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Abrió las puertas de su casa para que sus vecinos vieran Argentina-Austria en un pueblo sin electricidad
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Abrió las puertas de su casa para que sus vecinos vieran Argentina-Austria en un pueblo sin electricidad

BP
Benjamín Papaterra
martes, 23 de junio de 2026 · 03:52 p. m. hs · 3 min

Ronald Salazar tiene 41 años y vive en Piruaj Bajo, una comunidad del norte santiagueño donde el tendido eléctrico todavía no llegó. Gracias a un sistema solar y una conexión compartida de internet, recibió a familiares y amigos para seguir a la Selección en el Mundial 2026.

Resumen para apurados

Mientras Argentina enfrentaba a Austria por el Mundial 2026, la casa de Ronald Salazar se transformó en uno de los puntos de encuentro más importantes de Piruaj Bajo. Familiares, amigos y vecinos comenzaron a acercarse para ver el partido. Algunos llegaron caminando. Otros se acercaron en moto. Todos compartían el mismo objetivo: encontrar una pantalla encendida en una comunidad donde la electricidad todavía no llegó. "Si uno tiene la posibilidad, comparte", resumió Salazar en diálogo con LA GACETA.

Tiene 41 años y pasó prácticamente toda su vida en esta comunidad ubicada en el norte de Santiago del Estero. Trabaja haciendo carbón y también realiza tareas vinculadas a la producción de postes de madera. Como la mayoría de los habitantes del lugar, aprendió desde chico a convivir con las dificultades que implica vivir lejos de los grandes centros urbanos.

Por eso sabe que ver un partido de la Selección no siempre es algo sencillo. Durante muchos años, la única alternativa era trasladarse hasta San José del Boquerón para mirar los encuentros más importantes. "Cuando era más joven iba con los changos para allá. A veces terminaban los partidos de noche y recién volvíamos a la madrugada", recordó.

La situación mejoró con la llegada de los sistemas solares y de internet, aunque los problemas todavía existen. En su vivienda cuenta con energía generada por paneles solares. Sin embargo, la falta de días soleados obliga a administrar cada watt disponible.

"Venimos de muchos días nublados y eso complica la carga de las baterías", explicó. Aun así, decidió encender el televisor y recibir a quienes quisieran acercarse.

"Hay algunos negocios donde también se puede ver, pero cuando hay confianza la gente se junta en las casas", contó.

La conectividad también depende del esfuerzo compartido. En la comunidad varios vecinos utilizan una conexión común a internet. Uno de ellos contrató el servicio y luego distribuye la señal entre distintas familias.

"Nosotros nos conectamos así. El aparato principal está en otro lado y desde ahí nos compartimos la señal", explicó. Pero ni siquiera eso garantiza que todo funcione correctamente. "También tenemos problemas con la conexión. A veces no hay señal o directamente se corta", relató.

Por momentos, la experiencia de ver un partido del Mundial depende tanto de la batería como de la calidad de internet. A pesar de esas limitaciones, Ronald considera que la situación actual representa un avance enorme respecto de lo que vivió durante su infancia.

Recuerda una época en la que la radio era prácticamente el único vínculo con el exterior. "Antes se escuchaban mucho más los partidos por radio. Hoy ya no tenemos ninguna señal que llegue al pueblo así que la única manera de verlo es si tenemos internet", señaló.

Con el paso de los años llegaron los celulares, internet y los paneles solares. Sin embargo, la comunidad continúa esperando una obra que podría cambiarlo todo: el tendido eléctrico.

"Se podrían hacer otras cosas, tener herramientas, trabajar de otra manera", explicó. Por eso, cada vez que habla del futuro, el tema vuelve a aparecer.

La esperanza de que algún día los cables lleguen hasta Piruaj Bajo. Mientras tanto, la vida sigue. El horno donde produce carbón necesita atención constante. Los postes de madera continúan siendo una fuente de ingresos. Las tareas cotidianas ocupan buena parte de la jornada.

Pero cuando juega Argentina, hay tiempo para hacer una pausa. Y si la batería acompaña, la señal aguanta y el televisor permanece encendido, la casa de Ronald Salazar vuelve a convertirse en un pequeño estadio improvisado.

Uno donde los vecinos se reúnen para compartir algo más que un partido. Comparten la sensación de pertenecer a una misma comunidad. Y la certeza de que, incluso a cientos de kilómetros de las grandes ciudades, la pasión por la Selección siempre encuentra la manera de hacerse presente.

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Leer la nota original en La Gaceta
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