Emocionante posteo: Los recuerdos de la Escuela 288 de Hualfín
Un vecino de Hualfín rescata sus recuerdos de la Escuela 288: el portero don Felipe, el desayuno con pan criollo y el himno bajo el frío catamarqueño
Memoria escolar en Catamarca
Juan Mirabal compartió un emotivo texto sobre sus años en la Escuela 288 de Hualfín, con imágenes de un invierno cargado de leña, cantos patrios y el calor de una comunidad entera
Una mañana gélida fue suficiente para que Juan Mirabal recuperara en un instante décadas de memoria escolar. El vecino de Hualfín publicó un emotivo texto en el que invita a otros ex alumnos a compartir sus propias vivencias en la Escuela 288, un establecimiento que marcó a varias generaciones de esa localidad catamarqueña.
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En su relato, Mirabal describe cómo los chicos llegaban corriendo al edificio escolar para refugiarse del frío, y cómo ya desde el umbral se percibía esa mezcla inconfundible de leña ardiendo y piso recién lustrado. El responsable de ese orden y ese calor era don Felipe Romero, el portero que tenía siempre lista la leña y era el encargado de hacer sonar la campana de bronce que marcaba cada momento del día.
A las ocho en punto, el primer tañido convocaba a los alumnos al patio de baldosas. Allí se formaban en silencio, de primero a séptimo grado, para el izamiento de la bandera. Con puntero en mano, la señora Pirucha dirigía el canto del himno con una autoridad que no admitía distracciones: nadie se animaba a callar ante su mirada.
Luego venía el desayuno: jarritos de aluminio humeantes y pan criollo recién salido del horno, un momento que Mirabal recuerda como humilde y generoso a la vez. Detrás de esa calidez había un esfuerzo invisible: doña Elvira Rodríguez, doña Filomena Reales y doña Beatriz de Carrizo se levantaban antes del alba para preparar la comida que alimentaba a más de doscientos personas entre alumnos, docentes y directivos.
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Al mediodía, el comedor se transformaba en un espacio de comunidad. Mesas con manteles a cuadros, una imagen del Cristo presidiendo el salón y la costumbre de dar gracias de pie antes de sentarse marcaban una rutina que hoy suena a otro tiempo. Al final de la tarde, cerca de las dieciséis horas, una última merienda con mate cocido y pan criollo cerraba la jornada antes del regreso a casa.
"No hay invierno ni tiempo capaz de borrarlo", escribe Mirabal al final de su texto, convencido de que lo aprendido en esas aulas fue mucho más que lo que decían los libros. El posteo, que circula en redes sociales, ya despertó reacciones de otros ex alumnos dispuestos a sumar sus propios ecos de la escuela a esta memoria colectiva de Hualfín.
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