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A 100 años del nacimiento de César Pelli: recibido en la UBA e inspirador de las imponentes Torres Petronas, fue uno de los arquitectos más influyentes de la arquitectura moderna global
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A 100 años del nacimiento de César Pelli: recibido en la UBA e inspirador de las imponentes Torres Petronas, fue uno de los arquitectos más influyentes de la arquitectura moderna global

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Leo Ibáñez
lunes, 12 de octubre de 2026 · 09:01 a. m. hs · 8 min
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El secreto –diría Juan José Campanella– se hallaba ahí, en sus ojos. Inquietos, redondos, calculadores, casta…

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El secreto –diría Juan José Campanella– se hallaba ahí, en sus ojos. Inquietos, redondos, calculadores, castaños, que detrás de los lentes no dejaban de invitarlo a detener una y otra vez la marcha ante cada largo paso que ejecutaba. Lo comprobamos hace catorce años, cuando GENTE lo entrevistó por última vez, a sus 86 de edad: verlo llegar junto al RP Francisco Cerdán, (quien le organizaba su agenda porteña), ilustraba y reforzaba la certeza inicial. "Ése es un cuadro de mi amigo Guillermo Roux", recordamos que clamó de entrada frente a La ronda, erigido en el lobby Alvear del Palacio Duhau-Park Hyatt Buenos Aires. "¡Qué fantástico!", añadió en voz baja, hacia sus adentros, avanzando a La Biblioteca, donde lo aguardábamos para la entrevista y en la que, apenas ingresar, rodaría a una pequeña figura: "¿Botero?, ¿un Botero?", consultó al aire, apagando su celular. "... Hola, soy César Pelli", entonces extendería la mano el notable arquitecto, para, sí, clavar a ellos, sus inquietos, redondos, calculadores, castaños ojos, en el periodista y el grabador de GENTE y entregarse a un reportaje que hoy, al cumplirse un siglo de su nacimiento, resulta imprescindible recorrer.

Había llegado el domingo y partiría el miércoles. "El motivo lo valía", expresaba orgulloso tras la doble distinción que le concediera la Fundación Konex; distinción a la que se sumará su tercer Diploma al Mérito (los anteriores –se entregan por década– datan del '82 y el '92). "Me halaga tanto reconocimiento", admitía a nuestra revista quien superó "la media centena de galardones", los "ciento cincuenta concursos ganados" y el "medio millar de obras" a lo largo de seis décadas de carrera.

"Aunque yo agradezco todas, hay algunas condecoraciones de mayor importancia, porque me abrieron senderos laborales, y otras de mayor repercusión. Si busco un equilibrio, citaría el premio de Progressive Architecture Magazine, por un emprendimiento de viviendas en las montañas de Santa Mónica, que me llevó en 1966, bien de jovencito, a la portada de la prestigiosa revista homónima; la medalla de oro del '95 entregada por The American Institute of Architects; y el Aga Khan de Arquitectura, en 2004, por mi diseño de los 452 metros de las Petronas de Kuala Lumpur, Malasia", rememoraba el hombre de los nueve libros publicados y los doce títulos honorarios, y edificador, por mencionar unos pocos ejemplos, de las torres Cristal (Madrid), Cajasol (Sevilla), Iberdrola (Bilbao), Mitikah (Distrito Federal) e YPF, República y Bank Boston (Buenos Aires), del International Finance Center (Hong Kong), de la embajada de Estados Unidos (Tokio) y (en Nueva York) del World Financial Center y de la ampliación del MoMA.

–¿Dónde guarda los premios, los logros, César?

–Mire, la mayoría se entregan en forma de documentos, y me los archivan en el área de Comunicación de mi estudio. Algunos que vienen en forma de trofeo y no me gustan, los escondo. No puedo regalarlos porque lucen mi nombre y apellido (reía).

–Entre un halago del estilo y que lo llamen para equis proyecto, ¿qué prefiere?

–Difícil de medir. Lo más hermoso es consumar una idea y poder observarla llena de gente. ¡Imaginate un teatro maravilloso sin público! Los edificios se levantan para las personas. Sin ellas no sirven, por lindos o modernos que sean.

–De sus 500 trabajos, ¿cuál lo empapó de mayor orgullo?

–Mis obras son como hijos, y no puedo elegir uno ellos.

–¿Tampoco se animará cuando resuelva jubilarse, alejarse del ruido de la jungla de cemento?

–Jubilarme de la arquitectura no está en mis planes, perdón. Me apasiona. Sigo siendo feliz delante de un equipo. Aparte, el carioca Oscar Niemeyer, transitando los 104 (fallecería diez días antes de cumplir 105), continúa en la actividad: ¡A los 99 volvió a casarse, y con su secretaria de 60!...

–¿Usted anda solo, sin pareja?

–Exacto.

"... Me las vende una comprovinciana, Adriana Rubenstein, esposa de Aníbal Bellomio, quien trabaja conmigo. De carne, obvio. Le pido cuatro, cinco docenas, congelo y voy calentando", admitía Pelli cuando la conversación derivaba en el San Miguel de Tucumán que lo vio nacer un 12 de octubre de 1926. "Me dieron a luz en una casa de la calle La Rioja. Mis hermanos menores, Víctor y Carlos, lo hicieron en Ayacucho y en Lamadrid. Pasa que nos íbamos mudando, y en esa época nadie paría en hospitales o clínicas", informaba César, caballero de 1,86 ("Aún no empecé a achicarme"), pelo y barba candado entrecanos y sonora, espontánea y pegadiza carcajada. "En mi memoria perdura Tucumán. Los principios que adquirí en el lugar aún me sostienen. Aunque, vaya paradoja, nunca comandé una gran obra allá, ni sé si me tocará –se trata de un sitio pobre–, tampoco olvido que me formó. En su universidad estatal me recibí, durante diciembre del '49, a los 23, pese a que recién me dieron el título en octubre de 1950", avisaba ponderando el aspecto de las madeleines saborizadas de limón que acaban de servirle junto a un humeante café cortado.

