
Uno de los conversatorios más interesantes será "De jurados y premiados", donde participarán Julio Sánchez, Flor Agüero, Martín Alanís, Emilce Garrido, Fernando Linetsky y Cecilia Pagani. Más que hablar de premios, la propuesta invita a reflexionar sobre los mecanismos mediante los cuales una obra comienza a circular y encuentra reconocimiento. Porque detrás de cada concurso existe una discusión mucho más profunda. ¿Qué entendemos por buena literatura? ¿Quién construye esos criterios? ¿Desde dónde se legitiman las obras escritas en el interior del país?
Otra mesa especialmente significativa será "Voces nuevas", donde Andrea Martín, Lauricio Cazón, Esteban Chacoma y Antonela Flores compartirán sus experiencias como parte de una generación que empieza a construir su propio lugar dentro del panorama literario regional. Lejos de la solemnidad, el encuentro propone mostrar la literatura como un proceso vivo. Como una conversación permanente entre generaciones. Como un territorio donde conviven quienes recién comienzan con autores que llevan décadas escribiendo.
El cierre llegará con "Territorio de la palabra", quizás el título que mejor resume el espíritu de todo el encuentro. Allí participarán Silvia Camuña, Paola Audisio, Miguel Dallacamina, Rocío Miranda y Pablo Montilla, con la moderación de la secretaria de Culturas Patricia Herrera y la escritora Florencia Guitelman. No será simplemente una mesa de conclusiones. Será una instancia destinada a pensar políticas culturales para el NOA. A discutir cómo fortalecer la producción editorial. Cómo construir redes entre provincias. Cómo acompañar a los nuevos autores. Cómo hacer que escribir desde el interior deje definitivamente de ser una dificultad para convertirse en una fortaleza.
UNA PRODUCCIÓN EDITORIAL QUE NO DEJA DE CRECER
Si algo demuestra esta edición de la Feria es que La Rioja atraviesa uno de los momentos más activos de su producción editorial. El programa reúne una cantidad inusual de presentaciones de libros que recorren prácticamente todos los géneros. Historia. Narrativa. Poesía.Ensayo. Investigación. Literatura infantil. Patrimonio. Filosofía. Memoria. Crónica. Religiosidad popular.
La diversidad resulta llamativa. Aparecen trabajos como "Ética para riojanos. Tensión entre realidad y apariencia", de Héctor Antonio Oyola, una obra que propone pensar la identidad provincial desde la filosofía. También "Wamatinag, madre del agua. Veinte años de resistencia de los pueblos riojanos por el agua para la vida", un libro que recupera uno de los procesos sociales más importantes de la historia reciente de la provincia. Se suman investigaciones como "Los Molinos. Historia social", de Fernando José Pedraza; "Virgen del Valle de la gruta de Anjullón", de Luis Raúl Quintero; "Bosque Petrificado de Olta", de Julio Martínez; "Importencia", de Martín Yoma; "El impacto de la economía europea sobre Argentina desde 1810", de Miguel Ángel Galeano; "Plan Angelelli: de la idea a la política pública", de Gabriela Pedrali; y numerosos trabajos vinculados con la historia local, el patrimonio y la memoria de los departamentos riojanos. Cada uno de esos libros habla de un aspecto distinto de La Rioja. Pero, leídos en conjunto, construyen algo mayor. Una biblioteca. Una memoria escrita. Un archivo colectivo de la provincia.
Dentro de ese amplio panorama también encontrará su lugar "Fugas", el nuevo libro de Alicia Corominas, cuya presentación estará a cargo del periodista y docente Fernando Viano. La incorporación de esta obra resulta especialmente significativa porque amplía todavía más el mapa de voces que llegan a la Feria desde la producción local contemporánea. En tiempos donde muchas veces la circulación editorial depende exclusivamente de las grandes estructuras comerciales, espacios como la Feria permiten que libros nacidos en provincias encuentren lectores, dialoguen con otras obras y pasen a formar parte de una conversación cultural mucho más amplia.
Allí aparece otra de las funciones esenciales de este encuentro. La Feria no solamente exhibe libros. También los legitima. Los pone en contacto con el público. Los convierte en acontecimientos culturales. Y permite que una obra recién publicada encuentre un lugar dentro del patrimonio literario de la provincia.
EDITAR TAMBIÉN ES CONSTRUIR CULTURA
Detrás de cada uno de esos títulos existe un trabajo que muchas veces permanece invisible. El de las editoriales. La programación de este año vuelve a mostrar un ecosistema editorial sorprendentemente diverso. Conviven sellos nacionales con pequeñas editoriales independientes. Librerías tradicionales con proyectos autogestivos. Universidades con emprendimientos culturales. Bibliotecas populares con instituciones públicas. Esa convivencia constituye una de las mayores riquezas de la Feria. Porque demuestra que el libro sigue siendo un proyecto colectivo. Ningún autor escribe completamente solo.
