
A 15 años del crimen de las francesas en Salta: la verdad que la Justicia todavía no pudo encontrar
La causa suma más sombras que certezas: manipulaciones policiales, giros periciales en París y un solo detenido en prisión. Mientras los verdaderos asesinos de Cassandre y Houria siguen impunes, Jean-Michel Bouvier mantiene viva la batalla por una verdad que la Justicia nunca quiso revelar.
El 29 de julio de 2011, la serenidad tupida y verde de la Quebrada de San Lorenzo se fracturó para siempre. El hallazgo de los cuerpos sin vidaCassandre Bouvier y Houria Moumni no solo dejó al descubierto la brutalidad con la que fueron sometidas, atacadas y ejecutadas dos jóvenes turistas francesas; destapó, además, el rostro más oscuro e impune del poder salteño.
Quince años después, el expediente judicial sigue arrastrando el peso de la sospecha, la manipulación policial y un escenario inquietante: al día de hoy, hay un solo hombre condenado por una atrocidad en la que todos los indicios y peritajes apuntan a un ataque orquestado por múltiples agresores.
Entre fallos anulados, pruebas genéticas vueltas a revisar en laboratorios europeos y la amarga certeza de que los verdaderos culpables siguen libres, el caso se convirtió en una herida abierta en el corazón de Salta. Esta no es solo la reconstrucción de un crimen desgarrador; es la radiografía de un laberinto de impunidad y de la lucha incansable de un padre que se negó a aceptar el silencio como sentencia.
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En marzo de 2014 se abrió el juicio oral. En el banquillo de los acusados se sentaron tres hombres: Gustavo Lasi, Daniel Vilte Laxi y Santos Clemente Vera, un baqueano de la zona.
Durante la reconstrucción de los hechos, Lasi declaró buscando aminorar su culpa. Dijo que aquella tarde caminaba por el cerro para cazar pájaros y que se topó con Vilte y Vera. Afirmó que entre los tres abordaron a las turistas, que hubo un forcejeo y que Vera lo obligó, encañonándolo con una escopeta, a abusar de ellas. Lasi admitió el abuso, pero juró que se fue del lugar dejando a las jóvenes con vida.
En medio de las audiencias ocurrió un hecho sin antecedentes. Jean-Michel Bouvier, que se había instalado en Salta y leído el expediente hoja por hoja, entendió que la instrucción estaba manipulada. Constató la falta de pruebas biológicas contra Vilte y Vera y escuchó los relatos de las torturas policiales. En una decisión dolorosa, rompió con la querella oficial y le pidió al tribunal la absolución de Vera y Vilte. El padre de la víctima se negaba a que dos inocentes pagaran por el crimen de su hija solo para cerrar el expediente.
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El fallo de mayo de 2014 resolvió: Gustavo Lasi: condenado a 30 años de prisión como coautor de abuso sexual y homicidio calificado; en tanto Daniel Vilte Laxi y Santos Clemente Vera, absueltos por el beneficio de la duda.
La tranquilidad duró poco. En febrero de 2016, la Sala III del Tribunal de Impugnación de Salta revocó la absolución de Santos Clemente Vera sin realizar un nuevo juicio oral. Le aumentó la pena a Lasi a prisión perpetua y le aplicó la misma condena a Vera, quien fue detenido de inmediato e ingresado al penal provincial.
Durante más de siete años, Vera proclamó su inocencia desde una celda. Su defensa, llevada adelante por la organización Innocence Project y acompañada de manera invariable por Jean-Michel Bouvier —quien volvía a Salta vistiendo remeras con la inscripción "estoy deshijado"—, apeló la medida.
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En diciembre de 2023, la Corte Suprema de Justicia de la Nación dejó sin efecto la condena contra Vera por graves violaciones a las garantías procesales. El expediente volvió a Salta, pero la Justicia provincial declaró la extinción de la acción penal por prescripción. Vera salió en libertad tras pasar más de diez años en prisión, aunque legalmente el caso se cerró por el paso del tiempo y no mediante un pronunciamiento definitivo sobre su inocencia.


La hipótesis de que un solo hombre pudiera someter, golpear, abusar y ejecutar a dos mujeres jóvenes en medio del monte siguió resultando inverosímil con el paso de los años. Ante el abismo de impunidad, en 2025 se creó una Unidad Fiscal Especial en Salta y en París se abrió una investigación paralela, encabezada por la jueza Emmanuelle Robinson. En ese marco, una reciente comisión oficial a la capital francesa —integrada por los fiscales María Luján Sodero Calvet y Daniel Espilocín— dejó definiciones claves sobre el material genético, las inconsistencias periciales y las irregularidades que desde hace quince años empañan la causa.
