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Frente a las pantallas, los partidos también se juegan con el corazón
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Frente a las pantallas, los partidos también se juegan con el corazón

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Nora Bär
martes, 23 de junio de 2026 · 06:41 a. m. hs · 9 min

Un match decisivo puede desencadenar infarto, arritmia y crisis hipertensiva; lo muestra la literatura científica y lo explican los especialistas

Por Nora Bär

Lo descubrió un estudio pionero publicado en el British Medical Journal en diciembre de 2002. El trabajo abrió una línea de investigación que hoy sigue acumulando evidencias académicas y confirmándose en la práctica de los especialistas. El "estresazo" que se vive al  ver jugar al equipo propio, incluso cómodamente sentado frente a una pantalla y a miles de kilómetros de distancia del campo de juego, puede gatillar eventos cardiovasculares agudos en personas predispuestas. Y cuanto más dramático el partido (especialmente si termina en penales), el riesgo parece ser mayor.

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El estudio mencionado, realizado por Douglas Carroll y colaboradores de la Universidad de Birmingham, analizó las estadísticas de internación hospitalaria de la población inglesa de 15 a 64 años durante todos los partidos de Inglaterra en el Mundial 1998. Los autores compararon los datos de esos días con los mismos períodos de cuatro años antes y posteriores, y con el mes previo al torneo. El resultado fue claro: el partido contra la Argentina, el más tenso y que se definió por penales, produjo un aumento estadísticamente significativo de internaciones cardiovasculares. La especificidad del hallazgo es, para los investigadores, una de sus fortalezas: no fue el Mundial en general ni el estrés acumulado de varias semanas lo que multiplicó el riesgo, sino ese partido en particular.

"Fue en octavos de final, unos 15 o 16 años después de la Guerra de Malvinas, terrible –recuerda Daniel López Rosetti, jefe del Servicio de Medicina del Stress del Hospital Central de San Isidro–… Hubo expulsiones, penales durante el tiempo reglamentario, terminó con un empate 2 a 2, tuvieron que ir al alargue y no hubo goles. Así que hubo que ir a la definición por penales, no quedó otra. El último lo patea David Batty, y lo erra, con lo que Inglaterra quedó afuera del Mundial. Ese día y los posteriores aumentaron las internaciones por causas cardiovasculares. Eso se explica porque la descarga de una condición de estrés agudo puede llevar a que se rompan las placas de ateroma [acumulaciones de lípidos, colesterol, células inflamatorias y otras sustancias que se forman en el interior de las arterias]. Se produce, literalmente, una tormenta perfecta, lo que indica que el cerebro no distingue entre una catástrofe real y una futbolística".

Esa tormenta, explica López Rosetti, involucra una cascada biológica que hoy se conoce con precisión: se activa el eje hipotálamo-hipófiso-suprarrenal [el principal sistema neuroendocrino que regula la reacción del cuerpo al estrés y controla procesos metabólicos, inmunitarios y el estado de ánimo] eleva el cortisol, que a su vez supersensibiliza las células a la acción de [las hormonas] adrenalina y la noradrenalina [que trabajan en conjunto para activar la famosa respuesta de "lucha o huída"]. Al mismo tiempo, el estrés activa mecanismos de hipercoagulabilidad sanguínea (una respuesta evolutiva que anticipa una posible herida), altera las moléculas de adhesión en la superficie de las placas de ateroma, genera un estado proinflamatorio sistémico con interleuquinas como la IL-6 [proteínas que actúan como mensajeras entre las células del sistema inmunitario], aumenta la frecuencia cardíaca y produce vasoconstricción periférica con el consiguiente incremento de la presión arterial. El resultado puede ser la ruptura de una placa vulnerable o una arritmia letal.

"Tan impactante fue este trabajo –recuerda el especialista–, que en la sección de discusión los propios autores sugirieron que, dado el riesgo cardiovascular documentado de la tanda de penales, debería considerarse una alternativa para definir los partidos en esas instancias".

