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Dormir de día para correr de noche: la estrategia de los pilotos de Fórmula 1 en Singapur
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Dormir de día para correr de noche: la estrategia de los pilotos de Fórmula 1 en Singapur

SG
Sol Garcia Hamilton
sábado, 10 de octubre de 2026 · 11:29 p. m. hs · 6 min
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Los hábitos de los corredores revelan cómo el descanso puede convertirse en una herramienta de preparación deportiva.

Resumen para apurados

Lifestyle, por Fernanda Bringas (muy_fer_) Producción general y Sol García Hamilton (solchugh) - Producción periodística.

En Singapur, algunos de los mejores pilotos de Fórmula 1se despiertan cuando buena parte de la ciudad ya terminó de almorzar. Desayunan alrededor de las dos de la tarde, entrenan y trabajan hasta entrada la madrugada. Aunque podría parecer una rutina desordenada, detrás de estos horarios existe una estrategia que los equipos mantienen desde hace años para intentar reducir los efectos del cambio de huso horario.

Durante la conferencia de prensa del Gran Premio de Singapur 2026, Gabriel Bortoleto contó que suele acostarse a las tres de la madrugada y despertarse a la una de la tarde. El brasileño de Audi aseguró que se siente cómodo con esos horarios, mientras que Esteban Ocon, piloto de Haas, reveló que habitualmente duerme doce horas por noche y que ese jueves se había despertado a las 13.40.

Lando Norris también disfruta de esta particular organización. El piloto de McLaren contó que durante su estadía había dedicado hasta tres horas y media por noche a jugar al pádel y que, curiosamente, sentía que tenía más tiempo disponible. Además, señaló que conservar estos horarios facilita el regreso a Europa, ya que evita tener que volver a modificar completamente su rutina.

Según explica la propia Fórmula 1, durante el Gran Premio de Singapur los pilotos intentan mantener horarios similares a los europeos en lugar de ajustarse completamente al horario local. Las escuderías reorganizan entrenamientos, comidas, reuniones y compromisos con la prensa, mientras que los hoteles utilizan cortinas opacas para facilitar el descanso durante la mañana.

La estrategia tampoco es nueva. En 2014, Nico Rosberg ya describía una rutina similar, en la que se acostaba alrededor de las cinco de la madrugada y se despertaba a las dos de la tarde para desayunar mientras otras personas almorzaban. Sin embargo, aunque el objetivo es evitar una adaptación innecesaria del reloj biológico, ¿qué tan conveniente resulta realmente esta práctica desde el punto de vista científico?

Para comprender esta estrategia, La Gaceta Lifestyle consultó a Diego Golombek, doctor en Biología, investigador superior del CONICET, especialista en cronobiología —la disciplina que estudia los ritmos biológicos— y profesor de la Universidad de San Andrés.

Según explicó, mantener los horarios del lugar de origen es una alternativa posible, aunque requiere condiciones muy específicas para funcionar adecuadamente. "La veo como bastante arriesgada", advirtió sobre la estrategia. Para Golombek, lo ideal sería llegar al destino con suficiente anticipación como para adaptar completamente el reloj biológico antes de competir. Sin embargo, reconoció que esa posibilidad resulta difícil de implementar por las exigencias económicas y logísticas del calendario.

El problema está relacionado con el funcionamiento de nuestros ritmos circadianos, los ciclos biológicos de aproximadamente 24 horas que regulan, entre otras funciones, cuándo sentimos sueño y cuándo estamos preparados para mantenernos despiertos.

Cuando viajamos a un país con una diferencia horaria importante, nuestro reloj interno no se modifica automáticamente. Es entonces cuando aparece el jet lag. "Cuando llegamos, para el mundo es una hora, pero para nuestro cuerpo es otra", explicó Golombek. Esa desincronización puede provocar somnolencia en momentos inadecuados, dificultades para concentrarse y alteraciones en los horarios de las comidas. Aunque el organismo suele adaptarse progresivamente durante los días siguientes, los cambios constantes de huso horario pueden convertirse en un problema para quienes viajan con frecuencia.

