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Anne Carson, la flamante Nobel que no hay que dejar de leer
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Anne Carson, la flamante Nobel que no hay que dejar de leer

RL
Redacción LA GACETA
domingo, 11 de octubre de 2026 · 09:00 a. m. hs · 4 min
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Su obra cruza poesía, ensayo, mundo clásico, deseo y experiencia personal con una libertad difícil de clasificar. El Nobel 2026 reconoce a una autora que ha hecho de la voz, sus perturbaciones y aquello que no queremos escuchar una materia central de su escritura. Leerla es expon…

Resumen para apurados

Por Denise León para LA GACETA

A veces quisiera leer inútilmente. Como cuando hago bolitas con la miga del pan o arranco las etiquetas de plástico de las botellas de agua mineral. Casi nunca me dejan. Pero a veces me lo permito de todos modos y entonces aparecen ideas extrañas, saltos, vínculos entre autores y obras que no tienen una justificación disciplinada, evidente, pero que se sienten tenaces, perturbadores. Seguramente la primera vez que escuché hablar de Anne Carson fue en la casa de otra poeta, Mirta Rosenberg. Esas reuniones fueron para mí el lugar de muchas primeras veces. Pero una vez que empecé a leer a Carson ya no pude parar: Short Talks, Eros el dulce amargo, Hombres en sus horas libres, Cristal, ironía y Dios, Tipos de agua, Albertine, Decreación, sus versiones de Safo, de Antígona, de las mujeres troyanas. En fin. Una se acomoda detrás de los libros de Carson como si fueran un fuego, una fuerza de la naturaleza. Y los deja hacer. Me viene a la cabeza ahora mismo su "Charla breve sobre la desfloración": 'No son tan numerosas las acciones en la vida. Entrar, salir, entrar secretamente, cruzar el puente de los suspiros. Cuando me deshonraste, supe que el deshonor es una acción. Pasó en Venecia, y hace que las cuerdas vocales se me hinchen. Anduve retumbando por Venecia, por arriba y abajo de los puentes, pero vos te habías ido. Luego, ese mismo día, llamé a tu hermano por teléfono. ¿Qué te pasa en la voz?, me preguntó'.

Con la boca se habla y se besa. Ya lo sabemos. Barthes nos había enseñado bastante sobre las conexiones entre el aparato fonatorio y el oscular y el modo en el que la experiencia erótica altera la voz y el lenguaje. El ósculo era un tipo de beso. Aprendimos eso hace muchos años en las clases de latín. No eran tan aburridas como pueden parecer. Pero me distraigo y lo que quiero decir es que al leer esta charlita tenemos la sensación de que la corriente de emociones que experimenta quien borronea las palabras sube, sube. Sube desde el sexo a la boca y sale por la garganta produciendo un sonido afectado, una intensidad diferente. Esta intensidad o este exceso de la voz es una actitud que, tradicionalmente, se ha considerado femenina. La misma Carson propone esta idea en un ensayo posterior, "El género del sonido", que leí, re leí, cité y enseñé a mis estudiantes todas las veces que pude: juzgamos a las personas en gran medida a partir de los sonidos apropiados o inapropiados que producen y, un proyecto importante de cultura patriarcal desde la Antigüedad hasta nuestros días, ha sido "poner una puerta en la boca de las mujeres", asociando deliberadamente el sonido femenino con "la monstruosidad, el desorden y la muerte". Las voces de las mujeres, afirma Carson, generan "sonidos que los hombres están indispuestos a escuchar". Significativamente, esos sonidos están vinculados a las hendiduras del cuerpo femenino (fuentes de intenso placer o bien de intenso dolor) y contaminan o perturban los espacios regulados o el rango de escucha masculino. ¿Qué te pasa en la voz? ¿Qué nos pasa en la voz?

Carson gana el Premio Nobel y yo estoy aquí pensando en las huellas que el goce puede dejar en la voz de las poetas y los poetas, o mejor, pensado en los modos en los que la escritura se obstina en el deseo y cómo ese deseo la afecta, la expone. Me he quedado rumiando sobre las relaciones entre el sonido y el deseo porque creo que la poesía tiene que ver, sobre todo, no tanto con encontrar un tema, sino con la voluntad de encontrar una voz. Y esta voz poética, claro, es un modo de decir pero también de respirar, de habitar, de poner el cuerpo en el lenguaje. Muchos de los libros de Carson terminan de modo abrupto, como si la poeta los abandonara de repente luego de plantear una queja. Lo que estoy a punto de hacer yo, es algo similar. Pero antes de irme quisiera insistir en esta idea: quizás, la maravilla de los textos de Carson consiste en arrancarle a la realidad un sonido que es diferente al que los lectores y las lectoras esperamos o estamos acostumbrados. No dejen de leerla.

LA GACETA

Denise León – Doctora en Letras, poeta, ensayista y docente.

PERFIL

Anne Carson (Toronto, 1950) es una de las figuras más singulares de la literatura contemporánea. Poeta, ensayista, traductora y profesora de lenguas clásicas, ha construido una obra difícil de encasillar, en la que la cultura grecolatina dialoga con la experiencia íntima, el amor, el deseo, la pérdida y el mundo actual. Su escritura borra deliberadamente las fronteras entre poesía, narrativa, ensayo y traducción. Entre sus libros más reconocidos figuran Eros the Bittersweet, Autobiography of Red, The Beauty of the Husband, Nox y Red Doc. Especialista en griego antiguo, ha traducido y reinterpretado a autores como Safo y Eurípides. Ganadora de numerosos premios internacionales, Carson se caracteriza por una escritura erudita y experimental que convierte los textos clásicos en materia viva y profundamente contemporánea. Este jueves se difundió su nombre como ganadora del Nobel de Literatura 2026.

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Leer la nota original en La Gaceta
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