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Granjas de trolls: manipulación y desinformación en tiempos de redes
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Granjas de trolls: manipulación y desinformación en tiempos de redes

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Redacción
jueves, 16 de julio de 2026 · 10:25 a. m. hs · 5 min
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Cómo se influencia en la opinión pública

Las redes sociales, teléfonos celulares mediante, se convirtieron hoy en la herramienta de difusión más poderosa y potente, y la política está más atenta que nunca para controlar y usufructuar ese campo, a veces con buenas armas, a veces no tanto.

No se trata de algo estrictamente novedoso, sino de una misma tarea que se va actualizando y acomodando según las épocas.

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Originalmente una campaña política dependía casi exclusivamente de la acción presencial del candidato: por caso, Juan Domingo Perón, salta a la popularidad total el famoso 17 de octubre de 1945, y se convocó a elecciones para febrero de 1946.

Para ganar, Perón recorrió el país provincia por provincia. Con la formación ferroviaria "La Descamisada", hizo en una primera gira Córdoba, La Rioja, Catamarca y Santiago del Estero, y en una segunda gira Mendoza, San Juan, San Luis y Jujuy, además de hacer actos en Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, etc. Tenía que ir, tenía que hablar, tenían que verlo, y arrasó en las elecciones.

Transportándonos al presente, Javier Milei disputó la presidencia sin pisar jamás provincias como Catamarca, Chubut, Formosa, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Misiones, Río Negro, San Luis, Santa Cruz o Santiago del Estero, y ganó cómodamente.

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Ya no es necesaria la presencia física, cuando se puede imponer una imagen por otros medios.

Internet en general y las redes sociales en particular, cambiaron el escenario y las reglas de juego, como lo hicieron la radio a comienzos del siglo pasado, y la televisión en la segunda mitad.

El primero en descubrirlo y aprovecharlo fue el estadounidense Franklin Delano Roosevelt.

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Roosevelt advirtió que la radio le daba una llegada tremenda, y personalmente condujo un programa llamado "Fireside Chats" (Charlas junto a la chimenea), en las que hablaba de manera informal y cercana, como si charlara con cada norteamericano. Fueron en total 30 discursos nocturnos transmitidos a nivel nacional entre 1933 y 1944, que Roosevelt utilizó para dirigirse directamente al pueblo estadounidense, explicando sus políticas del New Deal (Nuevo Trato) durante la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial.

El resultado fue único: Roosevelt ganó cuatro elecciones presidenciales consecutivas, una marca inigualada, y que además ya no podría darse porque hoy hay un límite para ser reelecto.

Algo similar ocurrió con la televisión y la imagen. John Kennedy debatió con Richard Nixon en un mano a mano que decidía el futuro del país. Los efectos fueron asombrosos: quienes habían escuchado el debate por radio daban ganador a Nixon, pero quienes lo habían seguido por televisión preferían a Kennedy. Nixon se veía mal, transpiraba. Kennedy parecía un actor almidonado. Ya era la televisión la que abría la puerta de los hogares, y Kennedy se impuso.

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El tercer y decisivo cambio se da dos décadas atrás, cuando Barack Obama es el primero en aprovechar al máximo los mensajes de texto, internet y las redes, para arrasar con una campaña simple con consignas muy sencillas como "Sí, podemos" o "Podemos creer en el cambio", que también lo llevó al éxito.

Cada golpe de efecto fue exitoso, y de inmediato, alrededor del mundo, todos fueron tomando nota e imitando las mismas estrategias.

No pasó mucho tiempo hasta que muchos se dieran cuenta de que si las redes sociales influían tanto, el camino más corto era meterse en las redes e imponer mensajes haciéndose pasar como usuarios, para que cada lector inocente crea que la mayoría piensa tal o cual cosa. Por ejemplo que Fulano es corrupto y Mengano la esperanza.

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Para eso, nacieron las granjas, que pueden ser sencillas (unas cuantas computadoras y teléfonos conectados) o sofisticadas, con programas capaces de mandar cientos de miles de mensajes.

De la misma forma, su tarea puede ir de filtrar simples comentarios a directamente inventar noticias falsas, o bien el combo de inventar una noticia y meterle miles de comentarios para hacerla más viral y creíble.

Es sin dudas un juego sucio y a veces caro, pero que da resultados y los seguirá dando en la medida que el público genuino no advierta la forma en que se busca manipularlo.

Porque las mentiras existieron siempre, pero ahora hay disponible un infinito abanico de recursos para difundirlas y mezclarlas con la verdad: de eso se ocupan las granjas de trolls.

Cómo son las granjas

Una "granja de trolls" no es como ver una película de hackers con luces verdes y códigos cayendo por la pantalla. En realidad, se parece mucho más a un call center aburrido o a una oficina de marketing digital bastante gris.

Es una mesa o fila con computadoras económicas. No hay genios malvados, sino empleados con metas diarias.

​El Hardware: Muchas veces usan racks de celulares conectados a una sola computadora. Cada teléfono tiene una tarjeta SIM distinta para evitar que las redes sociales detecten que todas las cuentas vienen de la misma conexión.

​El Software: Usan paneles de control que les permiten manejar 50 o 100 cuentas al mismo tiempo. Desde una sola pantalla, el "operador" puede publicar el mismo mensaje en diferentes perfiles con un solo clic.

​La Identidad: Tienen carpetas llenas de fotos de personas (robadas de internet o generadas por IA) y biografías listas para que los perfiles parezcan legítimos.

​Su objetivo es convencer sobre la bondad o maldad de una persona o proyecto, alabando a quien paga o insultando al opositor, y generando al mismo tiempo reacciones.

Trabajan con el Efecto de "Falsa Mayoría" (Astroturfing)

​Si ves que un comentario tiene 500 "likes" y 100 respuestas apoyándolo, tu cerebro tiende a pensar que mucha gente piensa así y que quizás tengan razón. Todo lo hacen ellos mismos.

En general son mensajes provocadores, porque los humanos reaccionamos más rápido a la indignación que a la alegría.

Tácticas comunes

​Los trolls se ocupan de presentar a una persona cualquiera como muy querida, inventando seguidores o mensajes de apoyo, o bien de defender a alguien que hizo algo malo presentándolo como una víctima.

A veces, la misma oficina maneja trolls que defienden la postura "A" y trolls que defienden la postura "B". El fin es que los ciudadanos reales se metan en la pelea y se desgasten odiándose entre sí.

Cuando hay una noticia importante que no les conviene, inundan las redes con otro tema o responden a las críticas diciendo: ¿Y por qué no hablas de lo que hizo el otro hace diez años?. Esto rompe el diálogo y evita que se llegue a conclusiones claras.

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Leer la nota original en El Esquiú
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