
Financiamiento circular de la IA: qué es, por qué preocupa a Wall Street y cuáles son los riesgos para los mercados
Los acuerdos de inversión entre las grandes tecnológicas y sus propios clientes generan dudas sobre la sostenibilidad del boom de la IA. Los últimos balances reavivaron las inquietudes por el creciente endeudamiento, el gasto en infraestructura y su impacto sobre la rentabilidad del sector.
Los acuerdos de inversión entre las grandes tecnológicas y sus propios clientes generan dudas sobre la sostenibilidad del boom de la IA. Los últimos balances reavivaron las inquietudes por el creciente endeudamiento, el gasto en infraestructura y su impacto sobre la rentabilidad del sector.
Las inversiones cruzadas entre empresas tecnológicas alimentan las dudas sobre la sostenibilidad del crecimiento de la inteligencia artificial y su impacto en Wall Street.
El boom de la inteligencia artificial genera crecientes dudas en Wall Street sobre la sostenibilidad de las inversiones y las valuaciones tecnológicas, en un contexto de tasas de interés elevadas y mayor costo de financiamiento.
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Una de las principales preocupaciones es el llamado financiamiento circular, un mecanismo por el cual fabricantes de chips y grandes tecnológicas invierten o prestan dinero a empresas de IA que, a su vez, utilizan esos fondos para comprarles hardware o contratar sus servicios, financiando así parte de su propia demanda.
Microsoft, uno de los principales proveedores de infraestructura en la nube, comprometió u$s13.000 millones en OpenAI, desarrolladora de ChatGPT, que a su vez acordó contratar u$s250.000 millones en servicios de Azure para entrenar y operar sus modelos de inteligencia artificial.
Un esquema similar involucra a Amazon y Google, que invirtieron miles de millones en Anthropic, competidora de OpenAI y desarrolladora de Claude. Esta última asumió compromisos de gasto por al menos u$s110.000 millones en AWS y u$s114.500 millones en Google Cloud para acceder a la capacidad de procesamiento que necesita.
De esta forma, las empresas que financian el desarrollo de la IA también venden la infraestructura necesaria para hacerla funcionar, lo que plantea dudas sobre cuánto de esa demanda podrá sostenerse sin nuevos aportes de capital.
La preocupación de los inversores es que este circuito esté generando una demanda dependiente del propio financiamiento, aumentando los riesgos de sobreinversión y endeudamiento. Estas dudas se profundizaron tras los balances de Microsoft, Alphabet y Amazon de esta semana, que mostraron un fuerte crecimiento del gasto en infraestructura de IA y una creciente presión sobre la generación de caja.
La reacción fue especialmente negativa para Alphabet, cuyas acciones se desplomaron un 12,6% el jueves, mientras el Nasdaq cayó un 1,37%. Este viernes, después de los resultados de Amazon e Intel, el índice tecnológico llegó a retroceder más del 3%, con fuertes pérdidas en fabricantes de semiconductores como Nvidia y AMD.
La creciente dependencia del financiamiento entre las propias compañías plantea interrogantes sobre la capacidad del sector para sostener su expansión sin nuevos aportes de capital. Aunque estos acuerdos permiten acelerar la construcción de centros de datos y ampliar la capacidad de procesamiento, también pueden generar una sobreinversión en infraestructura si la demanda final de servicios de IA no crece al ritmo esperado.
Para Tomás Sisto Bourel, research analyst de Fortress Capital, actualmente existe un grado de financiamiento circular superior al habitual dentro del ecosistema tecnológico.
"La comparación más cercana probablemente sea el boom de telecomunicaciones de fines de los 90, cuando los propios proveedores financiaban a sus clientes para acelerar la construcción de infraestructura", señaló. No obstante, destacó una diferencia respecto de aquel período: hoy muchas de las compañías involucradas cuentan con balances y generación de caja más sólidos.
"El riesgo sería que esta dinámica termine generando una capacidad instalada muy por encima de la demanda final", explicó. Sin embargo, consideró que ese no será el principal problema, dado que la demanda potencial de inteligencia artificial todavía resulta enorme y difícil de dimensionar.
Román Eduardo Gutiérrez, portfolio manager en Báltico Investments, también reconoció los riesgos del mecanismo, aunque relativizó su magnitud. "El llamado financiamiento circular ciertamente es un riesgo para el sector tecnológico, pero en nuestra opinión está magnificado", afirmó.
Según explicó, estas operaciones responden en parte a la forma de hacer negocios de las tecnológicas y a la creciente competencia por el acceso al capital en Estados Unidos, donde las necesidades de financiamiento del Tesoro conviven con las del sector privado, en un escenario de inflación y tasas elevadas.
Como ejemplo, mencionó el reciente acuerdo entre Nvidia y Meta, uno de sus principales clientes. El fabricante de chips anunció una inversión de u$s3.000 millones en una emisión de acciones de Meta, destinada a financiar su expansión en inteligencia artificial, mientras ambas compañías profundizaron su alianza para ampliar el uso de infraestructura de Nvidia.
Para Gutiérrez, este tipo de operaciones, en las que un proveedor contribuye a financiar las inversiones de su propio cliente, podría sumar presión bajista sobre las acciones de Meta.
Los resultados presentados esta semana por Microsoft, Alphabet y Amazon confirmaron el fuerte crecimiento del negocio de inteligencia artificial, pero también profundizaron las dudas sobre la rentabilidad de las inversiones en infraestructura. El aumento del gasto y la presión sobre la generación de caja provocaron fuertes caídas en las acciones tecnológicas, especialmente después de los balances de Alphabet y Amazon.
