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Es de La Plata, trabajó con la NASA, ideó trenes solares y lo llamó Harvard: “Quiero trabajar en mi país”
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Es de La Plata, trabajó con la NASA, ideó trenes solares y lo llamó Harvard: "Quiero trabajar en mi país"

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Rocío Alterleib
jueves, 25 de junio de 2026 · 03:00 p. m. hs · 9 min

Aparte de esos inventos, su pasión lo llevó a desarrollar una versión preliminar de una app para monitorear y reportar incendios en zonas de riesgo de la provincia de Buenos Aires, Hoy, luego de ser convocado por Harvard entre 60 mil post…

Rocío Alterleib

Un telescopio, un microscopio y un juego de química fueron los juguetes que invitaron a Valentín Poggio a soñar, cuando tenía solo 8 años. Hoy es un apasionado por la física, la filosofía y la matemática y sus conocimientos lo hicieron participar de importantes proyectos en Argentina y el mundo, entre los que se encuentra ser parte de una simulación de un viaje tripulado a Marte a través de la NASA. Además, su poder de invención lo llevó a participar en la modificación de una locomotora para que funcione con energía solar y la creación de una aplicación para detectar incendios desde el espacio, todas ideas que decantaron en que sea seleccionado entre 60.000 postulantes para estudiar en Harvard con todos los gastos pagos.

Nacido en La Plata, siempre fue un niño muy inquieto, con intereses muy amplios: "Es un poco esa frase de cruzar el río tanteando las piedras, según lo que haya, según lo que me interese y según lo que vea que pueda ser algo importante, algo que tenga algún impacto", cuenta, quien busca generar, sobre todo, algún efecto sobre su país.

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Todavía recuerda todos esos juguetes que le marcaron la vida, pero hay uno que ganó sobre todos los demás, el telescopio: "Nos quedábamos hasta tarde mirando las estrellas, mi papá enfocaba a Júpiter y me enseñaba sobre sus cuatro lunas. Había algo que me interesaba, que todavía no sabía cómo se llamaba pero quería saber más", rememora.

Valentín destaca que esos regalos de niñez fueron primordiales para sus intereses actuales, ya que "la curiosidad por las ciencias y las matemáticas no podemos pretender que se despierten solas en los niños y que de la nada se sienten a estudiar estando horas leyendo", expresa. Parte de su recorrido de aprendizaje es prueba fehaciente de esto, porque con su inquietud típica de niño logró saber que le gusta la matemática en particular y las ciencias en general.

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Podría decirse que sus dos escuelas fueron la educación pública y YouTube: no había momento fuera del colegio en que no estuviera con la computadora viendo a Javier Santaolalla, físico e ingeniero español que enseña a través de esa plataforma de videos. Esa manera de divulgación se grabó en él para siempre, como si a fuego en su mente se hubiera tatuado la curiosidad por los agujeros negros, motivo principal por el que actualmente le apasiona la física, sobretodo la de partículas.

Su principal sueño y desafío es poder entender lo que más pueda de todo lo que sea posible: "Mi mejor apuesta para lograrlo es estudiar física, filosofía y matemática, son como las mejores maneras de pretender alcanzar la verdad, conocer lo más que se pueda del universo", destaca sonriente. Cada una de esas disciplinas pueden ayudar a comprender el universo en su totalidad: la física para entender las leyes por las que funciona o se rige la realidad observable, la filosofía para entender qué se entiende por entender, conocer o percibir la realidad y la matemática porque las mejores definiciones de qué es la verdad o qué es poder afirmar algo están en ella: "Sería la mejor combinación para intentar entender lo más que se pueda entender", insiste.

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Valentín hace rato está en el radar científico nacional e internacional: su pasión por el espacio lo llevó a desarrollar una versión preliminar de una aplicación para monitorear y reportar incendios en zonas de riesgo de la provincia de Buenos Aires, participando del NASA Space Apps Challenge 2023, donde, durante un fin de semana, equipos multidisciplinarios desarrollaron soluciones digitales para desafíos reales en la Tierra y el espacio implementado datos públicos de la NASA.

Luego revolucionó locomotoras con el proyecto de transformación de la 'GT22', iniciativa que ganó el primer premio de entre 211 proyectos presentados en el Concurso de Innovación Tecnológica organizado por la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires en 2024: "Queríamos hacer algo interesante con el profesor y estuvo bueno que recibiera un reconocimiento o mención, ya que no nos habíamos postulado para nada y despertó interés por sí solo", detalla. La iniciativa consistió en la implementación de una forma alternativa de alimentación para ese tipo de trenes, que hasta hoy funcionan con gasoil y que, si el proyecto se implementara, podrían hacerlo mediante energía de red y paneles solares dispuestos en el techo de los vagones.

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Así, Valentín, junto a Santino Spazzerini, Joaquín Duarte, Joaquín Pérez y su profesor Norberto Rosendo, del colectivo 'Salvemos al Tren', desarrollaron la propuesta a través de largas jornadas charlando sobre política, industria y medioambiente: "Me pone feliz ese proyecto; lo hicimos con un muy buen profesor y un muy buen grupo de amigos", recuerda efusivo. El trabajo en sí consistió en la transformación de una locomotora General Motors Diesel a energía limpia pero no se terminó llevando a cabo, "aunque estaría bueno si se hiciera", dice esperanzado.

