
Cómo ahorrar aunque parezca imposible: la regla 50-30-20 que ayuda a ordenar el sueldo
Separar dinero a fin de mes puede parecer imposible, pero existe una fórmula que propone distribuir los ingresos en tres partes. Cómo funciona la regla 50-30-20 y qué porcentaje se destina al ahorro.
Resumen para apurados
Ahorrar puede parecer difícil cuando los ingresos deben repartirse entre numerosos gastos cotidianos. Sin embargo, existen métodos que permiten ordenar las finanzas personales y establecer un monto destinado al ahorro sin dejar de cubrir las necesidades y los gastos vinculados al entretenimiento.
Una de las estrategias más conocidas es la técnica 50-30-20, un método que propone dividir los ingresos mensuales en tres categorías para organizar mejor el dinero. La idea es establecer de antemano cuánto se destinará a los gastos esenciales, cuánto podrá utilizarse para gustos personales y qué parte quedará reservada.
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Para comenzar a ahorrar, también es importante establecer un objetivo. Puede tratarse de reunir dinero para una compra determinada, afrontar una emergencia o simplemente construir un fondo para utilizar más adelante.
El método propone distribuir los ingresos en tres grupos. Cada porcentaje tiene una finalidad concreta y permite visualizar de manera sencilla hacia dónde se dirige el dinero cada mes.
En esta categoría entran, por ejemplo, el alquiler, la alimentación, el transporte, los servicios y los pagos de la tarjeta de crédito.
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Aquí pueden incluirse suscripciones, salidas, paseos, comidas imprevistas y encuentros con amigos, entre otros gastos personales.
La ventaja de separar este dinero desde el comienzo es que permite conocer cuánto se puede acumular en determinado período y establecer metas concretas.
Existen distintas maneras de guardar el dinero. Una de ellas es el ahorro informal, que consiste en separar efectivo y conservarlo en una alcancía, una caja fuerte o incluso en el hogar.
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El ahorro formal, en cambio, implica utilizar una cuenta dentro del sistema financiero. En este caso, el dinero puede destinarse a instrumentos que generen intereses, como los depósitos a plazo fijo.
Más allá del mecanismo elegido, incorporar el ahorro al presupuesto permite establecer una suma fija y realizar proyecciones. Saber cuánto dinero se puede guardar cada mes facilita calcular cuánto tiempo podría llevar alcanzar una determinada meta.
Ahorrar sin un objetivo específico también permite construir un capital para el futuro. Sin embargo, establecer una meta concreta puede facilitar la planificación y hacer más visible el progreso.
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Definir cuánto dinero se necesita y en qué plazo se busca reunirlo permite transformar el ahorro en un objetivo medible. De esta manera, el presupuesto mensual deja de contemplar el ahorro como un gasto secundario y lo incorpora como una parte definida de la organización financiera.
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