Para Sisto Bourel, los balances dejaron un panorama heterogéneo, aunque el desempeño operativo de los negocios vinculados a la IA continuó siendo sólido.
Microsoft superó las expectativas, con ingresos por u$s92.300 millones y un crecimiento interanual del 48% en Azure. Alphabet, por su parte, presentó ingresos prácticamente en línea con las proyecciones, mientras Google Cloud creció un 103%. Sin embargo, los ingresos del negocio de búsquedas decepcionaron al mercado y el mayor gasto en IA agravó las preocupaciones sobre su rentabilidad. Como consecuencia, sus acciones se desplomaron un 12,6% el jueves.
En este último caso, Sisto Bourel explicó que el menor beneficio por acción respondió principalmente a pérdidas no operativas, antes que a un deterioro del negocio principal. Sin embargo, el fuerte crecimiento del gasto en infraestructura comienza a representar un desafío financiero: Alphabet destinó u$s51.400 millones a inversiones de capital durante el trimestre, mientras Microsoft desembolsó u$s39.400 millones, montos que empiezan a presionar sobre el flujo de caja libre.
Amazon también quedó bajo presión tras la presentación de sus resultados. Aunque su división de servicios en la nube, AWS, aumentó sus ingresos un 39% interanual, hasta u$s46.000 millones, el mercado reaccionó negativamente ante la magnitud de sus inversiones en infraestructura de IA.
La compañía registró un flujo de caja libre negativo de u$s42.400 millones en los últimos doce meses y proyectó gastos de capital cercanos a u$s220.000 millones para 2026, lo que profundizó las dudas sobre cuánto tiempo necesitará para recuperar esas inversiones y traducir el crecimiento del negocio en mayor generación de efectivo.
Para Gutiérrez, los resultados obligan a adoptar una estrategia más selectiva, ya que no todas las tecnológicas presentan la misma capacidad para financiar sus inversiones.
El especialista distinguió un primer grupo de compañías con balances sólidos y buenas perspectivas de crecimiento, integrado por Apple, Amazon y Microsoft. En un segundo segmento ubicó a Meta, Alphabet y Oracle, que mantienen fortaleza financiera, pero comienzan a mostrar mayores presiones sobre su liquidez y generación de caja.
"Estas empresas tienen margen financiero de maniobra pero sus costos financieros están aumentando y deberán ralentizar su gasto de capital a futuro", advirtió.
Finalmente, identificó un tercer grupo compuesto por empresas más pequeñas y agresivas, como CoreWeave y Nebius, donde observa mayores riesgos de sobreendeudamiento y dependencia del financiamiento externo.
La diferencia resulta fundamental para evaluar las perspectivas de inversión: mientras algunas tecnológicas pueden sostener el crecimiento de la IA con los recursos que generan sus propios negocios, otras dependen en mayor medida del acceso al crédito y de nuevos aportes de capital para financiar su expansión.
Más allá de los resultados individuales, uno de los principales interrogantes para Wall Street es hasta qué punto la creciente interconexión financiera entre las empresas de IA podría amplificar una eventual corrección del mercado, especialmente en un contexto de tasas elevadas y mayor endeudamiento.
Para Sisto Bourel, este es el principal riesgo del modelo de crecimiento actual. "Hoy proveedores, hyperscalers y compañías de IA están vinculados no solamente comercialmente, sino también a través de inversiones, financiamiento y garantías", advirtió.
Según explicó, si alguno de los principales participantes enfrenta dificultades para financiar su expansión o reduce significativamente sus inversiones, las consecuencias podrían trasladarse rápidamente al resto de la cadena, afectando tanto los ingresos de los proveedores como el valor de sus participaciones financieras.
Gutiérrez también destacó las diferencias en el costo de asegurar la deuda de las empresas tecnológicas mediante contratos CDS, un indicador de la percepción del mercado sobre el riesgo de incumplimiento. En particular, señaló a Oracle como una de las grandes tecnológicas con mayores costos de cobertura crediticia, lo que refleja una mayor preocupación de los inversores por su exposición financiera.
Sin embargo, Sisto Bourel consideró que estos riesgos deben contrastarse con la fortaleza de los resultados operativos. Como ejemplo, destacó que Nvidia aumentó sus ingresos un 106% interanual en su último trimestre, mientras su división de centros de datos creció un 117%, lo que demuestra que la demanda de infraestructura de IA continúa acompañando el elevado ritmo de inversión.
Además, sostuvo que parte de las preocupaciones ya está incorporada en las valuaciones. Según sus estimaciones, Alphabet cotiza cerca de 20 veces sus ganancias proyectadas, Nvidia alrededor de 15 veces y Micron aproximadamente cinco veces, múltiplos que considera atractivos frente a las perspectivas de crecimiento de estas compañías.
Por eso, Fortress Capital mantiene una perspectiva favorable para las inversiones en semiconductores y las grandes tecnológicas, particularmente Nvidia y Alphabet, aunque advierte que la elevada volatilidad puede modificar rápidamente las oportunidades de inversión según el precio de entrada.
Desde Báltico Investments, Gutiérrez también conserva una visión positiva sobre Wall Street y contempla un posible avance del S&P 500 hacia los 8.000-8.200 puntos para enero de 2027, después de las elecciones legislativas de medio término en Estados Unidos. No obstante, recomienda diversificar las carteras entre acciones seleccionadas, ETF y bonos para reducir la exposición a sectores específicos.
De esta manera, la principal incógnita para los inversores será qué empresas podrán sostener el crecimiento de la inteligencia artificial con ingresos y flujos de caja propios, y cuáles seguirán dependiendo del financiamiento externo, en un escenario en el que las inversiones cruzadas podrían amplificar los riesgos ante una desaceleración del sector.