De lograrse aplicar, reduciría la contaminación y podría eliminar el costo de mantenimiento de los motores diésel. Teniendo en cuenta que en Argentina existen alrededor de 500 locomotoras GT-22, de las cuales unas 150 están en funcionamiento y el resto fuera de servicio, el ahorro sería enorme. El problema, como en muchos de estos casos, es la financiación: Valentín y sus colegas estimaron un costo de inversión de 8 millones de dólares por unidad reconvertida, cifra que es justificable a largo plazo, ya que una locomotora diésel tradicional consume unos 16 millones de dólares en combustible a lo largo de toda su vida útil. De hecho, los costos podrían bajar aún más si las baterías de litio se producen en Argentina, en vez de importarlas de otros países como China.

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La Escuela Técnica Albert Thomas a la que asistío le allanó el camino, mental y académicamente hablando: fue la que consolidó su pasión por la física y la que lo llevó a postularse al 'United Space School', un programa que se hace en Texas durante 15 días en el cual se simula un vuelo tripulado a Marte.

El proceso de aplicación fue arduo e incluyóel envío de dos curriculum con cartas de recomendación de dos profesores, videos hablando en inglés del interés del postulante en la ingeniería aeroespacial, la NASA, la exploración y una explicación de cuál podría ser la contribución personal a una misión espacial. Luego se dio una larga etapa de entrevistas acerca de técnicas que aplicarían en el proyecto y de cómo afronta cada postulante los trabajos en equipo. Se pasa además por una serie de trabajos, donde cada uno resuelve preguntas simulando lo que tendría que hacer un estudiante que entra al 'United Space School'. Por último, si aún quedan muchos postulantes, se repiten algunas etapas hasta que ganen una o dos personas por país. En el programa los ganadores trabajan codo a codo con ingenieros, astronautas y todas las personas que forman parte de esta especie de 'mentoría' de la NASA. Aprenden así cómo sería ese proceso si la misión fuera real.

Durante esas dos semanas se dividen en equipos, donde cada uno tiene una tarea: el equipo rojo, el que eligió Valentín, se encarga del armado del cohete y de la planificación de la trayectoria hacia Marte; el azul se enfoca en la investigación científica, el objetivo científico de la misión, los experimentos que se van a hacer y cómo se va a analizar la información conseguida en la misión; mientras que el verde desarolla el sistema vital que mantiene a los astronautas vivos. Fueron 15 jornadas a puro aprendizaje en Houston, donde los estudiantes asistieron a diario al 'Space Center' y recibieron capacitaciones de especialistas en propulsión, salud espacial y gestión de recursos. "Me interesa muchísimo lo que hacen los ingenieros para explorar el espacio, la exploración espacial me encanta", logró determinar luego del programa de la NASA.

Valentín volvió de Texas sin saber que lo que le deparaba en breve era igual de emocionante: la confirmación de que su recientemente iniciada carrera de física en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) quedaría de lado para continuar sus estudios en Harvard.Poggio es así uno de los 2.000 jovenes de todo el mundo que logró ser seleccionado de entre más de 60.000 alumnos por la reconocida universidad estadounidense para tener una beca completa, con gastos de carrera, alojamiento, comida y pasajes a la Argentina cubiertos: "Vi un mail que decía 'Congratulations, Valentín Poggio' y no lo podía creer, pensé que era una joda", revive entre risas. Entrar a Harvard puede sonar difícil, pero Valentín recuerda su postulación como una en la que, más allá de escribir ensayos, mandar un analítico y contar su experiencia relacionada a la carrera, se busca conocer al postulante como persona:"Quieren saber qué es lo que te motiva, qué te emociona, a qué le dedicás tu tiempo por fuera de tus estudios", resalta. De hecho, uno de los puntos que cree le jugó a favor es su cercanía con profesores como Rosendo, a quien le pidió una de las cartas de recomendación que se tienen que mandar para aplicar a la beca: "La pasé muy bien trabajando con él y siento que aprendí muchísimo", subraya agradecido.

En esta nueva etapa académica, Valentín está 'en su salsa', ya que no hay mejor momento ni lugar para explorar que el sistema universitario; en él puede tomarse un tiempo para elegir una orientación, lo que no suele suceder en otros países: "La especialización principal se declara recién al iniciar el segundo año e incluso se puede hacer más tarde", especifíca. Así fue como el primer semestre pudo enfocarse en materias que siempre le apasionaron y que a la vez dejan abierto el panorama para especializarse más adelante en diversas ramas: "Estuve a full con física, matemática y algo de astrofísica, porque es el lado para el que en algún momento sin dudas quiero ir", relata.

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Si bien constantemente expresa que no quiere cerrarse a nada en términos de estudio y crecimiento personal, Valentín tiene muy en claro que está haciendo lo que quiere: "Me gusta estudiar cosas que me parezcan difíciles, que puedan cambiar mi manera de pensar. Por suerte intereses no me faltan: podría, por ejemplo, dedicarme a la física básica que me apasiona, tanto por el lado experimental como por la parte teórica, el pizarrón; pensar y ver", define.

A pesar de que la mayoría de su carrera se está desarrollando en Estados Unidos, Valentín piensa constantemente en Argentina: "Me gustaría generar un impacto en mi país, que sienta que cambian las cosas en el sector aeroespacial; me encantaría estar trabajando ahí y ver qué hay un proyecto que avanza, no contribuir a la ciencia o industria de otro país. No me sentiría conforme si no hago algo en Argentina", cierra.

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Leer la nota original en El Destape
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