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Dominio, corazón y desahogo: Atlético Tucumán nunca bajó los brazos y tuvo su merecido premio
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Dominio, corazón y desahogo: Atlético Tucumán nunca bajó los brazos y tuvo su merecido premio

GV
Gonzalo Vera
jueves, 17 de septiembre de 2026 · 08:13 a. m. hs · 3 min
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El "Decano" fue superior frente al campeón defensor. Se repuso tras el discutido penal, asumió los riesgos y logró poner justicia en el marcador en tiempo de descuento. Godoy e Ingolotti, los héroes de la noche para meterse en semifinales.

Resumen para apurados

Atlético Tucumán está entre los mejores cuatro de la Copa Argentina. Jugará por un lugar en la definición y quedó a dos pasos de festejar un título y volver a la Copa Libertadores. Nada de eso es demasiado premio para un equipo que fue superior durante prácticamente todo el partido frente a Independiente Rivadavia. Aunque los goles no se merecen, hubiera sido una total injusticia con respecto a lo que se vio en el campo de juego si avanzaban los mendocinos.

El arranque insinuó un dominio de Independiente Rivadavia, pero ese envión inicial duró apenas un puñado de minutos. Con su habitual 4-1-4-1, Atlético leyó rápido el planteo rival y lo desactivó. La "Lepra" apostaba por un 4-3-1-2 con intenciones de progresar por dentro, lo que le vino como anillo al dedo al conjunto de Julio César Falcioni. Con Leonel Vega en un gran nivel en el corte posicional y todo el mediocampo muy metido y ganando casi todas las segundas jugadas, el "Decano" desconectó las líneas del adversario y lo obligó a jugar con pelotazos largos.

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Forzado a saltar líneas hacia un Álex Arce bien contenido por Clever Ferreira y Luciano Vallejo, los dirigidos por Alfredo Berti estuvieron siempre incómodos. Los envíos a Maximiliano Salas tampoco funcionaban; el mediocampo del "Emperador" molestaba constantemente y provocaba las imprecisiones de la "Lepra", que estuvo desorientada durante casi toda la primera mitad. Atlético controlaba la pelota, manejaba el ritmo y llegaba con frecuencia al área contraria; tuvo chances en los pies de Leandro Díaz, Nicolás Laméndola y Lautaro Godoy, aunque todas en jugadas un poco sucias. Sin embargo, sobre el cierre de la etapa inicial, el campeón defensor encadenó dos ataques seguidos y llegó la jugada de la discordia. Si fue penal o no, quedará para la charla de café. Lo indiscutible es que el 1 a 0 que puso el paraguayo Arce era una recompensa desmedida para lo que habían mostrado los cuyanos en el primer tiempo.

Tras la reanudación, el "Decano" asumió la iniciativa: atacó sobre todo por la banda izquierda, mediante Laméndola las trepadas de Ignacio Galván. El equipo se volcó al ataque desde temprano, como si faltaran pocos minutos. Esa postura tuvo sus riesgos: el elenco tucumano dejó espacios a sus espaldas que casi le cuestan la serie en una contra mano a mano de Matías Fernández, en la que Ingolotti achicó rápido y bien.

Pero el conjunto de Falcioni decidió que si moría, lo haría de pie, y no bajó los brazos. Ya con Ramiro Ruiz Rodríguez y Alexis Canelo en la cancha, Lautaro Godoy se olvidó de que en su camiseta figura el número 31: actuó como si llevara la "10" y se puso el equipo al hombro. Incansable para pedirla, distribuir y encabezar cada avance, se hizo cargo de la conducción en el momento más exigente, con pases filtrados (como uno que dejó a Díaz a tiro del gol) abriendo la cancha y enviando pelotas al área. Aunque por momentos el juego se desordenó y faltaba el último pase para abrir el cerrojo mendocino, el "Decano" siguió insistiendo hasta el final.

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El empate llegó cuando el tiempo se agotaba. Godoy envió el enésimo centro al área y allí apareció Alexis Canelo, quien se anticipó a la salida del arquero y marcó de cabeza el 1-1.

En la definición por penales, Luis Ingolotti tapó tres remates y a eso se sumaron los aciertos del "Loco" Díaz, Canelo y el juvenil Rodrigo Granillo, que pidió el segundo tiro con confianza y lo convirtió.

La clasificación a semifinales terminó quedando no solamente para quien más lo mereció, sino también para quien más lo quiso. Atlético fue superior, sufrió un golpe inesperado, pero se rehusó a morir y a último momento el destino le terminó sonriendo.

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Leer la nota original en La Gaceta
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