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Argentina volvió a estar entre las mejores del mundo: las 10 claves de un proceso que una final no puede borrar
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Argentina volvió a estar entre las mejores del mundo: las 10 claves de un proceso que una final no puede borrar

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Bruno Farano
martes, 21 de julio de 2026 · 12:54 a. m. hs · 5 min
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La derrota contra España impidió el bicampeonato, pero no modifica todo lo que construyó el equipo. Scaloni consolidó una identidad que volvió a llevar a la Selección hasta el último partido del torneo.

Resumen para apurados

No alcanza con mirar una final para entender un Mundial, mucho menos para juzgar un proceso. España fue un justo campeón, pero una derrota no borra todo lo que Argentina construyó durante más de un mes de competencia. Porque volver a llegar al último partido del torneo más difícil del planeta nunca puede ser una casualidad.

La "Scaloneta" llegó al Mundial con un desafío enorme. Debía demostrar que Qatar no había sido una excepción. No consiguió defender el título, pero confirmó algo igual de importante: Argentina sigue siendo una de las mejores selecciones del mundo.

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Lo consiguió apoyándose en una identidad consolidada, en un cuerpo técnico que nunca dejó de evolucionar y en un grupo que volvió a competir hasta el último día. De esta manera se explica por qué la Selección volvió a estar en la definición de una Copa del Mundo.

1- Scaloni nunca dejó de reinventar al equipo: hay entrenadores que tienen una idea y la sostienen sin importar el rival. Scaloni hizo exactamente lo contrario. Mantuvo la identidad, pero cambió los caminos para defenderla. Durante el Mundial leyó partidos distintos, ajustó la presión cuando hizo falta, modificó nombres, apostó por variantes tácticas y encontró soluciones desde el banco. Argentina nunca dio la sensación de jugar el mismo partido dos veces y esa capacidad de adaptación volvió a explicar por qué llegó hasta la final.

2- Messi siguió siendo el faro: hace tiempo que Lionel Messi dejó de explicar su importancia únicamente con goles. Administró los tiempos, eligió cuándo acelerar y cuándo bajar el ritmo, apareció cuando el equipo más lo necesitó y transmitió una serenidad que contagió al resto. Durante las prácticas se lo vio relajado, tomando mate, caminando descalzo por el césped o conversando con sus compañeros. Esa naturalidad fue el reflejo de una Selección que nunca sintió el peso de la obligación. Cuando la pelota empezó a rodar, volvió a ser el futbolista al que todos buscaron cuando el partido pedía una respuesta.

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3- Argentina nunca perdió su identidad: los nombres cambian, los rivales y los contextos también. Pero la identidad, no. Esta Selección siguió presionando alto cuando pudo, tuvo paciencia para mover la pelota cuando el rival se cerró, aceptó defender cerca de su arco cuando el partido lo exigió y nunca resignó la intención de ser protagonista. Por eso fue reconocible desde el debut hasta la final. No necesitó reinventarse porque llegó sabiendo perfectamente quién era.

4- Aprendió a competir de todas las maneras: los grandes equipos nunca atraviesan un Mundial caminando. Argentina dominó algunos partidos y en otros debió sufrir mucho más de lo imaginado. Cuando el encuentro pidió fútbol, jugó; cuando pidió sacrificio, corrió y cuando exigió defender, defendió. Esa capacidad para adaptarse a escenarios muy diferentes volvió a ser una de las grandes fortalezas del equipo.

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5- El grupo volvió a estar por encima de cualquier individualidad: una de las imágenes que mejor resume este Mundial fue en el entrenamiento, después de eliminar a Inglaterra. Messi tomando mate con Paredes, las bromas permanentes, los suplentes viviendo cada práctica con la misma intensidad que los titulares y las largas charlas de Scaloni antes de salir al campo. Todo eso después apareció en la cancha. Las selecciones pueden tener grandes futbolistas; pero los grandes procesos necesitan, además, grandes grupos.

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6- Siempre apareció un protagonista diferente: los rivales prepararon planes para controlar a Messi y Argentina respondió encontrando soluciones distintas en cada escala del torneo. Un día fue Alexis Mac Allister, otro Julián Álvarez, Cristian Romero, Lisandro Martínez, Lautaro Martínez, Enzo Fernández o Emiliano Martínez. La Selección nunca dependió exclusivamente de un nombre y esa diversidad sostuvo al equipo durante todo el Mundial.

7- La pelota parada dejó de ser un recurso para convertirse en un arma: durante años se dijo que los partidos cerrados se definían por detalles y Argentina transformó esos detalles en una especialidad. Tiros libres trabajados, córners preparados, movimientos ensayados y variantes que aparecieron en momentos decisivos. Esos goles fueron el resultado de horas de entrenamiento y de un cuerpo técnico que entendió que en un Mundial cada pelota puede cambiar una historia.

8- La experiencia apareció cuando más hacía falta: en un torneo corto los momentos de incertidumbre son inevitables. Allí apareció el valor de un plantel que ya conocía ese escenario. Nicolás Otamendi ordenó, Romero sostuvo, Rodrigo De Paul corrió, Leandro Paredes equilibró, Messi condujo y el "Dibu" volvió a responder cuando el contexto lo exigió. Cuando el partido invitaba al apuro, Argentina eligió la calma.

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9- Nunca dejó de competir: hubo partidos mejores y peores, momentos de dominio y otros de resistencia. Sin embargo hubo algo que nunca cambió: la capacidad para seguir compitiendo. Incluso cuando el desarrollo no era favorable, la Selección nunca transmitió resignación. Esa convicción la llevó otra vez hasta la final. Esta vez no alcanzó para levantar la Copa, pero sí para confirmar una identidad competitiva que nunca faltó.

10- La final no cambia el camino: existe una tentación muy común en el fútbol; creer que una final redefine todo lo anterior. Pero no es así. España fue superior y levantó la Copa con justicia, pero ese resultado no convierte en equivocado un proceso que volvió a poner a Argentina entre las mejores selecciones del planeta. La final fue apenas el último capítulo de una historia que empezó en cada entrenamiento, en cada decisión de Scaloni, en cada corrección táctica y en cada respuesta que encontró el equipo frente a los distintos desafíos del Mundial. El desenlace modifica la foto, pero no el recorrido. Argentina no pudo defender el título, aunque volvió a llegar hasta la última estación apoyándose en las mismas bases que la llevaron a conquistar América, la Finalissima y el Mundial de Qatar. Esa identidad estuvo intacta, y es el gran legado de Scaloni y este grupo.

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Leer la nota original en La Gaceta
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