Detrás de cada publicación aparecen editores, correctores, diseñadores, ilustradores, impresores, libreros, distribuidores, bibliotecarios, comunicadores y lectores. La Feria consigue reunir durante una semana a todos ellos. Y eso también explica por qué su importancia excede ampliamente la venta de ejemplares. Lo que circula allí no son únicamente libros. Circulan ideas. Experiencias. Vínculos. Nuevos proyectos. Futuros lectores. Y futuras escrituras.
Porque cada feria del libro termina sembrando, casi sin proponérselo, los libros que se escribirán en los años siguientes.
LA MEMORIA COMO TERRITORIO COMÚN
Hay una idea que aparece una y otra vez al recorrer la programación de esta edición. No importa si se trata de una presentación de libros, una conferencia, una muestra artística, un concierto, una actividad para escuelas o un taller de escritura. En todos los casos vuelve la misma palabra. Memoria. No como un ejercicio nostálgico. Tampoco como una evocación exclusivamente histórica. La memoria aparece aquí como una herramienta para comprender el presente. Quizá por eso el lema de la Feria logra sostenerse durante toda la semana sin convertirse en una frase decorativa.
Porque las actividades dialogan entre sí. Y todas terminan construyendo una misma conversación. La memoria de los pueblos. La memoria de las luchas. La memoria de los escritores. La memoria de los desaparecidos. La memoria de las infancias. La memoria de los libros. La memoria del territorio. Todo eso convive en una programación donde las disciplinas se mezclan permanentemente.
No es casual.
Las ferias del libro dejaron hace tiempo de ser únicamente acontecimientos literarios. Hoy son espacios donde una sociedad se piensa a sí misma. Y la edición riojana parece haber entendido con claridad ese desafío.
EL ARTE TAMBIÉN ESCRIBE
Esa mirada atraviesa con especial fuerza las propuestas de artes visuales. Una de las muestras centrales será "Cuatro sombras en el agua", del artista Sergio Bonzón, instalada durante toda la Feria en el Espacio de Arte Contemporáneo. Lejos de plantear una exposición ilustrativa o descriptiva, Bonzón propone un recorrido donde el collage se convierte en lenguaje poético. Las imágenes parecen surgir de una lógica onírica. Peces. Flores. Fragmentos de cuerpos. Paisajes imposibles. Objetos suspendidos. Escenas que parecen pertenecer simultáneamente al recuerdo, al sueño y a la imaginación. Hay algo profundamente contemporáneo en esa elección. En un tiempo dominado por imágenes inmediatas, la obra de Bonzón invita a detenerse. A observar. A completar los vacíos. A construir sentidos propios. Quizá allí aparezca otro modo de pensar la memoria. No como archivo. Sino como imaginación. Como aquello que cada espectador reconstruye desde su propia experiencia. La exposición encuentra así un diálogo inesperado con el resto de la Feria. Mientras muchos libros recuperan hechos históricos concretos, Bonzón trabaja sobre otra clase de recuerdos. Los que no siempre pueden contarse con palabras.
MAFALDA VUELVE A PREGUNTAR
Si existe un personaje capaz de atravesar generaciones sin perder vigencia, ese es Mafalda. La muestra "Mafalda, resistencia y memoria", realizada por Facundo Palacios, recupera precisamente esa dimensión. No presenta únicamente a la niña creada por Quino como un ícono del humor gráfico. La muestra recuerda algo mucho más importante. Que Mafalda fue, desde sus primeras publicaciones, una forma de mirar críticamente el mundo. Su preocupación por la paz. Su rechazo a las guerras. Su defensa de la democracia. Sus preguntas incómodas. Su capacidad para poner en crisis el sentido común. Todo eso vuelve a aparecer aquí vinculado con los derechos humanos y con la recuperación democrática argentina. En una época donde buena parte de las discusiones públicas parecen reducirse a consignas rápidas, recuperar a Mafalda significa volver a reivindicar la pregunta como herramienta política. No ofrecer respuestas fáciles. Sino invitar a pensar. Y probablemente esa sea también una definición posible de toda la Feria.
CUANDO LA MÚSICA TAMBIÉN CONSTRUYE MEMORIA
Hay acontecimientos cuya potencia excede el hecho artístico. La presencia de Juan Falú pertenece claramente a esa categoría. Su concierto homenaje a los desaparecidos no será solamente una presentación musical. Será uno de esos momentos donde distintas memorias colectivas se encuentran. La del folklore. La de los organismos de derechos humanos. La de quienes sostuvieron la cultura durante los años más difíciles del país. Falú lleva décadas construyendo una obra donde la música nunca aparece separada del compromiso con la historia latinoamericana. Su presencia dentro de esta edición refuerza una idea que atraviesa toda la programación. La memoria también puede cantarse. También puede tocarse. También puede compartirse desde un escenario.
LOS NOMBRES QUE CONSTRUYERON LA HISTORIA RIOJANA
La memoria provincial ocupará un lugar igualmente importante. La figura de Monseñor Enrique Angelelli atravesará distintas actividades. Desde la presentación del libro "Plan Angelelli: de la idea a la política pública", de Gabriela Pedrali, hasta conferencias, mesas de reflexión y propuestas vinculadas con su legado pastoral y político. Lo mismo ocurrirá con los Mártires Riojanos. Habrá actividades dedicadas a Chamical. A Olta. A los cincuenta años del asesinato de los sacerdotes Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville. A la figura de Wenceslao Pedernera. A las comunidades que todavía mantienen viva esa memoria.
