
EEUU: La inflación vuelve a encender las alarmas
La inflación en EE. UU. subió al 3.7% en septiembre, impulsada por la energía y con nuevas presiones sobre las tasas de interés de la Fed
El costo de vida en Estados Unidos continuó aumentando en septiembre, sin ofrecer un alivio significativo a los consumidores. Los precios volvieron a subir y mantuvieron la inflación por encima del objetivo de la Reserva Federal (Fed), en un contexto marcado por el encarecimiento de la energía y las tensiones geopolíticas.
El índice de precios al consumidor (IPC), indicador que mide la evolución del costo de los bienes y servicios en la economía estadounidense, registró un incremento desestacionalizado del 0.6% en septiembre. Con este resultado, la inflación anual alcanzó el 3.7%, según informó el miércoles la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (BLS).
Los economistas consultados por Dow Jones anticipaban un aumento mensual del 0.6% y una tasa anual del 3.6%. Aunque el dato mensual coincidió con las expectativas, el resultado interanual superó las estimaciones.
La inflación subyacente, que excluye los precios más volátiles de los alimentos y la energía, también mostró un comportamiento superior al previsto. Este indicador avanzó un 0.3% durante el mes y acumuló un incremento del 2.6% en los últimos 12 meses. Los analistas esperaban aumentos del 0.2% y del 2.5%, respectivamente.
En agosto, la inflación general anual se situaba en el 3.4%, mientras que la subyacente era del 2.4%. Las nuevas cifras reflejan una aceleración de ambas medidas.
El aumento de los costos energéticos volvió a ser uno de los principales factores detrás de la inflación. El índice de energía subió un 5.2% en septiembre, mientras continuaban las tensiones entre Estados Unidos e Irán por la guerra iniciada a finales de febrero, un conflicto que todavía no muestra señales claras de terminar.
La gasolina registró un fuerte incremento del 9.1% durante el mes. Según la BLS, este componente explicó aproximadamente la mitad del avance de la inflación general.
El encarecimiento también se refleja en las cifras anuales. Durante los últimos 12 meses, los precios de la gasolina aumentaron un 34.2%, mientras que el combustible para calefacción registró un alza mucho mayor, del 74.2%.
Estos incrementos mantienen la energía como una de las principales fuentes de presión sobre los presupuestos familiares y dificultan una moderación sostenida del costo de vida.
No todos los componentes del IPC avanzaron al mismo ritmo. Los precios de los alimentos permanecieron sin cambios en septiembre, aunque todavía acumulan un incremento del 2.5% frente al mismo mes del año anterior.
En contraste, el costo de la vivienda aumentó un 0.4% durante el mes. Los automóviles y camiones usados también registraron una subida significativa, del 0.7%.
Estos movimientos muestran que, pese a la estabilidad mensual de los alimentos, otros gastos habituales de los hogares continúan encareciéndose. Además, el comportamiento de la inflación subyacente sugiere que las presiones sobre los precios no se limitan exclusivamente al sector energético.
La publicación del informe provocó una reacción negativa en los mercados financieros. Los futuros de las acciones estadounidenses pasaron a terreno negativo, mientras que los rendimientos de los bonos registraron fuertes aumentos.
Al mismo tiempo, los operadores elevaron sus expectativas de un posible incremento de las tasas de interés en la próxima reunión del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), prevista para el 27 y 28 de octubre.
Según la herramienta FedWatch de CME Group, la probabilidad de una subida de tasas en ese encuentro aumentó hasta aproximadamente el 44%. Las expectativas de un incremento antes de finalizar el año superaron el 96%, con una posibilidad cercana al 50% de que el ajuste alcance los 0.50 puntos porcentuales.
La persistencia de la inflación complica las decisiones de política monetaria de la Fed, que debe equilibrar la necesidad de controlar los precios con los posibles efectos de unas condiciones financieras más restrictivas sobre la economía.
El informe de septiembre también tiene especial relevancia porque constituye la última lectura del IPC que los integrantes del FOMC recibirán antes de su reunión de octubre.
El jueves, la BLS publicará el índice de precios al productor (IPP) correspondiente a septiembre, un indicador que permite evaluar la evolución de los costos mayoristas y aporta información adicional sobre las presiones inflacionarias.
Sonu Varghese, estratega jefe de macroeconomía de Carson Group, señaló que el informe mostró una inflación más intensa de lo esperado, con presiones que van más allá del encarecimiento de los combustibles.
«El IPC llegó más alto de lo previsto y no se debió únicamente a los precios del combustible, ya que la inflación subyacente avanzó a un ritmo anualizado del 3.7% en septiembre y del 3.2% durante 3 años», afirmó Varghese.
El estratega también cuestionó que los inversionistas continúen sorprendidos por la amplitud de las presiones inflacionarias. «La única sorpresa es que los inversionistas sigan sorprendiéndose por una inflación generalizada. Además, todavía no hemos visto todo el impacto de los mayores precios del diésel y del auge de la inteligencia artificial», agregó.
Sus declaraciones apuntan a otros factores que podrían mantener la presión sobre los precios, incluidos los costos del transporte asociados al diésel y las consecuencias económicas del crecimiento acelerado de la inteligencia artificial.
La inflación medida por el IPC se mantiene por encima de la meta del 2% de la Reserva Federal desde marzo de 2021. Aunque el indicador mostraba una trayectoria descendente al comenzar 2026, volvió a acelerarse después de los ataques que Estados Unidos e Israel lanzaron contra Irán.
Durante los últimos meses, la variación anual de los precios había moderado su ritmo de crecimiento. Sin embargo, esa desaceleración no ha sido suficiente para acercar la inflación al objetivo del banco central.
Los nuevos datos de septiembre refuerzan la preocupación por la persistencia de los aumentos de precios y elevan la incertidumbre sobre las próximas decisiones de política monetaria. Con la energía encareciéndose y la inflación subyacente superando las previsiones, la Reserva Federal afronta una reunión clave en la que deberá evaluar si las presiones inflacionarias justifican un nuevo endurecimiento de las tasas de interés.
El índice de precios al consumidor (IPC) subió un 0.6% mensual, situando la tasa anual en el 3.7%, una cifra superior al 3.6% esperado por los analistas. La inflación subyacente también se aceleró, alcanzando un incremento anual del 2.6%.
El sector energético es el principal motor, con un alza del 5.2% en el mes impulsada por un incremento del 9.1% en la gasolina debido a las tensiones con Irán. Otros componentes como la vivienda (+0.4%) y los vehículos usados (+0.7%) también contribuyeron a la presión inflacionaria generalizada.
Los inversores han elevado al 96% la probabilidad de un incremento de tasas antes de finalizar el año, con un 44% de opciones para la reunión de octubre. Esta expectativa ha provocado caídas en los futuros de acciones y un repunte significativo en los rendimientos de los bonos del Tesoro.
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