Ocho años después del estudio inglés, el Mundial de Alemania 2006 brindó la oportunidad de realizar una investigación prospectiva (es decir, metodológicamente más robusta) sobre el mismo fenómeno. Un equipo de médicos de emergencias del área de Munich siguió en tiempo real los eventos cardiovasculares en 15 localidades del estado de Baviera durante todo el torneo y comparó los resultados con períodos equivalentes de 2003 y 2005.

El trabajo, publicado en enero de 2008 en el New England Journal of Medicine, evaluó a 4279 pacientes. En los días en que jugó Alemania, la incidencia de emergencias cardíacas fue 2,66 veces mayor que en el período control. Para los hombres, la cifra trepó 3,26 veces; para las mujeres, fue 1,82 veces mayor. El pico de incidencia se registró dentro de las primeras dos horas del inicio de cada partido.

Los infartos con elevación del segmento ST, los más graves, que implican oclusión total de una arteria coronaria, aumentaron 2,49 veces. Y entre los pacientes que sufrieron eventos coronarios en días de partido, el 47% tenía enfermedad coronaria conocida, frente al 29 por ciento del período control. La enfermedad preexistente, silenciosa o diagnosticada, fue el principal factor que separó a quienes sufrieron un evento de este tipo de quienes no.

Un dato clave del estudio alemán: cuando jugaban equipos extranjeros, el número de emergencias cardíacas se mantuvo dentro de los valores normales.

Una investigación publicada en 2021 en Acta Cardiologica sumó una dimensión adicional al análisis: las diferencias de género. Examinó las admisiones de urgencia cardiovascular en el Centro Hospitalario Universitario Hermanas de la Caridad, de Zagreb, durante y después de los partidos que Croacia disputó en el Mundial de Rusia 2018, una campaña histórica que llevó al equipo hasta la final.

Los resultados mostraron que ver los partidos de la selección croata representó un riesgo adicional de sufrir un evento cardiovascular, con una particularidad llamativa: el riesgo fue especialmente pronunciado en mujeres. El hallazgo matiza la imagen habitual del "hincha con infarto" como un fenómeno predominantemente masculino y sugiere que la vulnerabilidad cardiovascular ante el estrés deportivo no reconoce género.

"El fenómeno está bien descripto en la literatura médica, pero nosotros todavía no lo estamos viendo en el grupo de clínicas que manejo", afirma el cardiólogo Jorge Belardi, a cargo de todos los servicios de la especialidad en Swiss Medical. Sin embargo, el Hospital Austral difundió una gacetilla en la que informan que están registrando un 20% más de consultas por causas cardiovasculares.

"Un partido de la Selección puede funcionar como una verdadera prueba de esfuerzo emocional –explica José Bonorino, jefe de la Unidad Coronaria del mencionado centro médico–.  Durante un encuentro intenso, el cuerpo activa el sistema nervioso simpático y libera adrenalina, noradrenalina y cortisol. Esto provoca un aumento de la frecuencia cardíaca, una elevación de la presión arterial y un incremento del consumo de oxígeno por parte del músculo cardíaco".

Las consecuencias posibles, informa, van desde eventos coronarios por ruptura de placas ateroscleróticas hasta arritmias, crisis hipertensivas con riesgo de ACV y la llamada miocardiopatía por estrés o síndrome de Takotsubo, una disfunción cardíaca transitoria que puede simular un infarto. También llamado miocardiopatía por estrés o, más popularmente, síndrome del corazón roto, fue descrita por primera vez en Japón en 1990: el paciente llega con dolor en el pecho, alteraciones en el electrocardiograma y elevación de marcadores de daño miocárdico. Sin un estudio de imagen, es difícil distinguirlo de un infarto agudo. La diferencia fundamental es que en el Takotsubo no hay obstrucción de las arterias coronarias y además no siempre lo desencadena una emoción negativa. Existe el llamado Happy Heart Syndrome, descrito por Ghadri et al. en el European Heart Journal en 2016, donde el disparador es una emoción positiva intensa

