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Comidas regionales de Santiago: ¿se puede comer todos los días chipacos o rosquetes?
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Comidas regionales de Santiago: ¿se puede comer todos los días chipacos o rosquetes?

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martes, 14 de julio de 2026 · 09:02 a. m. hs · 3 min
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El problema no son los alimentos tradicionales en si mismos, sino la frecuencia y la cantidad con que se consumen, especialmente cuando desplazan alimentos frescos como frutas, verduras y legumbres

El problema no son los alimentos tradicionales en si mismos, sino la frecuencia y la cantidad con que se consumen, especialmente cuando desplazan alimentos frescos como frutas, verduras y legumbres

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Comidas regionales de Santiago: ¿se puede comer todos los días chipacos o rosquetes? Comidas regionales de Santiago: ¿se puede comer todos los días chipacos o rosquetes?

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Las comidas regionales son parte de la identidad cultural de Santiago del Estero. El chipaco, las tortillas, los rosquetes y otras preparaciones tradicionales evocan la historia, la familia y el trabajo de nuestros pueblos. Son recetas que fortalecen el sentido de pertenencia y dinamizan la economía local a través de pequeños productores y emprendedores. Sin embargo, el incremento del consumo cotidiano de estos productos y no siendo solamente durante festividades o reuniones familiares sino presentándose como reemplazos de comidas o colaciones diarias, merece una reflexión desde la salud pública, sostiene Raquel Carranza, licenciada en Nutrición, en un exclusivo diálogo con EL LIBERAL.

"La ciencia es clara: el problema no son los alimentos tradicionales en si mismo, sino la frecuencia y la cantidad con que se consumen, especialmente cuando desplazan alimentos frescos como frutas, verduras, legumbres, lácteos y cereales integrales. La mayoría de estas preparaciones se elaboran con harina de trigo refinada, grasa vacuna o porcina, manteca, azúcar y en algunos casos, elevadas cantidades de sodio. Estos ingredientes aportan energía, pero cuando se consumen en exceso favorecen el desequilibrio nutricional", explica la especialista.

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La OMS recomienda que la alimentación diaria se base principalmente en alimentos mínimamente procesados, limitando el consumo de azucares libres, grasas saturadas y sodio, ya que su exceso incrementa el riesgo de obesidad, Diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares. Además, aconseja priorizar cereales integrales sobre harinas refinadas por su mayor contenido de fibras y su mejor efecto sobre la saciedad y el control de glucosa.

"¿Significa esto que debemos dejar de comer chipaco o rosquetes? La respuesta es no. La evidencia científica actual demuestra que ningún alimento aislado determina por si solo el estado de salud. Lo que verdaderamente influye es el patrón alimentario global mantenido durante meses y años. Consumir un chipaco durante una reunión familiar, una tortilla casera para acompañar el mate o 1 rosquete en una festividad tradicional no representa riesgo para una persona sana. El problema aparece cuando estos alimentos pasan a formar parte de la alimentación diaria en grandes cantidades y sustituyen alimentos de mayor calidad nutricional", indica.

Las comidas regionales poseen beneficios que trascienden lo nutricional.

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"Conservan el patrimonio cultural, favorecen la transmisión de conocimientos culinarios entre generaciones, promueven el turismo gastronómico, generan trabajo para panaderos, productores y emprendedores locales, fortalecen los vínculos familiares y comunitarios", enumera Carranza.

La alimentación saludable no implica renunciar a estas tradiciones, sino aprender a disfrutarlas con equilibrio.

"¿Cómo hacer muestras recetas más saludables? Pequeñas modificaciones pueden mejorar notablemente la calidad nutricional sin perder el sabor tradicional, como por ejemplo incorporar una porción de harina integral junto con la harina refinada, reducir la cantidad de grasa utilizada en la preparación, disminuir el agregado de azúcar en rosquetes y productos de panificación, acompañar estas preparaciones con frutas, lácteos o infusiones sin azúcar, reservarlas para ocasiones especiales o consumos moderados, evitando que reemplacen diariamente comidas completas", indicó la nutricionista, a modo de consejos.

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Se trata de un desafío para toda la comunidad

Argentina atraviesa un aumento sostenido de enfermedades crónicas no transmisibles, como obesidad, diabetes e hipertensión arterial.

"Frente a esta realidad, la solución no consiste en abandonar nuestras costumbres gastronómicas, sino en recuperar el equilibrio. La tradición puede convivir perfectamente con una alimentación saludable. Valorar nuestras raíces significa también cuidar la salud de las generaciones presentes y futuras. El verdadero desafío es que el chipaco, la tortilla o el rosquete sigan ocupando un lugar de orgullo de nuestra cultura, sin convertirse en el centro de nuestra alimentación cotidiana. Porque preservar la tradición también significa preservar la salud", sostuvo Carranza.

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Leer la nota original en El Liberal
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