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El Arzobispo de Salta se expresó contra el narcotráfico
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El Arzobispo de Salta se expresó contra el narcotráfico

RL
Redacción LA GACETA
miércoles, 16 de septiembre de 2026 · 09:00 a. m. hs · 3 min
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Ante la multitud, monseñor Cargnello cuestionó el avance de la droga y la mentira social.

El punto de inflexión de la jornada de fe para renovar el Pacto de Fidelidad -el momento exacto en que la homilía abandonó la cadencia pastoral para volverse un rugido seco- llegó cuando el Arzobispo de Salta, Mario Antonio Cargnello abordó el avance del narcotráfico devorándose las barriadas: "el narcotráfico es un genocidio". Fue el tramo más vehemente del mensaje, ahí donde la voz amplificada por los altavoces se convirtió en el reclamo acorralado de miles de familias. Cargnello denunció que "ser cómplices de ese negocio infame es un pecado gravísimo... es un pecado que clama al cielo", antes de hacer retumbar una seguidilla de exigencias que helaron el aire de la plaza.

"En nombre de los que murieron víctimas de la droga, en nombre de los niños y jóvenes que no saben cómo salir de esa esclavitud y luchan y luchan y no pueden; en nombre de los padres y familias que impotentes lloran y piden ayuda, digamos basta. En nombre de tantas familias que ven la pobreza porque sus propios hijos les roban y les quitan la esperanza, digamos basta. En nombre de la sociedad que ve perder a jóvenes bajo nuestros puentes, digamos basta". Antes de ese estallido, Cargnello ya había comenzado a ponerle palabras al malestar subterráneo de la multitud. Frente a rostros marcados por el cansancio de las largas caminatas, el prelado señaló la profunda grieta que atraviesa la vida cotidiana: "También hoy como los primeros cristianos experimentamos la división dentro nuestro y entre nosotros. Estamos divididos entre hermanos, en nuestras familias, en nuestros pueblos, en nuestro país, en el mundo". En ese marco, recordó que el histórico Pacto de Fidelidad no es un refugio nostálgico, sino un compromiso ético que "señala un estilo de vida que nos exige hacernos cargo de nuestros hermanos".

En uno de los pasajes más severos de su locución, identificó al engaño sistemático como un ácido que desgasta la convivencia colectiva hasta volverla invivible.

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"La mentira corroe y destruye el vínculo entre las personas, enferma la vida de las familias, destruye la confianza, corrompe y prostituye la economía y la política, hace muchas veces invivible la vida social, enfrenta a los hermanos y nos acostumbra a la difamación y a la calumnia... como si fuera un deporte que nos va deshumanizando a pasos agigantados".

Cargnello reivindicó al hogar como la "primera escuela de humanidad" donde se aprende la "gramática elemental de la convivencia: recibir la vida, cuidar al otro, perdonar, servir y pertenecer". Desde allí, remarcó que la altura moral de un pueblo se mide por cómo custodia sus extremos más vulnerables: "La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni de un interés confesional, es una meta de civilización. Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural. La grandeza moral de una nación se manifiesta sobre todo en su capacidad de acompañar, proteger y amar aquellas vidas que atraviesan mayor fragilidad".

El tercer eje, indisolublemente ligado a su reclamo contra las adicciones, fue el llamado explícito a combatir la corrupción y la complicidad estatal.

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Leer la nota original en La Gaceta
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