
El ocaso de Manuel Adorni: 72 horas de silencio, refugio y custodia tras su salida del poder
De ser la voz omnipresente del Gobierno a un ostracismo absoluto. El exjefe de Gabinete desapareció de las redes, mientras la Justicia acelera las causas en su contra.
Resumen para apurados
En apenas tres días, el ecosistema de Manuel Adorni pasó del centro de la escena mediática al vacío total. El hombre que durante dos años y medio marcó el pulso de la comunicación de Javier Milei optó por un repliegue táctico: no hay posteos, no hay ironías y no hay apariciones públicas.
Su último mensaje, aquella carta de renuncia del 27 de junio, marcó el final de una gestión que terminó asfixiada por el Congreso y bajo la lupa de la Justicia por presunto enriquecimiento ilícito, lavado de activos y dádivas.
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El contraste es total. Adorni, quien solía utilizar sus redes sociales para confrontar y exhibir su gestión, ha llamado a un estricto silencio virtual. En su cuenta de Instagram, la última imagen es la del abrazo con Milei y su sucesor, Diego Santilli, una postal que hoy parece lejana.
Físicamente, el escenario es similar. El exvocero no ha sido visto en los alrededores de su departamento en la calle Miró, en Caballito, un sitio que en los últimos meses se convirtió en epicentro de protestas y escraches.
Dentro de la Casa Rosada, el clima hacia él ha mutado de la lealtad al rechazo. Quienes antes celebraban su estilo ahora lo califican como un dirigente "radiactivo". A pesar de haber contado con el blindaje de los hermanos Milei hasta el último minuto, su situación se volvió políticamente insostenible ante la amenaza de una interpelación legislativa. "Nadie quiere hablar de él", confiesa una fuente oficialista, al resumir el distanciamiento precautorio que tomó el Gobierno para evitar que el costo político de sus causas judiciales salpique la gestión.
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La vida cotidiana de Adorni se ha vuelto compleja. Su domicilio actual, ubicado estratégicamente cerca de la sede de Puan de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), lo coloca en una zona hostil tras sus polémicas posturas sobre el financiamiento educativo. Los vecinos reportan gritos e insultos constantes de transeúntes, un clima de tensión que explica por qué el exfuncionario aún conserva custodia oficial.


Aunque el Poder Ejecutivo evita dar precisiones sobre la continuidad de este servicio de seguridad, fuentes cercanas al exjefe de Gabinete justifican su permanencia en "amenazas" recibidas, aunque hasta el momento no se ha confirmado que estas hayan sido judicializadas.
El asedio no es solo social, sino judicial. El juez Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Pollicita investigan el patrimonio de Adorni y de su esposa, Bettina Angeletti, poniendo el foco en la adquisición de propiedades y las costosas refacciones realizadas en el último año.
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Pese a los rumores que circularon sobre una posible mudanza a Uruguay, el entorno íntimo de Adorni desmiente cualquier salida del país. "Manuel no se va a ningún lado", aseguran con énfasis, al descartar también que exista un nuevo cargo público esperándolo en el corto plazo.
El consenso en el oficialismo es que cualquier designación hoy representaría un "gasto innecesario" de capital político para el Presidente.
Todo indica que el refugio definitivo del exvocero será su propiedad en el country Indio Cuá, en Exaltación de la Cruz. Se trata de la misma finca que hoy está bajo la mira de la Justicia por una inversión declarada de 245.000 dólares en efectivo para refacciones de lujo, que incluyeron una cascada de jardín y una pileta climatizada.
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