En este contexto, mantener los horarios europeos permite intentar evitar esa adaptación durante una estadía breve. Sin embargo, Golombek señaló que el resultado depende especialmente de un factor que muchas veces pasa inadvertido: "la luz es la nafta del reloj biológico", sintetizó el especialista.

La iluminación que recibimos a lo largo del día es una de las principales señales que utiliza el organismo para sincronizar sus ritmos internos. Por eso, para mantener un horario distinto al del entorno no alcanza simplemente con acostarse más tarde. También es necesario controlar cuidadosamente los momentos de luz y oscuridad.

En el caso de los pilotos, las cortinas que bloquean la claridad exterior permiten crear un ambiente adecuado para dormir mientras en Singapur es de día. Pero Golombek advirtió que incluso una exposición a la luz en horarios inadecuados puede interferir con el ritmo circadiano que intentan conservar.

La dificultad de sostener este esquema explica por qué una rutina organizada para una competencia no necesariamente resulta recomendable para cualquier persona. Algo similar ocurre con quienes trabajan durante la noche y deben descansar durante el día, aunque muchas veces no cuentan con las condiciones necesarias para controlar su exposición a la luz.

Las declaraciones de Bortoleto y Ocon también plantean otra pregunta. ¿Es suficiente dormir diez o doce horas para garantizar un buen descanso? Golombek explicó que los deportistas de alto rendimiento suelen prestar especial atención a la cantidad de horas que duermen, ya que sus exigencias físicas y cognitivas pueden requerir una recuperación importante. Sin embargo, aclaró que un descanso adecuado no depende únicamente de su duración.

Para evaluarlo, el especialista identificó cuatro parámetros fundamentales: la cantidad de horas, la calidad del sueño, el momento del día en que dormimos y la regularidad de nuestros horarios. Esto significa que dormir muchas horas no garantiza, por sí solo, un descanso óptimo. También importa que el sueño sea reparador y que exista cierta estabilidad en los horarios.

La cuestión adquiere especial relevancia en la Fórmula 1, donde los pilotos deben mantener niveles elevados de atención y concentración durante competencias físicamente exigentes, con temperaturas extremas y decisiones que deben tomarse en fracciones de segundo.

Golombek explicó que dormir mal puede afectar funciones cognitivas fundamentales, como la atención, la concentración y la toma de decisiones. En una disciplina donde una distracción mínima puede tener consecuencias importantes, proteger el descanso forma parte de la preparación para competir. Pero las consecuencias de una rutina de sueño irregular no se limitan al deporte profesional.

Aunque pocas personas necesitan organizar su descanso alrededor de una carrera nocturna, los cambios de horarios forman parte de nuestra vida cotidiana. Acostarnos más tarde durante los fines de semana, levantarnos temprano por obligaciones laborales o modificar constantemente nuestras rutinas también puede generar diferencias entre nuestro reloj biológico y los horarios que exige la sociedad. Este fenómeno se conoce como jet lag social.

Según explicó Golombek, en Argentina el jet lag social puede representar una diferencia de entre una hora y media y dos horas entre nuestros horarios de sueño y los que seguiríamos de acuerdo con nuestro reloj biológico. Es decir, muchas veces nos acostamos o despertamos a una hora determinada no porque nuestro organismo lo necesite, sino porque debemos ajustarnos a las obligaciones laborales, educativas o sociales. Para reducir ese desajuste, el especialista destacó la importancia de mantener horarios de descanso relativamente estables.

De todos modos, aclaró que modificar ocasionalmente la rutina no implica necesariamente un problema. Las consecuencias más importantes aparecen cuando la falta de regularidad se sostiene en el tiempo y termina afectando el descanso de manera habitual.

La experiencia de los pilotos en Singapur muestra hasta qué punto el sueño puede convertirse en una parte central de la organización cotidiana. Aunque sus horarios respondan a necesidades excepcionales y requieran condiciones difíciles de reproducir fuera del deporte profesional, su experiencia pone de manifiesto la importancia de organizar el descanso con la misma atención que dedicamos a otras actividades cotidianas.

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Leer la nota original en La Gaceta
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