
La fe en Dios es su gran refugio espiritual al transitar el cáncer
Julián Tejerina es un guerrero valiente que no se rinde pese a un diagnóstico complejo realizado el año pasado.
El poder de Dios es tan inmenso que se presenta ante las personas de una manera muy especial, como un milagro en sí mismo. Agradecido desde el alma por tener la fortaleza espiritual suficiente para salir adelante, Julián Tejerina no deja de vivir cada instante como si fuera único. Y es que desde la experiencia que transita con soberana entereza, pretende ser una voz al servicio de las personas instando a cuidar su salud.
Lo que realmente es motivación en esta etapa de su vida, es algo mucho más simple que considera una presencia divina que no defrauda. "Dios hace posible que pueda levantarme todos los días para salir adelante", afirmó el joven con la valentía propia de alguien que se aferra a su fe, como privilegio en primera persona.
Los síntomas que percibió comenzaron a manifestarse en abril del año pasado, con dolores que tomaba como normales, pensando que serían circunstanciales y pasarían. "Fui al urólogo y solicitó estudios. Me dejé pasar por siete meses. En noviembre, siento una gran pelota en el testículo izquierdo, me asusto y vuelvo al urólogo y me envía a que me haga estudios, con los resultados me confirmó que tenía cáncer de testículo y que debía hacerme una cirugía", describió Julián Tejerina con cierta angustia, pero cuyo desenlace fue feliz.
No obstante, una pequeña célula cancerígena que quedó del tumor, se alojó en el pecho y ahí, fue un volver a empezar. "Me operaron y salió muy bien. Comencé a sentir dolor pero no en el testículo, sino en la parte de la espalda, iba a la guardia y me ponían inyecciones porque me decían que podía ser el hígado o el apéndice, pero no pasaba el dolor", compartió. La grandeza de un Todopoderoso que no lo abandonó, hizo que se descubriera qué lo originaba, pero luego de análisis completos; resultó que el tumor había crecido 18 milímetros en cinco meses. "Lloré, lloré y me descargué porque había vuelto. Al día siguiente dije: 'Esto lo tengo que pasar por mí, por mi familia, por los que están adelante y detrás mío'", expresó. Entonces, fue el día de su cumpleaños -un 13 de abril- inició con las sesiones de quimioterapia.
Eran cuatro fases de siete días. Una gran batalla le esperaba a este guerrero que fusionó el testimonio de una enfermedad compleja con la esperanza que lo sostiene, inquebrantable.
Y de repente pudo trascender la situación más difícil que le tocó en suerte e incluso convertirla en algo positivo, con una muestra de optimismo. Desde el primer día, decretó que la enfermedad no le ganaría y que, a pesar de las circunstancias, está bueno elegir el humor como medio de escape porque -de alguna forma- sana.
Su palabra resulta un bálsamo de sensibilidad precisa para afrontar las desgracias latentes con dosis de concientización que tiene de sobra, al describir cada etapa del tratamiento. "La primera 'quimio' fue fatal sin embargo, me levantaba para orar al Señor, gracias a él siento que puedo estar aquí todavía. Tuve la posibilidad de pedirle que no me suelte la mano y estar con mi familia, que es fundamental para mí", comentó Tejerina.
"Cada día que pasaba no entendía, tenía dolores de pecho, de cabeza y no podía comer porque lo devolvía. Nunca antes se me había caído el pelo, para mí era algo nuevo", reveló jugándose por hacer un cambio y sacar a la depresión de la cancha, para que se luzca la promoción de la prevención y, a través de videos, agradeció por lo bueno y por lo malo que transita, aún con la aparición de complicaciones.
"Uno de los químicos de las 'quimios' tuvo el efecto de tocarme uno de los nervios de la espalda y a la pierna derecha no la movía, no tenía reacción. Jugaba con mi hijito y me caía. Empecé a hacer 'fisio' y, de un día para el otro, empecé a tener movimientos", indicó el joven que aprendió a sobrellevar el proceso y, así, dedicarle su triunfo de terminar las "quimios" a Dios.
30 años, 30 "quimios"
Consciente que le queda mucho por vivir con las penas o los momentos de belleza y felicidad, no permite que nada se le venga abajo y apuesta a cuidarse, a hacerle bien al organismo a través de una nutrición responsable y a cumplir cada ítem del tratamiento. Con treinta años, recibió treinta sesiones de quimioterapia en una travesía con altas y bajas, descubriendo una nueva perspectiva en su existencia. "Hace dos semanas terminé la última 'quimio' y siguen habiendo dolores, ahora se me está cayendo el pelo de vuelta, pero son cosas que pasan.
Orar es fundamental y lo hago también para quienes tienen lo mismo o no, es algo muy fuerte", reveló sin perder la fe que lo conmueve hasta el corazón. Y es que para Dios nada es imposible. "Esto sigue, pero me siento bendecido por tener a mi familia sana y unida", dijo el exfutbolista de la liga jujeña que no se olvida de elevar plegarias al cielo, a cualquier hora del día.
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