Cada departamento aportará además su propia historia. Patquía. Los Llanos. Chamical. Olta. Los Molinos. Anjullón. El bosque petrificado. Los ferrocarriles. Las devociones populares. La historia deja de aparecer como una narración única para convertirse en una suma de memorias territoriales. Y allí vuelve a surgir una característica muy propia de esta Feria. No habla solamente de la historia nacional. Habla, sobre todo, de la historia vivida por las comunidades riojanas.
BIBLIOTECAS: DONDE LA MEMORIA ENCUENTRA SU CASA
Si existe una institución capaz de resumir el espíritu de esta Feria, probablemente sea la biblioteca popular. No resulta extraño, entonces, que el X Encuentro Provincial de Bibliotecas Populares ocupe un lugar tan importante dentro de la programación. Durante una jornada completa, representantes de más de una decena de bibliotecas provenientes de distintos departamentos compartirán experiencias, debatirán desafíos comunes y participarán de espacios de formación. No es un encuentro técnico. Es una reunión de quienes sostienen, muchas veces con enorme esfuerzo, el acceso cotidiano a la lectura en pueblos donde la biblioteca continúa siendo uno de los pocos espacios culturales permanentes. Habrá actividades dedicadas a la inclusión. A los nuevos formatos editoriales. A los materiales accesibles. A las redes de trabajo entre bibliotecas. Pero, sobre todo, habrá una reafirmación de su papel como guardianas de la memoria escrita. Porque antes de existir las plataformas digitales. Antes incluso de muchas editoriales. Fueron las bibliotecas las que conservaron los libros. Y, con ellos, buena parte de la historia de las comunidades.
ESCUELAS: FORMAR LECTORES, FORMAR CIUDADANÍA
Otro de los grandes aciertos de esta edición es la dimensión educativa. Miles de estudiantes participarán mediante el programa Escuelas en la Feria. Pero reducir esa propuesta a una simple visita escolar sería quedarse apenas en la superficie. Las actividades fueron pensadas para que los chicos no recorran la Feria como espectadores. Sino como participantes. Habrá narraciones. Talleres. Juegos literarios. Espectáculos. Actividades vinculadas con la obra de Laura Devetach. Experiencias de escritura. Propuestas sobre mitos riojanos. Tecnología. Patrimonio. Arte. Ambiente. Ciudadanía digital. Inclusión. Derechos. La palabra aparece nuevamente como herramienta de formación. Porque formar lectores nunca significó únicamente enseñar a leer. Significa formar ciudadanos capaces de preguntar. De interpretar. De discutir. De imaginar.
LA CULTURA COMO UNA FORMA DE COMUNIDAD
Al terminar de recorrer la programación completa aparece una sensación muy clara. La Feria del Libro de La Rioja ya no puede definirse únicamente como un acontecimiento literario. Es, en realidad, una gran reunión de la comunidad cultural riojana. Allí se encontrarán escritores consagrados y autores que publican su primer libro. Investigadores del CONICET y bibliotecarias del interior. Filósofos y músicos. Ilustradores y docentes. Editoriales nacionales y pequeños sellos independientes. Niños que descubrirán su primer libro y lectores que llevan décadas recorriendo estos mismos pasillos. Todos compartirán el mismo espacio. La misma conversación. Y quizá esa sea la mayor riqueza de la Feria.
No organiza públicos separados. Los reúne.
En tiempos donde buena parte de la vida cotidiana parece desarrollarse frente a pantallas individuales, una feria del libro sigue ofreciendo algo extraordinariamente simple. La posibilidad de encontrarse. De conversar. De escuchar. De disentir. De descubrir un libro inesperado. De volver a casa con una idea nueva. O con una pregunta. Porque, al final, esa parece ser la verdadera materia prima de esta edición. No son solamente los libros. Son las preguntas que esos libros dejan abiertas. Y en una época que suele ofrecer respuestas cada vez más rápidas, construir un espacio donde todavía sea posible detenerse a pensar quizás sea el acto cultural más valioso de todos.
RAZONES PARA SEGUIR RESISTIENDO
Cuando el domingo por la noche se apaguen las luces del Paseo Cultural Castro Barros y los stands comiencen a desmontarse, la Feria habrá terminado solamente en términos cronológicos. Los libros seguirán circulando. Las conversaciones continuarán en las bibliotecas. Las ideas volverán a las aulas. Los escritores regresarán a sus mesas de trabajo. Los lectores abrirán las primeras páginas de los ejemplares que eligieron durante la semana. Y La Rioja habrá vuelto a demostrar algo que las veintitrés ediciones anteriores ya venían anunciando. Que una feria del libro nunca trata únicamente de libros. Trata de una comunidad que decide encontrarse alrededor de ellos. Y mientras esa decisión siga existiendo, habrá memoria para conservar, cultura para compartir y razones suficientes para seguir resistiendo.
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