"En casos extremos –advierte Bonorino– el estrés emocional puede actuar como desencadenante final de una muerte súbita en personas con enfermedad coronaria o cardiopatías no diagnosticadas". En su guardia, las consultas bajan mientras dura el partido y suben después. "En líneas generales, crecen alrededor de un 20 por ciento –afirma–, especialmente durante instancias decisivas o definiciones por penales. El problema es que muchos pacientes llegan tarde porque esperan a que termine el partido para buscar atención médica."

Tanto López Rosetti como Bonorino son enfáticos en un punto: estos eventos no ocurren en quienes no sufren problemas de salud. "Se dan en personas predispuestas –destaca López Rosetti–. En aquellos que ya tienen aterosclerosis, placas de ateroma, que están enfermos y lo saben (tienen un infarto previo, angina de pecho, arritmias) o factores predisponentes: hipertensión, colesterol elevado, diabetes, tabaquismo, obesidad, dieta con ultraprocesados, estrés crónico, exceso de alcohol".

Bonorino agrega que la soledad puede ser un factor de riesgo adicional: en personas con enfermedad cardíaca conocida, adultos mayores con múltiples factores de riesgo o quienes ya experimentaron síntomas en partidos anteriores, ver el encuentro acompañado permite detectar señales de alarma a tiempo.

Los síntomas que no deben ignorarse son el disconfort en el pecho, la espalda, los brazos, el cuello o la mandíbula; molestias epigástricas o náuseas; disnea o sudoración profusa; palpitaciones; mareos o síncope [desmayo]; y cualquier signo neurológico focal. "Si un síntoma no desaparece en segundos o pocos minutos –subraya Bonorino–, hay que dejar de mirar el partido y consultar. Ante la duda, siempre es mejor buscar atención médica".

Otros estudios que encontraron estos efectos fueron el de Witte y colegas (BMJ, 2000), que analizó la mortalidad cardiovascular en holandeses durante la Eurocopa 1996; en particular, qué ocurrió tras el partido jugado el 22 de junio, el día que la Selección de ese país fue eliminada por Francia por penales. La mortalidad por enfermedad coronaria y ACV aumentó significativamente en hombres el día del partido: 1,51%.

También en el Mundial de Francia 1998, Katz y colegas documentaron un aumento de paros cardíacos extrahospitalarios en hombres de los cantones francófonos de Suiza durante los partidos de la selección Suiza, y otro grupo registró un incremento de muertes súbitas en Suiza durante el Mundial de 2002.

Sin embargo, hay que mencionar que hubo otros estudios que no encontraron esta tendencia. Por ejemplo, un análisis polaco en más de 255.000 pacientes en tres torneos (Eurocopas 2012 y 2016, y Mundial 2018) no halló aumento. Entre las hipótesis que podrían explicar esta inconsistencia se menciona que lo que importa es la intensidad del partido, que la identificación del público con el equipo varía entre países y culturas, y que el tamaño muestral de algunos estudios negativos puede no ser suficiente para detectar un efecto que, aunque real, puede ser relativamente pequeño en términos absolutos.

Una curiosidad es que una investigación encontró el efecto contrario: Berthier y Boulay (Heart, 2003) documentaron que el día en que Francia ganó su propio Mundial en casa, en 1998, la mortalidad por infarto en hombres franceses disminuyó. Es el único trabajo que muestra un efecto protector, posiblemente por euforia colectiva sin la angustia de la incertidumbre. Contrasta simétricamente con lo que pasó en Inglaterra ese mismo día.

En conclusión: aunque la ciencia no recomienda apagar el televisor ni privarse del placer de ver jugar a nuestro equipo, sí aconseja tomar las necesarias precauciones para que nuestro corazón también aguante los 90 minutos… y los penales que haya que patear.

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