
Jugó en Atlético Tucumán, le convirtió a River y estuvo a un paso de jugar un Mundial con Egipto
Un ex delantero del "Decano" reveló la increíble historia que lo dejó a un trámite de representar a los "Faraones" en una Copa del Mundo, todo por el significado de su nombre.
Resumen para apurados
Ismael Blanco dejó un recuerdo fugaz en Atlético Tucumán. Llegó en agosto de 2017 procedente de Colón, disputó 22 partidos, marcó tres goles y uno de ellos quedó grabado en la memoria de los hinchas: el que le convirtió a River en el Monumental, para sellar el 2-2 luego de que el "Decano" estuviera dos goles abajo. Además, formó parte del plantel que disputó la histórica Copa Sudamericana de ese año.
Sin embargo, la carrera del delantero entrerriano guarda una historia mucho más llamativa que cualquiera de sus goles. Estuvo a un paso de jugar un Mundial... con la selección de Egipto. Y todo ocurrió por una increíble confusión relacionada con su nombre.
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Nacido en Santa Elena, Entre Ríos, Blanco desarrolló una extensa trayectoria en la que defendió 18 camisetas diferentes, entre ellas las de Colón, Lanús y Atlético, además de consagrarse campeón en cuatro países. Pero fue desde el fútbol egipcio cuando comenzó una situación tan insólita como inesperada.
Todo nació porque se llama Ismael. En el mundo árabe y musulmán, ese nombre tiene un enorme significado religioso al estar asociado con uno de los profetas del islam (hijo de Abraham). Esa coincidencia hizo que dirigentes, periodistas e hinchas egipcios asumieran que el delantero argentino tenía ascendencia árabe o incluso raíces egipcias.
"Todo venía del nombre, ellos pensaron que yo tenía raíz egipcia. Buscamos todo, ellos también buscaron todo, pero no, era imposible. Me pusieron Ismael, pero no hay nada más", contó el ex futbolista en una entrevista con TN.
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La historia tomó un giro inesperado cuando el entrenador argentino Héctor Cúper dirigía a la selección de Egipto de cara a la Copa del Mundo de Brasil en 2014. Mientras Blanco jugaba en Ecuador, recibió un llamado que parecía una broma, pero era completamente real. "Me quisieron nacionalizar egipcio", contó.
La ilusión duró poco. Tanto el futbolista como las autoridades egipcias comenzaron a investigar su árbol genealógico para encontrar algún vínculo que permitiera tramitar la ciudadanía. Pero no existía ningún parentesco.
"Buscamos, pero no había nada. Mi apellido es Blanco, de Santa Elena, Entre Ríos. No había forma", explicó.
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Así, el sueño de disputar una Copa del Mundo se esfumó antes de empezar. No por una decisión futbolística, sino porque legalmente era imposible obtener la nacionalidad.
Aunque nunca llegó a vestir la camiseta de los "Faraones" ni jugar en el país para concretar aquella posibilidad, Blanco se transformó en un personaje muy popular entre los aficionados egipcios. "Me siguen escribiendo, me llaman... siempre están contactándome", confesó.
Aquella simple elección de sus padres terminó marcando uno de los episodios más curiosos de una carrera que lo llevó por 18 clubes, lo convirtió en campeón en distintos países y, por un momento, lo hizo creer que podía cumplir el sueño de jugar un Mundial con una selección a la que nunca perteneció.
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