Entre los avances más significativos se destaca el traslado al laboratorio de la Gendarmería Nacional de París de muestras biológicas resguardadas en Buenos Aires que nunca habían sido procesadas, para someterlas a tecnologías de ADN que no existían en 2011. Al mismo tiempo, los peritos de Nantes intentaron echar luz sobre las contradicciones históricas de la causa: si bien explicaron que los análisis iniciales en Argentina se realizaron sobre muestras degradadas e incompletas que no hallaron la patrilínea atribuida a Santos Vera, aclararon que las diferencias entre laboratorios se deben a que se trabajaron sobre porciones distintas e heterogéneas de un mismo hisopo, dejando abierta la interpretación sobre sus consecuencias jurídicas.
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Paralelamente, la fiscalía avanzó sobre el misterioso perfil genético femenino detectado en el cuerpo de Cassandre. Tras realizar exhaustivos cotejos con operadoras de laboratorio, peritos y mujeres del entorno de los sospechosos —incluida la esposa de Santos Vera—, los investigadores descartaron tanto una contaminación en la manipulación de las evidencias como un traslado indirecto por parte de allegados a los imputados. Sin coincidencias hasta el momento, la expectativa sigue puesta en los nuevos análisis que se ejecutan en Europa.
El viaje a París también sirvió para ajustar la reconstrucción temporal del hecho y sumar nuevos testimonios. El médico legista francés corrigió su informe original y se alineó con la data de muerte establecida en Salta (14 días) tras incorporar el peritaje entomológico local. En tanto, la madre de Cassandre declaró por primera vez ante la comisión y marcó una sutil diferencia con la postura de Jean-Michel Bouvier, al señalar expresamente que ella no descarta a ninguna persona ni hipótesis en la búsqueda de la verdad.
Por último, la Justicia avanza en la causa penal por falsedad ideológica contra los efectivos policiales que manipularon las actas de la primera instrucción. El procesamiento del oficial Walter Mamaní acorrala la escandalosa maniobra de haber "plantado" proyectiles en la Quebrada de San Lorenzo días después del hallazgo de los cuerpos para desviar la investigación e incriminar a Daniel Vilte Laxi; un montaje que en su momento fue advertido de inmediato por el fallecido comisario Néstor Piccolo y que hoy expone, con mayor nitidez que nunca, las grietas de un expediente que la Justicia todavía no pudo cerrar.
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En su última visita a Salta en marzo de 2026, Jean-Michel Bouvier ofreció una conmovedora entrevista a LA GACETA en la que combinó la fragilidad de un cuerpo golpeado por los años con la lucidez intacta de quien libra una batalla intransigente. Desde el hall del hotel donde se hospedaba, vestido con una remera que llevaba la imagen de su hija Cassandre, el francés afirmó encontrarse en una postura de "combate permanente que no le dejaba espacio para el odio ni para sus propios sentimientos". Con tono tajante, volvió a cuestionar la instrucción inicial y ratificó la premisa que guía sus días a quince años del crimen: "es matemáticamente imposible que dos jóvenes ágiles hayan sido violadas y ejecutadas por un solo hombre, por lo que los verdaderos asesinos de Cassandre y Houria siguen caminando en libertad".
Durante el encuentro, Bouvier reflexionó sobre el lazo indisoluble que lo une a la provincia y celebró la liberación definitiva de Santos Clemente Vera, a quien defendió activamente tras considerar que fue víctima de una década de encarcelamiento injusto. Aseguró que, "aunque la familia repatrió el cuerpo de su hija a Francia, Salta conserva su alma, por lo que la sociedad y la justicia locales tienen la responsabilidad moral de honrar su memoria e ir a fondo con la verdad".
Al final, quedan los restos de una historia que nadie pudo cerrar del todo. En Salta, las sombras de la Quebrada de San Lorenzo siguen allí, idénticas, indiferentes a los expedientes judiciales, a las pericias genéticas de última generación y a los discursos oficiales que intentaron tapar la torpeza con prisa. Queda un hombre condenado a perpetua en una celda, un baqueano absuelto por el paso del tiempo que intenta reconstruir una vida que le robaron durante diez años, y policías procesados por desviar la investigación. Pero sobre todas las cosas, queda Jean-Michel Bouvier: un hombre canoso, fracturado por los años y por la violencia, que sostiene la mirada con la dignidad intacta de quien ha hecho de la memoria de su hija un combate al que se niega a renunciar. Bouvier sabe —con la certeza seca de quien miró a la muerte de frente— que los verdaderos asesinos de Cassandre y de Houria caminan libres por las mismas calles que sus hijas recorrieron aquel invierno de 2011. Y que mientras él respire, Salta no podrá descansar del todo, porque el alma de su hija se quedó para siempre retenida en la Quebrada, esperando una verdad completa que la justicia no supo o –más bien- no quiso encontrar.



