
Adorni inimputable
Conviene no descartar que las explicaciones ofrecidas por Manuel Adorni para justificar la evolución de su patrimonio desde que se graduó de “casta” formen parte de una sofisticada estrategia jurídica para declararse inimputable en la causa penal por enriquecimiento ilícito que se instruye en su contra.
“Solo un enajenado como yo, señor juez, podría atreverse a desafiar la credulidad del público con argumentos como lo de las inversiones en bitcoin o el pendrive con 800 mil dólares extraviado y milagrosamente recuperado; hay que estar loco para autoincriminarse como evasor cuando hasta el célebre José Luis Espert, comprometido en un expediente por lavado de dinero del narcotráfico que se sustancia en los Estados Unidos, se acoge sin inconvenientes al régimen de la Inocencia Fiscal.
Antes que la cárcel, me corresponde el chaleco”.
Adicionalmente, su defensa puede argüir que el pobre infeliz se tomó al pie de la letra las insistentes celebraciones de su jefe Javier Milei a los “héroes” evasores.
A esta altura del sainete, la coartada no resultaría tan escandalosa como el haber corroborado que el vocero presidencial desde el inicio de la era libertaria, Jefe de Gabinete de la Argentina desde hace siete meses, segunda firma del Ejecutivo nacional después de la del Presidente, coordinador de ministros, ganador de las elecciones porteñas del año pasado, candidato oficialista a la Jefatura de Gobierno de CABA es, antes que un corrupto elemental, un irrecuperable idiota.
La tensión que introdujo en el gabinete la empecinada protección que Javier y Karina Milei le brindan se traslada ahora a su volátil arco de aliados ¿Les exigirán poner la cara en el Congreso por semejante personaje?
Tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados comienzan a cobrar cuerpo los planteos de interpelación, paso previo a una moción de censura para destituirlo como Jefe de Gabinete.
Las insólitas justificaciones de Adorni expusieron que mintió cuando dijo en la Cámara de Diputados que no había ocultado nada.
El problema no es si la oposición reúne los números necesarios para voltear a Adorni, sino el grado de insensatez política que el episodio revela.
La figura del Jefe de Gabinete fue creada por la reforma constitucional de 1994.
Requiere el acuerdo del Congreso, que por lo tanto está en condiciones de destituirlo.
En más de 30 años de vigencia, nunca esta posibilidad se puso en juego.
La porfía de los hermanos Milei la puso en el horizonte institucional inmediato.
Apenas concluido el estrafalario reportaje de los bitcoins y el pendrive perdido, Javier Milei reposteó un tuit de su realizador audiovisual, Santiago Oría: “Listo, explicó todo perfecto y completo Adorni.
Quedó claro que no robó y que el periodismo mintió alevosamente”.
Patricia Bullrich, jefe del bloque de senadores nacionales oficialistas, aprovechó para ratificar su autonomía respecto de los extraños criterios presidenciales.
La vicepresidenta Victoria Villarruel, expulsada del universo liberario desde los albores de la gestión, metió su mandoble.
Mauricio Macri se sumó a los pedidos de renuncia.
A los Milei se les acabaron los traidores.
Ninguna conspiración hubiera alcanzado la perfección demoledora de la entrevista que Adorni concedió al periodista José Del Río, en la que desplegó un disparate tras otro con la suficiencia y la impavidez jactanciosa de quien se siente intocable.
La responsabilidad por el rumbo que toman los acontecimientos dejó ser suya desde el momento en que los hermanos Milei compraron la hipótesis de la conjura y decidieron sostenerlo contra toda evidencia.
Desde el punto de vista judicial está por verse, pero desde el político Adorni es, en efecto, inimputable.
Son los Milei los que arrastran al país a la crisis institucional.
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