–¿Evitaban el diploma, sospechando de su cara de nene?

–Quizás. Bueno, mi madre (Teresa Suppa, 1900-2000, recorrió el siglo XX completo) era una educadora de avanzada que entendía que nada beneficia a los chicos como la escuela, así que de chiquito me mandó estudiar. Solía ser dos, tres años menor que mis compañeros. Por eso los varones no me querían en el fútbol y las chicas no me daban ni la hora (reía).

–Conclusión, ¿en lugar de asistir al analista, decidió estudiar Arquitectura?

–Casualidad, nomás. Cuando terminaba la secundaria, al encontrarme desorientado acerca de mi vocación, papá (Víctor, que falleció a los 96) me consiguió un catálogo de carreras. Lo indagamos deteniéndonos en Arquitectura. Leí que se relacionaba al dibujo, la historia del arte y demás, y me interesó. Arranqué con un enfoque clasicista, heredado de la Ecoledes Beaux-Arts. Nos mostraban palacios, mausoleos, urnas, tumbas. Por fortuna, a fines del primer año llegaron dos jóvenes arquitectos que le cambiaron en forma radical el perfil, apuntando a las construcciones contemporáneas, las paradas de ómnibus, los dispensarios. Y descubrí un aspecto que me subyugó: poder combinar el fin social y el arte. Sentí que formaba parte de una revolución creativa, y caí rendido para siempre. El título me permitió convertir en práctica tanta teoría. Así que no sé si yo busqué a la arquitectura o ella a mí.

–¿Recuerda su primera obra?

–Una morada de vacaciones, de tres minúsculos dormitorios, un baño y un ambiente mayor, para mis suegros, en Campo Quijano, Salta, que surgió sobre los viejos cimientos de una escuelita..., y nos permitió ahorrar unos pesos.

Por esos tiempos separado hacía una década de Diana Balmori (colega y paisajista, madre de sus hijos Denis –científico investigador– y Rafael –arquitecto y socio– y abuela de sus nietas –Iris y Delia–: "Salvo yo, todos se afincaron en Manhattan", apuntaba César), tras residir en siete ciudades pertenecientes a los estados de Illinois, Michigan y California, el señor de audífono mínimo y frases concretas residía en New Haven (12 mil habitantes), en cercanías de la Universidad de Yale, donde fuera decano entre 1977 y el '84 y donde desde 2005 comandaba la empresa Pelli-Clarke-Pelli Architects, de 110 empleados (nueve compatriotas).

"Retorné a la oficina de Chapel 1056 que mi ex mujer y yo usábamos tres décadas y media atrás", contaba. "Resido en la Costa Este –relataba–. Nunca me acostumbré al frío, prefiero el calorcito del norte argentino. Camino de 50 a 90 minutos. Tomo poco café, bastante mate cocido amargo y mucha agua. Me gusta la música de Bach, Mozart y Monteverdi, y también los Beatles y Mercedes Sosa. Y celebro que Palito Ortega haya vuelto a salir de gira, a disfrutar lo que ama. No tengo mascotas –agregaba descriptivo–. Habito una casa normal, de gran jardín, frente a un parque, con colina y río", se detenía.

–Convengamos que la casa de alguien como usted, uno no la imagina taaaan normal, Pelli. ¿Es moderna?

–¿Moderna? ¡¿Si vivo en una casa moderna?! Claro, de casi 100 años, jaja. Data de 1915. Dos pisos y un altillo, tradicional, abstracta, de una calidad artesanal que ya no abunda. Diseñar casas es más difícil que levantar edificios, porque la gente que encarga una casa observa el detalle (reía).

–¿Cómo afronta el "Señor Rascacielos" semejante contraste?... Perdón, ¿le ofende que lo llamen así?

–Nada. Yo entiendo que las alturas inspiran una atracción peculiar. Las frases que implican altura redundan en conceptos positivos: "Idea elevada", "Con el ánimo por las nubes", "Te noto arriba". Los seres humanos somos animales bien partirculares. ¿Visitó, en la Fundación PROA, de Caminito, las obras del suizo Alberto Giacometti, el escultor de las figuras alargadas? ¿Por qué piensa que las personas parecemos varillas verticales erguidas? ¿Y qué encontramos arriba de las "varillas verticales"?, contésteme.

–¿Los ojos?
–Tal cual, los ojos, el faro que nos guía… A propósito, ¿vio que en el estante de ahí, a su lado, la escultura del barco está confeccionada ¡nada menos que con cuchillos!? -cerraba dándole rienda suelta por última vez en la nota, sí, a sus inquietos ojos castaños.

Fotos: Fabián Uset y Archivo Atlántida ([email protected])
Cobertura de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)

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Título de la publicación: GENTE Y LA ACTUALIDAD

Nº de Edición: 2690 – Fecha: 12/10/2026

Propietario: ATLANTIDA TECNOLOGÍA S.A.

Director Responsable: Juan Rafael Astibia

Domicilio Legal Completo: SANTOS DUMONT 3452, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.

Registro DNDA Nº: RL-2025-14326522-APN-DNDA#MJ

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